jueves, 11 de mayo de 2017

Mil novecientos sesenta y dos (22 de junio). Amable Sánchez Torres.

¿A dónde iré, Señor, con esta cruz
y qué haré con ella cuando me canse?
"Sacerdos in aeternum..."
Un óleo antiguo me quema las entrañas
y abre en ellas un cauce de soledad y angustia
como en ciertos desiertos ciertos ríos.
Cuando salga de aquí
tendré la dimensión de un separado
y los que antes me trataban
como a uno más del grupo
me verán de reojo
y murmurarán por las esquinas.

Mil novecientos setenta y seis (8 de febrero). Amable Sánchez Torres.

Toma tu cruz, Señor, te la devuelvo.
Toma tu sacerdocio y tu prestigio.
Haz sólo tus milagros.
Yo seguiré a mi aire, como siempre.

Los hechos son muy pocos... Amable Sánchez Torres.

Los hechos son muy pocos, pero bastan.
Son suficientes para dar la talla
de un hombre que no quiere acomodarse
a los patrones prefijados.

No comparto el refrán "quien calla otorga".
Quien calla tiene un nudo en la garganta
y es un grito por dentro.

Y nada otorgo a nadie. Simplemente
callo y sigo mi ruta. Que los perros
ladren
no es tan mala señal. Las hay peores.

Mil novecientos setenta y cinco (22 de junio). Amable Sánchez Torres.

Desmigajando el tiempo
cual un pan mal cocido,
vago por estos rompeolas de Long Beach
mientras un sol equívoco anida en los mástiles de los veleros.
"Soy triste, luego existo", y de aquí parto
reconstruyendo lo poquito que me queda
de algunas inconsistentes convicciones.
Mi sombra se alarga y se adelgaza
hasta no ser ni sombra.
"Soy triste, luego..." y una
especie de añoranza de otros mares
me invade de repente. Los veleros
vuelven cabeceantes a sus dársenas.

Legítima defensa (2). Amable Sánchez Torres.

Como la res su marca y Sísifo su roca
llevo yo mi destino.
Como su agreste tosquedad el cardo.
Aunque hasta el cardo tiene
su corona de gracia.
Yo, en cambio, no. Me ha sido arrebatada
por unos y otros
como por aves de rapiña.
Judas es solamente una carroña
sin buen samaritano.
Un hijo pródigo sin padre que lo espere.
Magdalena volvió,
volvió Zaqueo,
Pedro el de piedra y duda,
Pablo el de Tarso,
los jornaleros de la hora undécima,
los leprosos proscritos.
Hasta Lázaro, que se había marchado
para no volver nunca,
volvió también.
Y todos hallaron de par en par la puerta a media noche.
Pero Judas no vuelve. Judas sigue
trastabillando hacia horizontes ciegos
porque todas las puertas se cerraron
contra su rostro y su esperanza.
Qué supo de esto Job? Qué supo Cristo?
Judas no tiene madre que lo arrulle
y le pase la mano por la frente
al bajar de la Cruz.
Judas muere de pie mientras camina,
pues ni Cruz tiene a que arrimarse muerto.