viernes, 7 de julio de 2017

La belleza arrebata las palabras que intentan proclamarla. Aníbal Núñez (1944-1987)

De la mutilación de las estatuas
a veces surge la belleza, de los
capiteles truncados cuyo acanto
cayera en la maleza entre el acanto:
perfección del azar que nada tiene
que hacer para ser símbolo de todo
lo que se quiera.
Triste
belleza nunca es triste
la piedra en su lugar, nunca fue triste
la maleza en el suyo ?la del símbolo.

Pues el azar que rompe la voluta,
cercena gestos imperecederos,
es el mismo que quiebra la hermosura
de edificios de sangre.
Sólo quise
decirte y me han salidos dos acantos
y tres tristes- que nada
hay para mí más bello que el ver que estás alegre
y viva.

El oráculo. Aníbal Núñez (1944-1987)

-¿Pandora volverá?
-Pandora vuelve:
polvo de plata esparce el viento
por bosques y abalarios.
Un esquife resbala
por el lago inclinado:
Otra especie
que se nos va: el saberlo
no oculta al sol: Que sea bienhallada
la hija de lo múltiple.
Más cerca
ya el azul sin reproches, el todo sin dolor:
el paraíso
Nunca se hubo perdido. La memoria nos
sobra
cuando vuelve, regresa
la que sembró de mal el pensamiento.

***

Versos acaso no

ni el Epiro

ni el Euro:

Margen de blanco

de un papel do pueda

"Tachar parajes
condenar recintos"

Reflexiones morales ante la foto de una niña vestida de primera comunión. Aníbal Núñez (1944-1987)

(enpaquetada en una tarta nupcial de tules y organdises
con gesto de cabreo forzando una sonrisa a jesusito de
mi vida sufriste la prueba de los focos del fotógrafo)



la cofia era de perlas
cultivadas los guantes
de gasa la sonrisa
del carmín de tu tía
el libro guarnecido
de nácar con el lomo
dorado y reluciente
igual que la custodia del santísimo
el rosario de plata
labrada zapatitos
de charol el vestido
de vuelo almidonado el almidón
se extrae de la patata

el labrador que labra la patata
vela su crecimiento subterráneo
acaba malvendiéndola
para usos industriales o privados
el labrador que guarda sus ahorros
para decir
"la cofia era de perlas..."
de su hija de seis años.

Fábula del perro policía. Aníbal Núñez (1944-1987)

con pistolas, con rifles, con decretos.
Ángel González


Sabueso desdentado
no del todo: conservan
tu masticar de cada día las prótesis
caninas oficiales
la paga extraordinaria y el honor
de ser reconocido
como un guardián celoso
del orden prepotente en tu doble
cometido de cancerbero ?orlado
por semanal incienso
y una intachable hoja de servicios?
y eficaz husmeador de pasos ilegales
de improntas digitales descarriadas...
ve a avisar a tu amo
llévale la panoplia de decretos
al borde de la cama
ve a lamerle el asiento dignatario
corre a dorar sus distintivos vuelve
al lugar destinado para que
te lleves a la boca
los restos del festín pero no olvides
?ejercita tu rabo entre las piernas?
las instrucciones (ya amarillas)
para el empleo del timbre
de alarma fiel mastís que viene el lobo.

El bando. Aníbal Núñez (1944-1987)

No el astuto plebeyo que no pierde
de vista y disimula
las llaves de la cava.

Habla de la poética gravemente
reclama la verdad, astuto zorro
que entre un hipo y traspiés mantiene algo
que hasta el Señor confunde, virtuoso.

No a su coartada infame,
a su afición oculta a las computadoras.

***

El bando
cuelga entre cornucopias:
lupas siguen
el texto de la carta
promulgada y extinta.
Ya que llovió después.

Paradisea papua. Aníbal Núnez (1944-1987)

La hembra no tiene nada de notable
sus plumas pasan
del blanco al beige por gradaciones suaves

Ni por todo el oro del mundo
me tomaría la molestia
de examinar al macho y cuándo llega
a toda su belleza. Prefiero a este respecto
fiarme del testimonio de los nativos fieles

Estas aves
a pesar de haber visto alguna de ellas
en cautividad
inspiran el deseo de perseguirlas
en sus bosques natales

Pero para cazarlas, sorprenderlas,
es del todo preciso ir vestido de gris.

En el templo; a la espalda de los adoradores. Aníbal Núñez (1944-1987)

Es la ansiedad cornisa
dispensada de aristas por racimos de duda.

Peldaño de humo antiguo desde donde
se ven los frascos de la sangre, óleo
y agua, niveles. La mañana
recompondrá el lugar, copas de bronce
en las que cabe el río, el mes sin nombre,
la luz azul, terrible, mansa.

Adormecientes hilos de sobmra llegan desde
la retina de los usurpadores.
Difícil, tras el trato con la bicorne máscara,
fe en las semillas voladoras: ("Íbamos,
ay, a limpiar de hollín las nubes").

Orden
de la serenidad con la que admiran
los ángulos del coro de resistir -unidos
por la línea de fuga a la policromía,
atrapados, orantes y adorados-,
de resistir el ritmo que los oros imponen
en su degradación aquí definitiva.

Consuelo en la escritura. Aníbal Núñez (1944-1987)

En un papel volante, levitado,
-¿qué atril sirve a quien va, sin esperanza,
a alzar la voz antepenúltima?-
la tinta que se apoye.

Lea sin rubor ninguno, se sienta con amparo
el que compre la seda (ya las manos
que le hilaron lo dan por muy perdido).

(De los antepasados reconoce
sólo la forma oval;
de sus actos narrados por esotro que vuelve
con asco el comprobarlos epopeya).

Reluzca una tercera luminaria
resuene aquella voz. Oh, que se acabe
el mundo, todo, para
inexplicablemente suplicar que no,
que no se acabe, que el atril cualquiera.