miércoles, 21 de junio de 2017

Te amo, mamá. S.

No sabía si iba a matarme, pero sus ojos, que me miraban con sádico odio, me decían que sí.

18 horas antes

– Violeta, ya es tarde, tendríamos que haber salido hace quince minutos!
Suspiré. Desde que papá se largó con ¨ La señorita perfecta, rubia y capaz de separar a mi familia¨, mi mamá no me deja en paz un segundo.

-Ya voy!

Me levanté a regañadientes, odio a mi mamá y sus planes familiares, ¿desde cuándo me considera su familia? Ella nunca ha estado ahí para apoyarme, o para reírse conmigo, no estuvo ahí el día en el que mi papá se fue, ni la primera vez que me rompieron el corazón, ni en mi primera obra de teatro, no está en uno solo de mis momentos importantes. Pero claro, ahora se siente sola, y sabe que soy la única persona dispuesta a pasar un fin de semana escuchándola quejarse de la vida. Pero la realidad es que nunca escucho una sola palabra de lo que dice, en el momento en que ella se suelta con su ¨es que tu padre nunca nos amó ¨ mi cabeza se va a cualquier otro lugar, lejano, donde me gustaría estar. A veces son reinos encantados, con príncipes azules y caballos blancos, otra veces simplemente es el mar, con sus olas que se estrellan contra la costa.

-Se hace tarde!

Como la detesto, pero igual no tengo otra opción que bajar, darle un beso fingido, y subir al coche. Desde el divorcio, el coche de mi mamá siempre huele a cigarros y a alcohol, ella dice que no tiene problemas, que una cosa es que le guste la bebida y el tabaco, y otra muy diferente, que los necesite. Yo no le creo nada.

– ¿Cómo dormiste, cariño?

Como si le interesara…

– Muy bien, ¿Y tu?

A mi tampoco me interesa, pero sé que ella se pone nerviosa cada vez que tenemos que ir a hablar con un abogado para que papá y ella arreglen lo de la pensión, así que respondo con fingido interés, y pongo cara de que me preocupa su respuesta. Mamá siempre me ha dicho que me lleva a estas reuniones para sentirse segura, pero la realidad es que lo hace para que papá se sienta culpable de habernos dejado. Para colmo, el abogado no va a hacer absolutamente nada, solo va a mirar a mis padres como si supiera por lo que están pasando. Luego su mirada se va a posar en mi, llena de compasión. Hace eso cada vez que vamos a verlo, y les cobra a mis papás como si acabaran de matar a alguien y estuvieran pagando fianza para salir de la cárcel. Pero, contrario a mis expectativas, esta vez si hace algo, algo que nos desconcierta a mi mamá y a mi tanto como si nos hubiera dicho que los elefantes vuelan y que los peces usan sombrero y trabajan.

-Creo, señora Gonzales, que usted goza de muchas más comodidades que su marido. Por lo cual, no me parece necesario que le sea brindada una pensión.

Volteé a ver a mi madre, su expresión estaba descompuesta y apretaba los labios para no llorar, hasta me dio pena verla en ese estado, puse mi mano en actitud consoladora sobre su hombro, pero ella me apartó, se levantó de la silla, y salió casi corriendo por la puerta. Yo me quedé observando al abogado y a mi padre por un minuto que se me hizo interminable, sin saber qué decir, al final murmuré un “adios” imperceptible y salí en busca de mi madre.

-¿Cómo te sientes?

Era la primera vez que estaba realmente preocupada, mamá no había dicho ni una palabra en todo el camino.

-Mejor que nunca.

Entonces cruzó por mi mente la idea de que a mi mamá se le acababa de zafar un tornillo ¿¨ mejor que nunca ¨? Traté de hacerla hablar pero fue en vano, me volteaba a ver con ojos vidriosos y con expresión de no saber ni su propio nombre.
Llegando a la casa, desistí en mis intentos de que hablara y subí a mi habitación, no tenía ganas de hacer nada, así que me puse la pijama, me metí a mi cama y me puse a llorar en silencio. Estaba consternada, en primera, porque sabía que mi papá no tenía más razones para quedarse en la ciudad, y en segunda, porque mi mamá estaba destrozada y yo no sabía cómo hacer para arreglar su corazón apenas hecho trizas. Así, en ese estado de confusión, cerré los ojos y caí en un sueño intranquilo y lleno de dudas.

Deserté al cabo de un rato, porque escuché un lamento sordo proveniente del pie de mi cama.

-¿Mamá?

-No sabes como lamento esto, pero de verdad necesito el dinero.

Me observó con esa expresión de cordero con destino al matadero que tan bien conocía y que significaba que había algo por lo que se sentía culpable.

-¿Mamá, que hiciste?

Me respondió con otra pregunta que me dejó helada.

-¿Qué prefieres perder primero, la mano derecha o el pie izquierdo?

Es entonces cuando reparé en sus manos, en una, pálido y reluciente, brillaba un cuchillo.

-De…¿De qué estás hablando?

Se me cortó la voz.

-Imagínalo, si te asesinan, tu padre estará obligado a darme dinero.

No estaba hablando en serio… era solo soñando, todo esto no era más que un mal sueño

-Mamá…

Se me acercó con una sonrisa que acabó con la poca cordura que me quedaba.

-¿Entonces, mano o pie?

Decidido, no era un sueño, salí de un brinco de mi cama, pero me alcanzó una puñalada en un costado. Aullé de dolor pero sabía que si no corría, me iba a matar, así que con la mano cerca de las costillas, tratando de parar la hemorragia, corrí. Corrí como si me llevara el diablo, a toda velocidad, y salí de la casa.

El aire frío me golpeó la cara, pero aún así no dejé de correr, no sé si aquella loca que ocupaba el cuerpo de mi madre me estaba siguiendo y no tenía fuerzas para voltear y seguir corriendo.

Entonces algo me golpeó, salí volando, y pronto perdí el conocimiento, lo último que recuerdo antes de desmayarme, son las luces de un auto, y por la manera atroz en que acababa de chocar conmigo, deduzco que es el de mi madre.

Desperté más o menos un cuarto de hora después, mareada, confundida y desubicada. En cuestión de segundos, me dí cuenta que estaba en la sala de mi casa, atada a una silla, y de que mamá me observaba.

No sabia si iba a matarme, pero sus ojos, que me miraban con sádico odio, me decían que sí.

-Niña traviesa, ¿cómo se te ocurre salirte de la casa a estas horas?

La miré con ojos suplicantes, pero se volteó para tomar el cuchillo de un mueble. Ví su filo empapado en sangre, en mi sangre, y me di cuenta de que todo se iba a acabar pronto para mi. Estaba sumida en esos pensamientos cuando un dolor punzante atravesó mi abdomen. Solté un grito de dolor, pero un sonido aterrador me hizo cerrar la boca, era mamá, y se estaba riendo, a carcajadas.

-Mamá.. por favor.

-Pero ¿por qué? Por primera vez estás haciendo algo bueno por tu madre.

Me levantó la playera y sentí el cuchillo recorriendo mi piel.
Mi mamá se detuvo un instante, cogió un espejo que estaba estratégicamente situado detrás de ella y lo puso frente a mi. No pude evitar gritar, a pesar de que me había prometido a mi misma soportar el dolor viendo a mi madre a los ojos. En el espejo se reflejaba una masa sanguinolenta, lo que solía ser mi piel.

-No hagas esto.

Sabía que rogarle no iba a servir de nada, sabía cómo iba a acabar, pudriéndome en alguna zanja.

-Es tan… hermoso.

La miré, mis ojos denotaban terror, estaba a punto de matarme, estaba a punto de terminar con mi vida.

-No te preocupes, nunca vas a volver a sentir dolor.

Mintió. Sentí un dolor agudo, profundo y terrible perforando mi pecho. Y caí en la oscuridad, tan profunda, tan vacía, de la que nunca mas saldré.

La navidad sangrienta. P.

La navidad es aquella ceremonia donde se festeja el nacimiento de Cristo, y todos tienen una noche buena, pero la familia Edith no tuvo esa noche buena.

Londres año 1980:

La familia Edith espera ansiosa la navidad, es un día con mucha nieve, pero podría ser peor cuando informan por televisión sobre un asesino que se ha escapado de la cárcel con un traje de santa Claus y que ronda por esa misma zona, la familia se mantiene alerta, pero no lo suficiente ya que no han asegurado la casa y que en cualquier momento el prófugo podría introducirse en el hogar.

Ante esto la madre manda a dormir a su hijo en la planta alta de la casa (2° piso), para estar más asegurado. Ya son más de las 00:00 hs y en la casa están todas las luces apagadas, de repente se siente un ruido por la chimenea, entonces Lautaro, hijo único de la familia, se levanta de la cama creyendo que era Santa, fue entonces cuando la madre grita: “¡Lautaro, corre y escondet…”., pero el asesino le corta el cuello a la mujer con lo cual muere ensangrentada, el niño siente un temor inexplicable .

Mientras el niño subía las escalera rápidamente el prófugo le decía con voz dulce y delicada: “Lautarooo, dale un abrazo a Santaaa.” Fue entonces que en esa ocasión aparece el padre del niño peleando contra aquel asesino, pero por un descuido minúsculo el suicida saca un hacha que tenía escondida en su traje robusto y le corta el hombro al pobre hombre que gritaba agonizante en el pasillo de su casa, mientras gritaba adolorido por la herida el esquizofrénico hombre le corta la cabeza al papá de Lautaro, ahora sí, Lautaro sentía miedo, pero a la vez furia y tristeza por lo sucedido aquella noche de alegría. Él estaba solo e indefenso lo único que pudo hacer fue esconderse en su cuarto, encerrarse en su closet y llamar sollozantemente a la Policía sin que aquel demente se diera cuenta de la llamada a las autoridades y que todo se diera por terminado……pero no fue así como lo pensó Lautaro.

El asesino aún buscaba al joven asustado , pero cuando subió las escaleras escuchó un bullicio en el armario, el loco sin pensarlo corta el cable del teléfono, abre el armario y asesina muy brutal y despiadadamente a aquel joven niño de tan solo 7 años de edad, cortándole sus miembros y extrayendo sus órganos, mientras Lautaro agonizaba el despiadado hombre le corta el cuello y es ahí cuando la vida de aquel niño se da por terminada, pero antes de irse el loco vestido de Santa Claus descuartiza a los integrantes de la familia, los mete en una bolsa negra y los coloca en una caja cuadrada, lo envuelve con papel de regalo y los deja debajo de aquel árbol de navidad que hermoso se veía con sus adornos navideños.

Jamás se volvió a ver a aquel asesino, pero ten cuidado, puede que en cualquier navidad aparezca en tu casa, pero… ¿estarás preparado para ello?