martes, 13 de junio de 2017

Poemas III. André Cruchaga.

Aún queda el crepúsculo.

Aún queda el crepúsculo
(Menos mal)
Rodajas de nubes
Pedazos de cielo
Brisas de vez en cuando
Ventanas aunque sin vecinos en los balcones
Gatos cazando ratones
Cucarachas felizmente alimentadas
Con suculentas migajas
Húmedos albañales
Cloacas
Mujeres madres solteras
Niñas a la moda con medias blusas y asteroides
Pantalones al estilo cantinflas

Pese a todo
Aún quedan flores de las once
Aunque agonicen en las tardes
Cirios de reventa en los cementerios
Noches sin colores
Pañuelos de asfalto
Calles inciertas
Rostros de ceniza

Aún nos queda el crepúsculo
Para adjetivar los semáforos
Buscar habitaciones
Falsear puertas
Tragar sueños
Usurpar paisajes
Buscar el retorno a Ítaca

Aún nos queda el crepúsculo
Para ver los rótulos en primer plano
Sentirnos repletos de siluetas
Gritarle a las sombras
Asirse a los árboles
A los párpados
Amortajados de eructos
Diluidos por bocanadas de humo
Que desprende el aire
Anochecido de los espejos

Aún nos queda el crepúsculo
Como un furtivo pozo
Para tocar el tiempo
Helado de los acantilados
El abandono
El silencio
Pese al murmullo del marketing.




Entre ayer y hoy.

Entre ayer y hoy,
Avanzan las alas del suspiro.
¡Ay el alma infinita
en los destellos del alba!
Entre ayer y hoy,
Florece una eternidad.
El barandal del horizonte,
Une mar y tierra
Como ese irrumpir
Del arco iris en la tormenta.




Felices los normales.

[acerca un tema de Roberto Fernández Retamar]


Felices los normales
Porque jamás han atravesado la nada
Como pájaros en el olvido
Los que nacieron con la luz
De madre y padre
Los que no han comido migajas
Y se esconden en la noche
Los que jamás han sentido la vida desgajada
Ni han sido perseguidos como torcazas
Felices los normales
Que tiran su cuerpo en buen lecho
Y no en el frío lunar de las piedras
Los que no escriben ni una tarjeta postal
Los que no escriben sobre muros
Aunque después los derriben
Los que no escriben sobre el caballo de sus emociones
Felices los normales que ignoran el exilio
Y la lluvia que cae sobre el lomo de los perros
Los que nunca han sido asediados por el silencio
Los que no han bebido pinos de luz
En pezones de trementina transparente
Felices los normales que no saben las palabras
Que se pierden en las alcantarillas
Y en las tumbas de los muertos
Los que navegan y navegan sin fatiga
Hasta desembarcar en ese viejo muelle de la muerte.

22/01/2002
01:00 AM.




Hay una larga sequedad en la Esperanza...

Al poeta Rolando Elías, in memoriam.


Poeta 1
Hay una larga sequedad en la Esperanza.
Hay sombras de mármol en la conciencia.
Hay vanos ángeles en los sueños.
Hay tumbas en el orgasmo de los árboles:
Savia sacra de la materia entre losas.
Hay una luz que no duerme:
Carneros de una dulce ingenuidad.
Hay en las lágrimas un hilo apretado
De vagas noches sin raíces.
Hay frases de una densa impaciencia:
Mojado corazón de los labios.
Hay inmortalidad en las palabras
Del gusano que roe lentamente la carne.
Hay ocaso en el secreto alado de los nombres,
En la psique que sueña, en el delirio del alma.
Hay mordeduras en el silencio
Como libros gastados que cierran su ciclo.
Hay polvo picoteando los párpados;
Pero no polvo enamorado
Como dijera don Francisco de Quevedo,
Sino polvo deshaciendo la vida en vacíos inefables.

Poeta 2
La muerte es mágica:
Desangra los tiempos o los coagula.
Se habla de la vida que retorna desde los muertos,
Del alma, del espíritu y lo eterno.
De pronto me doy cuenta que la muerte es espectral:
En ella transitan paisajes alados
Como un río de pájaros entre las sombras
Que van soñando caminos
En las escaleras de las nubes.


Poeta 1
No muere sólo la carne que mantiene
Las estaciones de la vida,
Sino el hálito infinito de fe y Esperanza.
Por desgracia, hablo de una y otra muerte:
La que me envolverá un día con el musgo;
La otra, la que deshace el interior del alma.
Es un eco abriendo la memoria:
Vitral de bolsillos vacíos
O noche infinita de sollozos.
Hay cosas efímeras como la hoguera;
Se reza y los labios sangran ungidos de saetas.
Ya lo dijo Rubén: ?Agobiada conciencia
Mata el ideal de pronto?.
¡Ah, yo soy un esqueleto misterioso y escueto;
Guardián de mis abismos y mis sombras!


Poeta 2
Se viene de un mar de símbolos viscerales.
Esa es la primera batalla que se libra;
Luego se inventan las parábolas y los sueños.
El milenario resplandor del orgasmo,
Los audífonos ancestrales de la cópula,
Los desnudos pétalos de la luz,
La bitácora sutil de las emociones:
El amor con sus eternos ausoles.
Después el pulso calla sus líquenes;
El ideal aquél ideal enhiesto tórnase bruma
Y muere ante la prominente realidad
Que nos impone el mármol de las soledades.


Poeta 1
Bebo el humo de la noche
En el ciego invierno donde navegan mis sueños.
De madera ha sido hecha mi vestidura final
Y de oscuros infinitos mi futuro.
Hay cosas que quedan en el horizonte:
El río de la memoria
Que hace de las aguas
Una cárcel de apretados fantasmas.


Poeta 2
¡La vida, erosión de los vientos!
De todos los vientos que empujan a un barranco sin latidos.
De todos los sueños sin verdor ni raíces.
De toda la muerte convertida en tierra.
De toda la fe hecha herrumbre.

¡Ah, humano espejo de martirios!



Poeta 1
Resistiendo a la oscuridad que desciende
He sentido el llamado.
Dichosa tú, muerte, siempre lúcida;
Resplandeciente lluvia que quiebra en brevedad
La espiga temprana o adusta.
Tú, eterna y honda y diligente.
Siempre encarnada en los recintos de la carne.
Siempre en los carámbanos de la luz.
Siempre como arpón en la mesa de las ilusiones.
Siempre sombra súbita en la arenilla del amanecer.
Siempre sueño final sin la urgencia del reloj.
Siempre una piedra en la doctrina subterránea de la tierra.
Siempre eterna y honda. Siempre súbita e insólita.
Siempre desnuda y tenaz. Siempre gaviota o lágrima.
Siempre todas y la misma.
Siempre todas y la misma.
Siempre... y sin embargo, andando en la gracia de la vida.


Poeta 2
De qué vale matar los infortunios,
Si ellos por sí mismos son cadáveres:
Bestias del más grande dolor,
Llanto del vacío en la antorcha de la angustia.
La pudrición de las entrañas es genésica:
Un navío lentísimo como la noche.
Se nace, y ya, muerte, proclamas la victoria final.
Minuto a minuto la vida combustiona.
El cuerpo gime en el abanico de sus ríos
E incesante arde en los silbidos del fuego.
Así se va corroyendo el alma.
Así se va sollozante el pájaro de la vida
Por esos enlutados violines de los calendarios.

Sobre los cabellos del viento lucero galopante
Va la vida, ternura deshecha en cenizas.




Homenaje al secreto.

Traigo soledad. Creció conmigo.
Tú sabes que ha sido un deshilván
Que en ti ha desbocado
Como un secreto atajo.
Entre palabras y palabras
Hemos hecho ríos y tejidos.
Nadie sabe el sacrificio
De crecer callando y desangrar;
Nadie puede entender la tormenta
De rubores indecisos de sí mismos.
Umbrella del aliento
Y de este gozoso sacrificio.
Nada es si las caídas
Naufragan en silencio
Y quedan sólo sus espectros.




Lázaro.

Venía ya con el ataúd

de la muerte

con el ojo que presiente

el hollín de los fantasmas

dejó caer su boca seca

su diálogo con el soplo del silencio

descendió por los huesos el umbral del fuego

la lámpara febril del viaje

y olvidado de la sed

la agonía de uñas largas

fue creciendo hasta caer en el vacío

había otras almas con sus bocas mudas

había noches quitando tejas de las veredas

había cánticos rodando como sacos de harina

había gritos tiritando en el suelo

había una luz palpitando

a los oídos de alguien que dijo

levántate y vete

sal

sal de aquí antes que el hambre

o alguien te ponga un cuchillo en el cuello

y el hombre caminó

para vivir otros calvarios




No hay olvido.

No existe olvido si hay memoria.
No existe pasado si eres mi presente.
El tiempo emerge del pecho
Y allí nos ahogamos en su sueño.
Vivimos para descorrer las flechas
De la vida, no para hundirnos
En las aguas de su bruma.
Vivimos, sí, como pájaros cautivos.
Vivimos, siempre, esperando
Una caricia y una ola de alegría.




Paseo nocturno.

Tal vez el mundo sea bello,
cuando el sol claro lo ilumina,
pero yo sé que hay hombres tristes
como la lluvia gris y fría.
Carlos Bousoño: La tristeza


Al final del día
Todo va quedando inerme
La noche está ahí como una calle
Intransitable:
Musgo sin espejos
Humus sin puertas
Pero verdad latente

A lo lejos
Luces
Gallos insomnes
Sombras de la ciudad el paisaje

Duele todo lo que se deja
Todo lo que perdemos de vida
Todo lo que nos gana la muerte

Bajo esos hilos de oscuridad
Hasta la luna tiene diademas
De indiferencia

Sobre los pensamientos
Duerme la soledad del mundo
Mientras los ojos se pierden
Sobre la superficie de las paredes

Al final del día
Hay imágenes irrestañables
Reflejos desvalidos
Una ciudad que calla
Cansancios
Nubes silenciosas
Plazas sin murmullos
O si a caso
Una canción perdida
En el hocico de los perros

¡Poco a poco se nos va el tiempo!

La memoria tirita frente a las hojas
Frío del escombro
Frente al miedo de las calles solas
Y las puertas cerradas

Detrás de la noche nosotros
Perceptibles por el aliento
Detrás de la noche el fuego
Que se torna en ceniza
Detrás de las ventanas
La lluvia cayendo en armarios
Detrás de la noche
Un fondo ciego
Donde las palabras duermen en los labios
Detrás de la noche
El silencio profundo de las palabras
Que cae agonizante
Como el desgarre de los sueños




Tiempo entero.

existe un tiempo para edificar
y otro para la vida y la generación,
y otro para que el aire rompa el vidrio desportillado
y sacuda las tablas donde corretea el ratón de campo
y el roído tapiz que exhibe su callado lema?.
T.S. Eliot



He visto lo que he vivido.
Sin límites.
El que cabalga:
Potro desbocado
En la lengua del mundo.

Tiempo vestido de carbón.

Azabache el futuro
Que se transparenta
En el escaparate de los meses.

Palabras volantes de hollín
Mas allá de los ríos que se
Avecinan
Más allá del niño que nace
Más allá del hombre
O la mujer que mueren.

Vivir vivir
Vivir vivir
Morir morir
Morir morir
Ojos fantasmas los ojos
Sombras ardiendo en la hoguera
Espejos llorando sus dudas
Y dientes masticando sus dientes
Sobre el insomnio
De la luna.

Tiempo entero. Rieles arrastrando
Sombras
Sueños
Zumos
Luces fatigadas
Pañuelos fríos azotados por el viento
Horas que no caben y corroen
En el hueco del cráneo
En la claridad que se desmiente
Con su oscuridad a cuestas.

Calla el tiempo. La espera
Se hace grande, oscura

A veces se nos revela como un alfiler
En los labios.
Arde el frío del vejamen
Sin cara
Sin paz
Sin sueños

Gime el tiempo, simplemente,
En nuestra muda desnudez:

En cada sorbo los huesos
Y el chaleco del humo
Que nos aspira lo humano


Septiembre 2 de 2003




Tu sombra: piedra y dolor.

Dentro de mí el hondo dolor
Que lucha en sombra contra piedras.
Tanto caminar que me pierdo:
Tanto ir y no encontrarte, sueño,
Sobre la superficie altiva
Del huracán que me arrebata.
Tu sombra es piedra y es dolor:
Piedra y dolor. Sombra de espejo
Donde mi sino se refracta.
En su centro el alma cruje:
Y me desnudo en la noche.
Allí la oquedad de mi Psique
Se expande, también, como sombra.
¡Qué desazón la que me abisma!
¡Qué abismo! ¡Qué luz sin destello!




Viento, viento, viento.

1

¡Viento, viento, viento
viento que revienta en la cara!


2

El viento que canta
Unido a mis huesos:
Voz suave, de agua.


3

En el comedor
Me siento a escucharlo.
¡El está junto a mi soledad!


4

Los arrayanes y eucaliptos
Se mueven cuando pasa.
Y deja, este viento,
Sensación de ausencia.


5

¡Sólo el viento es fiel a mi elegía!
Salta sobre bufandas de pájaro.
Y restaña, de mi corazón, las heridas.


6

Estoy silencioso. Playa vacía.
Un viento de ausencias
Roe mi sique.
¡Las palabras cuelgan
ante el verano y el cielo!
Apaga sus linternas.


7

¡Ya no es el mismo viento
de mi huérfana infancia!
Antes viajaba en carruajes
Azules y centelleantes.
Ahora entre una sombra
De nutrida hojarasca.


8

¡Este viento es tibio
como el amor!
¡Es el amor! ¡Amor!
¡Espejo y laúd!
A veces mi alma llora,
Igual que los párpados
En pleno invierno.


9

A las tres me levanto.
Y también a las cinco.
Sobre el pecho se posa
La bufanda del viento
Que ríe como niño.


10

¡La aurora y el viento!
¡Ahora la noche
sube descalza!
¡Hay heridas: tempestad de muerte!


11

¡Subió la emoción!
¡Nada dijiste,
hermano viento!
¡Se rompieron las arterias!
¡Ciego!
Anunciaste mariposas
Muertas, muertas, muertas, muertas!
¡Viento, chocaste!
¡Viento, contraviento!


12

¡Como niño viento!
¡Sólo niño fui!
Ya en el umbral
¡Ciega noche!
Sueños melancólicos
Del viento sobre el viento.


13

Sobre hojas de eucalipto
Volé fuera del mundo.
¡Horizonte de yermos!
¡Viento de sutil jadeo!
¡Viento espejo inaudito!

Poemas II. André Cruchaga.

Ahora, hoy, siempre.

Ahora desnuda tu alma.
Hoy he salido de la noche
A buscar tus ojos que ven
En la remota distancia.
Siempre busco una forma:
La forma del amor desnudo
Que calcina como fuego.
Ahora eres densa en mi Psique,
Y siendo lo que eres:
mi perpetuo pensamiento
que la luz caiga al alma
entera y unitaria.




Despojos.

Eternidades que están
atravesando mi alma.
Manuel Altolaguirre




En todas partes el frío
Inunda las calles
Y las esquinas envejecen
La gente aflora sus toxinas
De pronto se cuelan los recuerdos
Por el orificio
Cinematográfico
De los calendarios
No sé cómo este mundo apretado
Mitiga su silencio
El madero que acuña
La mortaja sigilosa del vacío
El aire molido de la noche
Miro que suben y bajan los dioses
Zapatos cansados
Ya sin forma
Sin sitios conquistados
¿Qué luz nos desnuda
Para luego desconocernos?

¿Qué río vivido nos trasiega
Y nos pierde en sus aguas nocturnas?

¿Qué llagas nos supuran
Redondas
Palpables
Como hostias
De sofocadas sombras?

No sé qué muertos caen en carne viva
Absortos
Despojados de la memoria
Transitando por el aljibe trashumante
De atávicos y dolientes caminos
En todas partes nos olvidamos de crecer
Frente a las lecciones del aire
Frente a las cuestas o muros
Frente a los agujeros de la noche
Que acaban donde las piedras:
Anulación entera
Caverna intransitable de la noche
Vigilia fantasmal
Caminantes cayéndoseles los ojos
Como cactus mordidos por agujas
Como la penumbra de la historia
En paraguas




El mundo es así...

Perseo:
Este mundo es así dice el subconciente.
Palabras a veces sin sonido:
Noche que se hace carne sin posesiones.
Erramos en el blanco sin volver los pasos.
No hay voluntades independientes:
La noche, o el día nos acechan
y quedamos en su velo:
boca de falacias y sofismas.


Icaro:
El mundo. Déjame ver sus estériles destellos:
La espina en las axilas
o el amor póstumo en su retinas.
Qué valor tiene el conocimiento
Que crepita llagado en los perspicaces hongos del humus
Qué fuerza patética disemina los pólenes
con alas ineptas y venas más ateridas
que el braceo proscrito de los peces en el agua.


Perseo:
Nos vemos en un gran espejo agónico.
Fiamos del tiempo, a veces,
con dientes indescifrables.
La tierra hiende su faz y sucumbimos.
Desde Pirrón a Ziehen
Nos acecha la ironía de la Nada:
La única duda real que compartimos
en esta fiel succión del naufragio
que oprime el pecho
y agita los siete círculos sagrados.


Icaro:
El mundo glorifica su fugacidad
y el dolor salado y líquido
que brota de los ojos.
Acaso porque, el cautiverio de la contradicción,
nos pone entre aguas giratorias y gimientes.
A siglos que estamos así.
Y, sin embargo, proseguimos buscando
en el mismo abismo:
fondo de ojos devastados.
Bruma en la órbita de la retina.
Aurora amarga en la garganta
Sonrisa ardida de ceniza.


Mar roto en el pómulo de las olas.
Fuego de jinetes. Fuego hirsuto.
Luz. Luz. Anhelo para libertarnos
de las sombras incorpóreas que emasculan
el nombre filial de las cosas.


Perseo:
Sé que hemos vivido en la redonda alacena del vacío.
No existen las cosas ?resulta paradógico, ¿verdad?
Sólo la fuerza secreta de la esperma que torna lo alado
en vivientes espejos de conciencial testimonio.
¡Ah, mis sentidos, magma de la más espesa armonía!
Luz del cosmos. Hamacas de la aurora.
Caballos enhiestos del horizonte.
Trenes lloviendo entre los rieles del tiempo.
Bosques desde donde los ríos
crepitan y los pájaros chorrean frescos gritos
de una cópula rauda e irreductible.


Icaro:
No somos yo o tú solos
Un extenso cometa en la palpitación del cosmos.
Por encima de todo está la causalidad
con su hosco hocico de sapiencia:
el rayo irredento de la razón
y la apoplejía fatua de la historia.

Así nos movemos en esta razón virtual:
Extensa en sí misma;
pero infante en su delicia.


Perseo:
De mi memoria emerge una lluvia blanquísima.
Hay memoria en mí, lo sabes. Memoria.
Infancia mordida y embriagada:
Secreta antesala del destino
entre esa luz rumorosa del musgo
y el hábito vívido de los peces.
Testigo soy de esa embriaguez de los sentidos
y del redondo destino que convoca.
A buen seguro mi certeza es metafísica:
Continuo reino de sombras de donde emerge la luz.


Perseo:
Este mundo es así dice el subconsciente.
Palabras a veces sin sonido:
Noche que se hace carne sin posesiones.
Erramos en el blanco sin volver los pasos.
No hay voluntades independientes:
La noche, o el día nos acechan
y quedamos en su velo:
boca de falacias y sofismas.


Icaro:
El mundo. Déjame ver sus estériles destellos:
La espina en las axilas
o el amor póstumo en su retinas.
Qué valor tiene el conocimiento
Que crepita ?llagado en los perspicaces hongos del humus?.
Qué fuerza patética disemina los pólenes
con alas ineptas y venas más ateridas
que el braceo proscrito de los peces en el agua.


Perseo:
Nos vemos en un gran espejo agónico.
Fiamos del tiempo, a veces,
con dientes indescifrables.
La tierra hiende su faz y sucumbimos.
Desde Pirrón a Ziehen
Nos acecha la ironía de la Nada:
La única duda real que compartimos
en esta fiel succión del naufragio
que oprime el pecho
y agita los siete círculos sagrados.




Haberes.

Es como si estuviera en medio de una niebla espesa
José Saramago: Ensayo sobre la ceguera



Hay historias para no contarse nunca
Hay encuentros al final de un túnel
Miedos
Vacíos
Golpes
Papeles sonrisas obtusas
Hay lenguas reducidas a astillas
Días encapuchados
Hay días que pasan como trenes
Dejando sólo una estela
Humo
Amontonado sobre rieles
Hay tiempos en que el sueño
Sólo tiene lugar en las postales
En las caravanas
En las ofrendas patrióticas
En la bandera nacional
Hay asilos para cementerios
Y fotógrafos para la última hora
Hay ventanas lentas
Como moscas sorbiendo
El aire de los sueños
Hay paciencias con caries en la memoria
Ecos prehistóricos respirando
Silencios fatuos
Insectos de papel reptando en el sol
Hay sábanas como rejas
Vacíos que succionan la sangre
Hay manos en la plaza
Y ojos y sueños y esqueletos
Que el viento dispersa como polvo
Hay puertas sin destino y no llevan a ningun sitio
Hay vitrinas y vidrios y vidas
Sin idioma
Piedras silenciosas
Hay círculos donde se aprenden
Las partituras de medianoche
Y aguas tornando en ceniza los sueños
Hay noches sucesivas con ventanas ciegas
Flores oscuras
Esperando en el balcón de la Esperanza
Hay pájaros sin alas
Y sin embargo esperan que amanezca
Hay balcones y olvidos
Llaves enterradas
Cunas desvencijadas
Hay sombras en la puerta
Con un alud de mariposas muertas
Y una espesa niebla de espadas




Herido en la memoria.

Recuerdo las frondas del combate
Frente al tiempo que parecía
Estático, frente al campo abierto.
Pregunté por ti desde las ramas
Del sueño y su claroscuro:
Supe que podíamos tallar
Nuestras figuras y macerar
El alma con la corriente hipnótica
Del anhelo y del buen augurio.
No creo que olvides al brazo
Que espera abierto para recibirte;
Porque el olvido como la espera
Lucen como el llanto
Y el pecho ahógase en su respiro.




La noche.

Ni una luz. Todo oscuro:
El cuerpo en su cárcel
Parece un nudo sepulcral.
A veces la realidad es triste:
Tormentas devastan su interior.
En la tierra se deshace la lluvia:

Su misterio golpea
Lentamente como el deslumbramiento.




Mundo visible (XI)

Ni el mar ni los ríos desfiguran sus aguas

eternos e inmensos en su empeño

nunca en acecho nunca persiguiendo

están allí en su límpida fluidez

más interminables que caracoles nocturnos

yo me adhiero a ellos conmovido

pero también porque pertenezco a su grito:

a esa voz de estrépitos y desplomante

de hoguera líquida

de olas

de retumbos

yo me adhiero a la locura de la libertad

con su lenguaje de furtivos sueños

con sus piernas chapoteando en todos los sitios

hasta ser definitiva comida para todos.




Oración.

Perdón por los insectos

y los pájaros que mueren

la hojarasca

la luna en el estío

el crepúsculo colgado de las ramas

los niños barriga de lombrices

plagicidas en las burbujas de los féretros

perdón por los platos que no almuerzan

tuzas en las camas masticando la piel

fososíntesis de mora

en el taburete

alfiler del hambre los pechos que ya no viven

perdón

perdón

perdón

perdón

perdón don condón tentación

perdón fornicación

introvertido vértigo de advenimiento

perdón por la risa perdida

por el espejo que transcurre

apuñalado en la garganta

perdón por los célibes que se toman otro mundo

perdón por este mundo

que crece grotescamente en números

perdón por la calidez del insomnio

el terror y el lento fuego de la miseria

perdón por las palabras

por el diccionario que reverbera de fósiles

perdón por el bosteza de cansado reloj

por los ojos bizcos que miran de soslayo

por los senos que se ausentan como trenes

por esos después ya no vírgenes

por el que gime sin sábanas en el alma

por la noche que extiende su oscuridad como embudo

por los rostros y los cuerpos que beben la neblina

por el demonio que se posesiona

en espiral hasta llegar a la tristeza

por las telarañas que ciegan las ventanas

por el que escupe cuando sale a la calle

perdón por los amuletos de la buena suerte

que abrigan esperanzas

por el que duerme como póstuma estatua

por el rojo del guiño y las rocolas

perdón por mis zapatos sin afeites

perdón por aspirar tanto espejismo

perdón por mis pies que no saben de botiques

perdón por este sueño que llama a Heráclito

perdón

perdón

perdón




Signos del arcano.

Fierros líquidos que se diluyen
En ecos subterráneos
Para decir que allí
Nos reencontramos
Con el vestido de otra noche.

Ahora, desnudo y solo,
Pienso en los trenes?
En esos fugitivos durmientes
Que sorprenden
Por su risa esquelética
Y por su duro ser
De promesa incumplida.

Pienso en los trenes caducos
Y decrépitos; en los ojos
Convulsos que miran el mundo

Sin camino

Con las escamas
De un tiempo quemado
Por ese espejo frágil
De todos los días
Que nos atribula,
Hasta desvanecer la cristalería
Del pudor.

Nadie me vio entre las hojas
De antiguos mundos
Esa herida del presentimiento
Que lo hace a uno,
Como el suicida
Ver a través de tragaluces
Y barrotes.
Aun así tengo predilección
Por las distancias y los trenes:
La lejanía siempre tiene sabor
A mariposas
Y húmedo follaje.


3 de septiembre de 2003.




Trampatojos.

Uno es un ser
Con toda la soledad que lo habita
Uno es uno
Con la sal del sol en la cara
Uno es uno piedra insondable
Carne donde supura Dios con sus evangelios y salmos
Con sus yerbas y antibióticos
Uno es uno ráfaga recurrente
Entre huracanadas espinas
Uno es uno entre pájaros coloreados
En el cuarto del baño
En el retrete imaginando cuadros de Chagall
De Picasso o Joan Miró o Magritte
Uno es uno pese
Al cemento y las autopistas
Pese a que llevamos el hambre en las pupilas
Uno es uno entre costureras
Sastres
Albañiles
Carpinteros
Rateros
Oficinistas
Estafadores
Traficantes
Comunistas
Uno es uno entre el sol
Que dora los calcañales
O la sombra que embosca la conciencia
Uno es uno entre
Capitalistas
Demócratas
Fascistas
Burócratas
Uno es uno hundiéndose en apariencias
Tecnócratas
Ambientalistas
Corredores de bolsa
Agiotistas
Neoliberales
Contratistas
Banqueros
Vendedoras del mercado
Billeteros
Huelepegas
Pupuseras
Jornaleros
Buhoneros
Dormilonas
Diputados
Uno es su propio duelo
Sacudiendo los pensamientos en la almohada
Uno es espejo
Espejo frente a los analistas políticos
Que quieren tener el entrecejo de Sherlock Holmes
O la bella historia del inmigrante
Extraviado en la ebriedad de la noche
De las fronteras?
Uno es espejo
Frente a los cineastas o teatreros
Que flotan en irisados abismos?
Mascullando mundos inauditos
Uno es espejo frente
Al pájaro sin alas tras polarizados barrotes
Uno es espejo fragmentado
Estertor desgarrado
Zumbido asoleado de las moscas
Herida donde pulsa la luz
Uno es uno
Por eso me defino campesino
Mi dui campesino
Mi Nit campesino
Mi Licencia campesina
Mi Profesión campesina
Mi Titulo académico campesino
Mi origen Chalateco campesino
Mi Estado civil campesino
Entretenimiento campesino
Mi Gracia campesina
Mi Religión campesina
Mi Filiación política campesina
Mi Genealogía campesina
Mi salario mensual campesino
Uno es uno escarbando en abismos irisados
Uno es uno cuando surca húmedas tristezas
Uno es uno queriendo que el mundo abdique en una ciénega
Uno es uno queriendo coser la esperanza con anguilas
Uno es uno simulando ser persona de este mundo
Jí jí jí
Uno es uno en el bosque de ray bradbury
Uno es uno aunque la noche lo fusione con los muertos...




Vienes y te vas...

I
Vienes y te vas.
Te vas. Temprano o tarde
Te vas: sangre dilatada.
Fugitiva piel, sal o labios,
Te vas. Secreta luna interior.
Ahora música en la noche.
Viento inclemente la tristeza.
La garganta vela húmedas noches.
Te vas. Te fuiste: Espejo en mis pasos.
Ahora luz vencida, desvanecida
Y breve en la tempestad del tiempo.


II
Los días irrumpen fieros
Sin el canto ligero de las aves.
Vieras qué agónico es caminar,
Transitar, ver, oír y existir
Sin el zumo del anhelo y la Esperanza.
Hay sombras en este hálito de frío.
Dolientes sombras sin asirse al tacto.
Aquí está tu presencia en mis sueños cansados:
Lejana flauta y espesa
Como el pájaro perdido -yo-
En la densidad afiladísima del bosque.


III
Aquí falta el horizonte y la caricia.
El día con sus campanas.
Hay sollozo en los labios del verano
Como el pájaro, huérfano, de guarida.
Hay silencio. Un largo silencio:
Mar inquietado. Sofocante y caído.
Así caen los días en las urnas del calendario,
Los labios y el interior húmedo
De ese sueño corpóreo de la carne.
Implacable es la vida. Vasto.
Odre del mar que me ahoga y me inunda.
Por mi cuerpo -por todo mi cuerpo-
Noche rutilante. Sombras imperiosas.


IV
...los ojos llueven,...
Góngora.

Delgada aguja el labio sobre labio
En el follaje de los poros.
Ha volado el aliento con sus dudas
Y me convoca la lengua
Coagulada de un cráter,
Del humano pedazo de materia que soy.
El iris es una playa
Donde escapan las gaviotas
Y se agita el vacío de una sal líquida,
Casi voz abismal, estrujada
En la arena sacudida de las alas.
Un río humedece los párpados.
Un río que arrastra pájaros moribundos.


V
Espacio, noche gandre, más espacio.
Jorge Guillén.

Que nada tengo. Me abrazo.
Yedra en la pared del respiro.
Que nada me espera: cárcava del apego.
Espacio en desorden los pensamientos
Que se agolpan, difusos.
Sin verdes ni raíces. No se inventan.
Ciego crepúsculo la distancia. Navaja
Que gozosa hiende la materia
De los sueños. Noche del alma eterna que actúa
En el follaje de su propio volumen.


VI
Y hendida en este presente sangrante
El alma sin faz perdurable. No sé.
Frágiles follajes en tránsito
En el tejado de los sueños extraviados.
Inmenso es el viento que lleva las aves.
Inmenso. Yo espero. Nubarrones los pensamientos
-mis pensamientos, tal vez, con verdor de olvido-
Por un atajo de campánulas espero:
Sombras del grito doliente, evidencia,
Del sueño que se escapa de la mano.


VII
Desnuda difundes la luz.
Absoluta luz desnuda:
Onda del mar imperioso.
Eres. Serás. Pájaro picoteando
Radiantemente el iris de los ojos.
Nada es la amarilla resonancia
Del sol en los cambiantes pastos del campo,
A beber el deseo en tus pezones
Y en la hondura candorosa del ombligo.
Eres. Serás. Astro es mis horas:
Mineral indisoluble en mi abandono.
Mineral en mis atroces límites.
Desespero ante el azar del tiempo.
Afán de aquí. Afán de invulnerable silencio
Donde se cierne el imperioso futuro.


VIII
Borroso el tiempo que se revela
En los ojos. Escombro de pájaros
Demolidos, éste que nos habita
Entre la memoria telúrica
Y la vivencia irrestañable de las criptas.
Es una sensación extraña
Que los días cambien sinuosamente
Como los equívocos reflejos de la historia.
Y que en dicha penumbra
Reavivemos el eterno claroscuro de nuestros recuerdos.


IX
De repente me embriaga
El viento de la noche
Y el jardín infinito de las sombras
De medianoche en pleno albedrío.
El ansia se encarna en la llama del candil.
Aquí está el misterio sin fantasmas
Gozosamente en los círculos de la arcilla.
Pero también, la animación de las ventanas
-con sus vitrales transparentes-
el río humoso de la memoria:
la vida con sus instinto de arcanos inefables.


X
Aquí me quedé en este pedazo
De tierra para luego nacer.
Para luego morir, para saber
Que la vida es luz diseminada
En el telón de los días que pasan.
Los he visto en las celosías del instinto.
El suspiro. El gemido. El suplicio.
A veces sus brebajes ciegan
El iris y amenguan el vuelo.
A veces no hay certeza de Nada
-y con el pecho sobresaltado-
hay que caminar, y andar a tientas.
Sólo así la Esperanza carece de cronómetro
Y el invierno o el verano
Puedan dibujar sueños
En las ramas del trajín cotidiano.




Ya es otro día el rocío...

1
Ya es otro día el rocío
Que sangra en el vientre;
La creación es una fascinación de alas
Que invento cada veinticuatro horas;
Buceo con un pedernal inagotable,
Hasta que un collar de mariposas verdes,
Se posa en los pilares de mi casa
Para animar la hermosa fantasía del alba
Que viene ardiendo en los párpados del sol.


2
El alma sangra cuando salen las palabras:
Surge un mundo solamente imaginado.
Aquí estoy en permanente fuga,
Y en fuga también las palabras.
Sabido es que el viento lame los tejados
Y se desliza como tobogán por el iris de las tejas.


3
Dejad que los muertos abran ese surco infinito
Y bajen gorjeantes a la emboscada de la tierra:
Su mirada y su risa y sus grietas;
Que los muertos vivan su muerte
Y tejan en su piel ciega, las sílabas.
Dejad que los muertos iluminen la tierra
Y erijan campanas de cenizas
Desde ese misterio de criptas y cornisas.
Dejad que sus labios de témpano
Humedezcan las raíces de la tierra.
Dejad, dejadme en este gran silencio
Haciendo de los párpados una ráfaga de espejos


4
El mar chorrea su espuma en mis sienes
Como si se tratara de beberla
A través de la memoria.
Una gaviota tenaz e infinita
Vuela entre campanas y palmeras.
¡Ah, esta manera impregnante y osada
de dormir en la playa inventando sirenas
para luego huir como Ulises!


5
Una música larga llega a mis oídos
Cuando subo esta empinada travesía;
Parecciera que el Universo rompió su cauce,
Y que los árboles
Afinan su clorofila en la esperanza.

¡Ah, esta vehemencia por el campo!

¡Ah, este río de sendal infinito
que llameante, tiembla,
en el espejo de mi propia infancia!


6
Mas allá de la línea, donde avanza
la oscuridad, brilla el oculto fuego.
La búsqueda perenne, el ansia,
La actitud del corazón
Queriendo adivinar el vuelo del pájaro.
La oscuridad baila en sus cenizas
Junto a la densa fatiga de la ceniza.


7
¿Hacia dónde van mis ojos
que andan todo el día?
deshechos en antojos?


8
Ando descalzo
Cuando en fuego
Febril me alzo.


9
Beso tu sombra ?tu remanso?
Para llenarme de espesura
Mientras amanece y despierto.


10
Pienso en el río que serpentea
Como el pájaro en pleno vuelo:
Tú eres ese río diáfano y suelto
Donde nadan mis pupilas.

Poemas I. André Cruchaga.

A contraluz.

bajo un amplio cielo gris
Charles Baudelaire



Bebo los latidos de la ceniza
En el velorio de los sueños
Roto póstumo
Deshaciendo oráculos
Destruyendo arcos
Subastando lágrimas
Bronces desvaídos
Anillos como gargantas
Nunca fueron hechos los sueños
Sin paciencia
Sin ríos
Sin espigas
Nunca faltó un grano de luz
Un mar de golpes cubriendo la vida
Bebiendo hasta en boca
Ajena
La sangre

Nunca para levantar un alma
Faltaron cuerpos
Hoy lo sé cuando ellos
Construyen el silencio
Y desnudan la tierra
En pleno sol

Nunca para vivir
Ha dejado de congregarse
La muerte todos los días
Con su pañuelo de palpitante río

Nunca he dejado de caminar sin tregua
Sin fuego
Sobre un horizonte de rieles
De peces y pasmos
Y huellas

Nunca dejé de sentir ecos
Paleolíticos
En la osamenta insomne de las esferas

Salvo el frío del grito

Salvo las piedras hondas del vacío




Confesión del tiempo.

¿Qué tierra es ésta?
¿Qué violencias germinan
bajo su pétrea cáscara,
qué obstinación de fuego ya frío,
años y años como saliva que se acumula
y se endurece y se aguza en púas??
Octavio Paz



Inventé el aguardiente
Para quitarme las imágenes
Del miedo
Y desprenderme del horror
Que provoca la historia

Siempre anduve entre escombros
Espectro de sueños
Apagándose
En la espuma sangrienta
De húmedos pájaros
Descendí a la tierra
Ensordecida
A la novena extensión
De los vitrales
Donde el cáliz del halito
Se vuelve piedra
Por montañas de ceniza

Jamás renegué de las ciudades
Cansadas por el plomo
Ni por el abismo
De las persecuciones

No hubo plenitud. Hubo noche
Noches con todos los paisajes
Borrados
Noches de matochos
Noches sin gargantas
Tragando sin ojos
Las palabras degolladas
De la sangre

Correlación de noches
Con ecos de acero
Hombros sin cabezas
Coagulados de sombras
Inventé la ESPERANZA
Y ella salí vestida
De crepúsculo
Inventé el ardor
Y me salieron pústulas:
Estrellas dolorosas
Lamiendo el luto de la intemperie

Me quise inventar
Y ya no hallé senos
Ni lunas
Ni tierra baldía
Sino calladas tumbas
Tumbas calladas el destino
Junto a las piedras
De nuestras desnudas ansias

Me di cuenta que el tiempo
Es así mientras la noche
Lo acecha
El tiempo sangra a solas
Como la luna menguante
De los disfraces:
Su boca es más voraz
Que la del hombre
Su boca pero también
Su memoria
Que tiene laberintos
Como los rascacielos.


4 de septiembre de 2003.




Este largo día.

este largo día desvelado y de estiércol

donde las moscas engordan su gangosa flaqueza

parecido a una danza de tempestad sinuosa

este día herido de vértigo de náusea

pronunciando un ruido del tamaña del horizonte

este d1a absorto y pusilánime de pájaros y lagartijas

este día muerto de hipo y de insomnio

como un espejo caído como herida que disgrega la sangre

y hace un himno de tumbas y desfiladeros

de imágenes desvanecidas y de gusanos sobre los ojos

hay maleza en la vista hay la mascarada de un puro herrumbroso

hay un agua sin cópula sin esperma prismal

sin óvulos anidados al hechizo nupcial

ah este día quemado en sus raíces en su discurso sensible

que pierde su forma de círculo

y cojea en el lodo de las hohas del follaje

ah este día que perdió su puntuación de río o sangre inagotable

ah este turbión que sacude la retina de la tinta

y tartamudea otra caligrafía y resuella otro combate

de infinitas piedras desmoronadas

ah este largo día respirando huesos y segundos agónicos

como si se tratara de una procesión de ceniza bajo la lluvia

como si ese río se desvaneciera inminentemente.




Formas de la duda.

A veces todo es noche
Abismo
Oscuros círculos
Relojes desconcertantes
Noches sin más límites
Que las ventanas
Calles donde pasa la brisa
Crujiendo entre los brazos
A veces pasa el silencio
Con su acústica de vidrio
La oscuridad estática
Absoluta
Final
El cuerpo muriendo
Amontonando su cansancio
Abriendo el cuerpo de los grises
Evaporándose la luz
Disecando el sudor
En las alforjas de Dios
Para conquistar mendrugos
De sosiego
O decapitar recuerdos
Que al fin terminan
Siendo piedras
Cuchillos
Lanzas
O simples cerrojos
De semanas procreadas
Por el viento

A veces la vida se hace páramos
Grito descarnado en el azogue
De los astros
Un espacio sin párpados
Donde se cuela
El infinito

A veces la memoria calla
Como los mausoleos
Sin itinerario
Vela orugas y retablos
Abre polvo




Hechizo de las palabras.

Hierbas como lámparas
Tragando luz
Pájaros azules
Absorbiendo
Los mástiles del viento
Geografía donde anido mi pecho
Y nombro la memoria
Diosas comulgando siempre
Palabras que inventan distancias
Palabras que encienden los párpados
Palabras que desvisten los poros
Palabras que abren el delirio
Palabras que nos llenan de sed
Arcas
Oleajes
Golpes
Rayos
Laberintos
Poyetones del sueño
Palabras que nos ciegan
Cristales que nos miran
Diosas que cercenan lo íntimo
Vapores que aspiran la piel
Manos que prolongan
Espesas anatomías
Acorralan
Ocultan
Plumas persiguiendo hormigas
Garganta de fosforescencias
Tragando peces rojos
Extrañas como las manos
Como los barcos que se queman
En la espuma
Secretas
Extrañamente secretas
Como el hechizo de las semillas
Susurran en el fuego
Erótico del follaje
En el bosque de la cópula
Atestiguan las tinieblas
Lágrimas
Extrañas trampas del abismo
Donde la combustión de los cuerpos
Parece una maquinaria
De erizados
Sobresaltos
Burbujas
Labios constelados
Relámpagos de vértigo
Sentidos sacudidos sobre el césped
Al filo de la piel desnuda

Las palabras
Fugitivas chiltotas
Cuchillos y brasas
Pétalos miserablemente perseverantes
Mártires anónimos
Aliento transparente del cierzo
Donde humea el musgo
El temblor de los fantasmas
La paciencia que nos sobrevive
El hocico invulnerable de las rocas

Las palabras
Plantaciones de luciérnagas
Multiplicando la epifanía
El exorcismo de la hierba
Horizonte de huesos
Retablos del tiempo
Aliento que a ciegas beben los cuerpos
Cuando pasan sobre la sal de los muelles.


Septiembre 29 de 2003.




Jinetes.

Bajo una vieja casa
De impecables paredes
Tabanco y azogue
La lengua del cielo
Como una vieja isla
Tartamudeando en su nocturno secreto
Mientras al otro lado del espejo
Los jinetes pasan
Cabalgando en fuego
Van tras la luz en la luz
De un puñado de sueños:
Cuerpos de exilio en el silencio.




Los pájaros trabajan.

1
Los pájaros trabajan
en el oficio de urdir el vuelo
el viento en indagar
sus palabras

¡Qué manera de viajar sin voz!

Haciendo que el césped
Se convierta en espejos
Y el tiempo en Nilo de papeles.

16/03/2002


2
Me gustan los trenes
Que llevan dormida la ceniza
Del origen

Los que van y van y van
Cruzando la mar de los rieles
Con la memoria de las pequeñas ciudades

Los que se pierden
En su propia distancia
En la barca de los sueños:
Casa que inventé
Sin la consigna de verdadero y falso
Pero que es ráfaga
En el asma de la libertad
Pero que es Pegaso
En el loco remolino de la niñez.

16/03/2002


3
Para mi memoria
Escribo sobre las aguas
Los siglos de los siglos
El vuelo de las aves
Moviendo sus alas
Como un calendario
Colmado de balcones
Es la espuma dispersa en el viento
La que llega corrosiva
Y se posa mojada
Por el gris de las pupilas.


4
Entre la hojarasca
El verano cuelga sus palabras
Por la memoria transitan
Ventanas y caballos
Jinetes en la sombra de la luz
Historias de trenes sin palabras
Entre la lentitud de la nostalgia
Barcos perezosos como hojas que caen
Vidrios empañados por la humedad del suspiro

Van vienen
Buscan un lugar
Entre nosotros:

Las manos de la luz
Para que deshagan las redes
Y la memoria inverne
En los platos del alma.

17/03/2002


5
Junto al jabalí
El combate del insomnio
El bosque de la infancia
Quemando su incienso:
Espejo y espejismo
Como viento que despeina...

Nostalgia de un cazador
Viendo el arco iris entre la lluvia
Y el aletear de porcelana
Del agua

Veo a través de sus espejos
Surgir las palabras del zodíaco
Y los secretos brazos de los pájaros
Como esos huevos
Del gusano que transforma su abismo.

23/03/2002


6

Llegar ya a ninguna parte
Es mi meta. Lo mismo da Itaca
El ayer o el exilio

No se qué nombre tienen las ausencias

Los recuerdos de las sombras a la intemperie

Los caminos que me llevan
A hojarascas de desvelos

Viví una vida oyendo nombres rotos
Palabras en la arena de la vida
Voces sordas sobre el césped

Por eso como mendigo
Sigo en las hormigas del silencio
Esquivando la caligrafía de la memoria.

23/03/2002


7
Atisban las ventanas...

También el patio de los muertos:

Caballo de nubes
Los espectros que sueñan
Su duda de alientos
Pupilas que diluyen las calles
Acaso espesas sombras
Desesperadamente volando
En el aguacero vagabundo del vuelo
Vuelo que me evade
Parábola inestable
Oquedad de vacío que asfixia
Destino que me lleva adherido
A su misterio de ceniza.

23/03/2002


8
Rota en mi ternura, presa de mi sed
Paul Eluard


Tú puedes olvidarlo todo
Mientras yo aprisiono los recuerdos

Tú puedes deshacer las palabras
Yo las recojo como agua en el suspiro

Tú puedes buscar otro sendero
Yo permanezco en el rocío de tus labios

Tú puedes olvidar mi pecho
Yo tirar siempre mis ojos en las mariposas del tuyo.

Tú puedes llamar otras palabras otros nombres
Yo sigo con las mías resumiendo el silencio

Tú puedes buscar tantos pretextos
Yo me quedo perdido en tu imagen
En el beso pronunciado
Que empuja el viento
Tú puedes encender otros pájaros

Yo elevarme en su vuelo
Subvertir los cielos aunque caiga

En la cascada del abismo

Tú puedes en fin ver otras ventanas

No importa

Yo estaré con paciencia abierto a la misma
Como buscando esa luz poderosa de tu alma.


9
Una palabra puede acortarnos la vida:
La palabra abismo del no

Otro nombre

El abismo mismo

Una mirada sin la imagen del paisaje
la locura de estar sin brújula
el árbol de la tristeza
con su paraguas de invierno

una sola palabra
puede ser la despedida

un parpadeo
el hecho de resumir el viento
o alargar esa estela de sonidos
que dejan los ferrocarriles sobre los rieles

una sola palabra puede darnos tiempo
y cambiar los hilos del destino:

el alfabeto rescatando nuestros sueños.

24/03/2002


10
En ti la forma completa El confín
Vida de andar Agua en el trueno
Respirando el sendero

Silencio en ti pensado Mi memoria

Luminoso cielo en mis ojos Pájaro verde:

Forma que respira el espejo

Silencio corporal Revelado río
Sobre el césped de los sueños

Completa es la lectura que hago:
Dibujo sin embargo la arena de la voz
En esta sensación del aliento que transcurre

La voz se quiebra...

Ahora se que las distancias son duras
Y que la perpetuidad sólo es una proclama
Para lamer el bosque del instante.

24/03/2002




Nube de invierno.

En las nubes de invierno,
El cielo se oscurece,
Mi libertad se hunde:
La ilusión es velo.
Siempre estoy desnudo:
La lluvia dilata
Esperanza y fuego...
¡Ah, nube de invierno
que cubre la memoria
con gotas de imprenta!
¡Ah, valiente nube:
arcilla del poema:
y todos los pronombre!




Pienso en mí cuando te sueño.

En ese horizonte hundido
Por la brisa del anhelo,
Y por la esperanza helada
Que te escucha, te sueño:
La conciencia desnuda,
Se dilata en confesiones,
Y el campo riega sus esencias
Con los suspiros del monte...
Ella me piensa cuando sueño
Con un quedo de ramas por subir:
Ella que es la memoria
Cuando pienso en las arboledas...
Ella, la fuerza natural
De la lluvia, el fuego y la tierra.




Tiempo no es tiempo.

Es mucho el heroísmo
De soportar el tiempo:
Esperar a nadie en el río
De la ventana y al borde
De las estaciones. Esperar
Bajo cielo y la nube densa
Del destino. Esperar
Entre las zarzas del oscuro
Anhelo y besar la médula
Del fuego, con cierto gozo
De ingenua ignorancia.
Y es que no es del tiempo
Que emergen las frondas
Del sueño. No es tiempo
El tiempo que veda
Sentirse desnudo en el césped
De los poros masticando esperanzas.




Vértigo.

A menudo me toca jugar
Con la soledad o el olvido
Da igual cerrar las puertas
Abrir las ventanas
Hacer puentes donde no hay ríos
Cobrar un sueldo y pagar los impuestos
Ir a misa
O escuchar un discurso presidencial

Salir a la calle
O pegarse un tiro en la cama

A menudo uno se encuentra
Con enjambres
Con ídolos que subastan sus propias cataratas
Y beben en su propia taberna
Arco iris de mostaza
Territorios prometidos sin peones

A menudo quisiera derrocar el alfabeto
Darle golpe de estado a las vocales

Botar las cáscaras de las consonantes
Darle amnistía a los adjetivos

Y beber la clorofila de los verbos
Desnudarlos
Habitarlos de principio a fin
Diseminarlos en felpas de aserrín
Vomitar el destino en el mar

Llevar el silencio a vitrinas póstumas
Deshacer el nudo de las encíclicas

Remover los sepelios y las sombras de las miradas
Habitar la memoria
Despedirse diariamente del mundo
Quemar los anticuarios
Disfrazar el óxido de la melancolía
Ignorar la piedra pómez de las ofertas electorales

Excavar en el agua
Hasta sorber en su totalidad

La ebriedad del planeta




Vocación del tiempo.

Para Blanca Mateos, por sus desvelos e insomnios;
Por hacer de la poesía panes repartidos.



1
El tiempo. El tiempo. El tiempo.
A cada paso estamos librándonos de sus abrazos
Oímos masticar sus aguas asfixiantes
Imaginamos su risa y callamos...
De repente toca los balcones de la duda
los poros del temblor en las costillas
y las sienes. Lo pensamos a veces
con su lengua los balcones de la sangre.
Ah, Blanca, el tiempo. El tiempo.
Vas dejando la luz para que el agua de las palabras
de noche o día indague en el brillo de la risa
y la bebamos con el destino que nos prodiga el vino.
A menudo, Blanca, el tiempo es un perro ciego
o una larga romería donde muere el prójimo
o la calle donde pintamos legumbres suculentas
o la camisa donde se garabatean poros
o el aroma todopoderoso que nos abre la Esperanza
o la mar que pica con sus llaves de espuma
nuestros combates cotidianos
o la luciérnaga que nos regala su fugaz itinerario.

Cuando te acuestas prolongada la noche y amanece
un fuego invisible se convirtió en gladiador de esos afanes
y fija, mirando tras la ventana, los pensamientos
sueñan músicas que sangran por el costado.

El tiempo. Rascacielos donde se abren todas las estaciones
donde la conciencia jadea en el respiro de los pájaros
en la magia de hilvanar los hilos de la memoria.
El tiempo: ciudad, mujer, hombre, árboles, bosque, ríos, trenes
que llevan en el ojo de los rieles un remanso trashumante...


2
Guardamos en la memoria
las rosas que hacen los meses
con su tejido de horizontes.
Luego se descifran códigos
Y ese verde del polen que sueña
En las colina de la vida,
En los fonemas del combate,
En la cintura oceánica de la espuma.

En la calle desafiamos la bandera del viento
Y el bosque de los puntos cardinales.

Desmenuzamos la angustia de las alas.
Escalamos territorios. Lanzamos la red
De nuestros pensamientos,
Como enloquecidos relámpagos,
Hacia el río de las palabras,
Palabras viscerales que navegan
Como esos barcos que recorren
Aguas de nostalgia.


3
Nos sumergemos en cada instante
En el tiempo: Espejo creciente
Que nos revela, nos niega o asedia.
La noche se convierte es libélulas,
En trompetas de ceniza u hollín.

El blues deslumbra con su luto.

La luna, silba con su insomnio alucinante
Entre las sabanas del cierzo.

Somos pájaros, astros, oráculos
De esa vida que siempre abre balcones
Al aguacero del escalofrío,
Al delirio profundo de los sueños.
Una palabra nos desgarra:
La palabra mundo.
Mundo de aquí sin afeitarse,
Mundo de la indiferencia,
Mundo diluyendo los años,
Mundo del relámpago,
Mundo que se hace noche
Mientras la imagen de la ciudad nos extravía
Con sus pesadas piedras
Y sus pájaros moribundos.

Una palabra, sin embargo,
Se hospeda entre escombros:
la palabra poesía
Que abre sus ojos aleteantes tras las ventanas.


4
Ha sido en agosto. En agosto. Cierto:
Soñar y recordar al invierno.
Todo ha sido como en los muelles,
O las estaciones de los ferrocarriles,
Como el horizonte que nos aroma con su lejanía.
El explorer borra todas las distancias.
El poeta se vuelve transeúnte de relámpagos
En un espacio donde las puertas,
Son puro espejismo.
Ha sido en agosto. En agosto.
El viajero siente la lluvia en las pupilas
Y un conjuro antiguo
Que despierta de su sueño acompasado:

Es la mano audible y amiga
Que se abre en palpitantes destellos.


5
Todo viaja hacia lo eterno
teniendo vidas efímeras.
La brisa o el viento
Goteando palabras
Humedecen la mirada:
Los labios del tiempo, el halito
De la edad, las colinas del pecho
Los abrojos de la saliva,
Las campanas que gotean
Minutos y segundos,
Dientes que muerden abismos,
Ventanas que nos miran
Con su fuego de agua.
Como magia, los sonidos en espigas,
Buscan el espacio,
El asombro del camino
Que lame el misterio.
Ahora se que la palabra es un nido
Donde respiran los latidos.
Ahora se que todo lo que nombra:
Pájaros, matochos, paisajes,
Tiene una luz que transparenta el césped.


6
El tiempo no muere con nosotros,
ni el crepúsculo en el buche de los pájaros,
ni la brasa que nos consume la sed,
ni los caminos que palpitan,
ni la caverna que a menudo lame los sueños,
ni el silencio de los cuerpos o el insomnio.
No. El tiempo no muere en la hojarasca,
En los amaneceres o en la niebla.
El tiempo no duerme en su aventura de vigía.
A veces, ciertamente, nos desnuda
Y nos atraganta su aliento.
A veces saca sus dulzainas,
Y su pañuelo herrumbro;
Y, aunque rebasa nuestras agonías,
Es solo una profunda sed que aprieta
Los palpitos de la vida.

Casa de la Yedra, 23 de agosto de 2003.
10:00 PM.