jueves, 27 de abril de 2017

Los niños de Illfurt. A.

En 1864, una familia comenzó a tener lo que se pensó eran manifestaciones demoníacas. Hoy hubiera sido puesto en duda por científicos y seguido con interés por la iglesia, pero en aquella época, el evento duró cinco largos años, la vida era distinta. Tal era el ambiente que en 1867 se autorizó que se realizara un contundente exorcismo con las consiguientes complicaciones. A los críos “poseídos” se les llamó los endemoniados de Illfurt (Alsacia).

Los dos críos protagonistas de esta historia eran hijos de los Burner, que tenían tres hijos más. Los supuestos poseídos se llamaban Teobaldo y José, y apenas tenían 9 y 8 años respectivamente en 1864.

Teobaldo dijo ver al menos treinta veces a un espíritu al que consideraba su maestro, pero no era un ser físicamente humano, sino una imagen con patas de gato, pezuñas de caballo, pico de pato y cuerpo de plumas. Al parecer el fantasma sobrevolaba al chiquillo amenazándole con estrangularle, y el niño, tratando de defenderse, le lanzaba y luchaba contra él ante los ojos atónitos de los espectadores que sólo le veían a él. Lo que hizo creer a los demás que la visión era real aunque ellos no pudieran verla, es que el chiquillo capturaba plumas del cuerpo de su visitante y después los espectadores lo veían, tocaban, olían (echaban una peste fétida) e incluso trataban de quemar sin éxito.

Las similitudes con otros exorcismos, al menos calificados como tal, fueron las siguientes: una voz hablaba desde ellos sin necesidad de que movieran su pequeña boca, una voz adulta, masculina, que soltaba improperios contra lo más sagrado (respetando únicamente a la Virgen), y se reía del efecto que sus poderes hacían sobre las personas, como inundar la habitación de un calor sofocante que era insoportable incluso en el más crudo invierno.

También producía en los cuerpecitos de los niños bultos terribles, con movimientos horrorosos haciendo de sus estómagos una visión traumática. Cuentan que se hinchaban hasta el límite y vomitaban espuma, musgo y plumas, cubriendo la habitación del olor fétido de las plumas sucias. A veces unía las piernas de los chiquillos como si tuvieran cemento y nadie tenía la fuerza suficiente como para separarlas.

Tenían una rapidez nunca vista, y eran capaces de girarse en cuestión de segundos como si estuvieran accionados por un motor a propulsión, de forma que sus giros asustaban y sorprendían a la gente, y también demostraban momentos de rabia y enfado golpeando a destajo todo lo que había ante ellos, sin notar cansancio aunque se pasaran horas haciéndolo.

Los chiquillos hablaban y entendían todo tipo de idiomas como: latín, inglés, francés, y dialectos españoles. Además mostraban conocimiento de lo que pensaban los demás o descubrían dónde había objetos ocultos e incluso se permitían el lujo de avisar de la muerte de alguien del pueblo con el consiguiente estupor de los familiares. También les hacían partícipes de acontecimientos pasados que todos desconocían. Para enojar a los espectadores solían descubrir sus más oscuros secretos poniéndolos en evidencia.

Los cuerpos poseídos reaccionaban ante el agua bendita con furor, y cuando la monja que les alimentaba dejaba caer un agota de agua bendita en sus platos desde otra habitación para no ser vista, los niños miraban el plato y se negaban a comer. Además sus cuerpos, yacidos o sentados, se elevaban por manos invisibles.

Ellos, yo y los Otros. D.

Estaba en la secundaria, era el ultimo día de clases, ese día, salí muy temprano pues tuve pocas clases pero me quede con unos amigos, a esperar a que un hermanito de uno de ellos saliera de la primaria.

Era las doce del día, la escuela era grande y no encontrábamos nada que hacer , y después de mucho pelear, sobre que podíamos hacer para matar el tiempo, decidimos ir a un salón que se encontraba en el ultimo piso de el ultimo edificio (suena como película de terror pero es una graciosa coincidencia)que se encontraba detrás de las direcciones; por suerte lo encontramos abierto y nos metimos dentro, eramos como 10 chavos, nos sentamos en circulo en medio del salón, y pensamos que hacer muchos votaron que jugáramos al típico juego de la “botellita”, otros querían contar chistes y hacer bromas, pero al final optamos en contar cosas raras que nos hayan pasado o que nos han contado.

No recuerdo como salio a flote ese tema pero, yo me apunte rápidamente pues me encantan ese tipo de cosas (obvio, si no, no estaría en esta pagina contándoles mis experiencias), algunos comenzaron con sucesos que sucedieron o suceden por ahí cerca, otros contaron cosas que habían oído de su familia, algunos mas contaron leyendas y cuentos de terror, yo no faltaba, les conté una leyenda que nos decían de pequeños para asustarnos (que mas adelante les contare) con la cual deje pasmados a todos los presentes, después que termine, todos nos quedamos callados y no falto el que rompió el silencio con una gran carcajada, con la cual todos nos reímos sin motivo o causa alguna, pero en ese momento entro un aire en el salón; ese salón no eran ni muy grande ni muy pequeño, pero tenia todas las ventanas abiertas, de un lado había una pequeña cancha y del otro había arboles grandes que sonaban con el aire, no se nos hizo raro, pero después de ese viento a todos nos entro un escalofrío, ahora el aire era frío, y cada ráfaga sonaba como un silbido, todos nos paralizamos, nos quedamos quietos, como si estuviéramos, hipnotizados, en ese momento los lockers, empezaron a abrirse y cerrarse, golpeándose entre sí provocando un horrible ruido, todos los miramos, unos con miedo, otros con interés, pero en un preciso momento todo se calmo el viento, los golpes, todo quedo en silencio, en un silencio sepulcral, que nos enchinaba la piel, yo sentía la adrenalina en mi sangre esperando saber que seria lo próximo, en eso; entro otra ráfaga de aire pero esta era diferente, se oía una voz en ella un susurro, en ese preciso momento supe que no estábamos solos, al terminar esa ventisca lo que todos oímos, nos horrorizo; un grito, un grito desgarrador de una mujer, todos salimos corriendo del salón gritando.

Bajamos parte de las escaleras y nos comenzamos a reír, no se como pero de alguna manera nos ganó la risa, nos quedamos ahí cuando vimos llegar a la directora; nos pregunto que paso y le dijimos lo sucedido, ella fue a investigar, yo me moría de curiosidad pero no me dejo acompañarla, nos bajamos y fuimos a la dirección, mas tarde cuando estábamos por irnos, le pregunte que paso no me dijo directamente me insinuó algo pero hasta hoy no e descubierto aun que fue o quienes fueron los que nos asustaron, inicie una investigación la cual no he concluido aun pero no me daré por vencido hasta saber quienes son los Otros.

Cthulhu. R.

Cthulhu es una criatura extraterrestre, que tiene características físicas y habilidades que los hacen algo parecido a un dios para los humanos. Sus principales seguidores son la Semilla Estelar de Cthulhu. En la novela Las Montañas de la Locura pequeños retoños de Cthulhu estuvieron en guerra con la raza de los Primordiales en un pasado lejano, en el planeta Tierra. También lo adoran la mayor parte de los profundos, seres mitad humano mitad batracio, que habitan los océanos. Por encima de los Primigenios están los dioses Exteriores, aunque el universo de Lovecraft no se da a los escalones jerárquicos. Según sus seguidores humanos Cthulhu es el sumo sacerdote de los Antiguos.

Se describe -precisamente en el relato de La llamada de Cthulhu- como un enorme monstruo de 10 kilómetros de altura [10.000 m (32808 pies 5 pulg)],con cabeza de pulpo o calamar, y abotargado cuerpo de dragón, con sus respectivas alas. Tiene la capacidad de alterar su forma, aunque siempre es básicamente la misma. Su cuerpo escamoso está compuesto por una sustancia distinta a las que se encuentran en nuestro planeta, una especie de masa gelatinosa que lo hace prácticamente indestructible. De todos modos, incluso si su cuerpo físico es destruido por completo (cosa muy improbable), su naturaleza extraterrenal lo haría volver a formarse en horas. Fue uno de los conquistadores de la Tierra y dominó desde las profundidades del océano.

Según la mitología, Cthulhu reposa soñando bajo un sello en la ciudad sumergida de R’lyeh (en algún lugar del océano Pacífico). Espera escapar algún día (el día en que «Las estrellas estén de nuevo en posición») con la ayuda de ocultistas y sectarios para volver a extender su poder sobre la Tierra. A él dedican el salmo «Ph´nglui mglw´nafh Cthulhu R´lyeh wgah´nagl fhtagn» que aproximadamente significa ” En la Ciudad de R´lyeh, el difunto Cthulhu, espera soñando”

El tótem. Pablo Segovia.

Cerca del año 1127, en plena edad obscura de la civilización europea, los antiguos castillos representaban los más grandes símbolos de poder de la época. Uno de ellos estaba cerca de Ámsterdam, este fuerte fue testigo de extrañas desapariciones, no solo de personas, sino de animales. El misterio nunca se resolvió, solo tuvo su conclusión cerca de 800 años después, en el año 2008.
Cerca de la carretera norte, existe un pueblo muy antiguo, al que solo se puede acceder si se sale del camino, por lo que no es muy visitado y más bien está olvidado por todos, autoridades y personas, por lo que mi visita resultó bastante perturbadora para todas esas personas que pretendían pasar sus días sin mayor afán.

Me llamo un amigo, pidiéndome ayuda con una historia urbana que quería documentar, por lo que accedí sin problemas; cuando llegue al pueblo no encontré ningún rastro de él, y al preguntar nadie parecía conocerlo, pero él me informó que convivio en la comunidad cerca de 2 años, y para entonces era conocido por su trabajo.

Al alojarme en el hotel, me encontré con la desagradable sorpresa que la única habitación que estaba disponible era la peor, como si fuese imperioso echarme de aquel lugar. Comencé a indagar y descubrí los primeros indicios de lo que sería la leyenda urbana local más grande. El tótem de los muertos, supuestamente un viejo comerciante holandés fundó el pueblo hace más de seis décadas, y los que lo acompañaron se pudieron dar cuenta que la fortuna lo acompañaba donde fuera; lo único que les exigió era primero, no perturbar el jardín que tenía en el fondo de su casa ni el viejo tótem negro de un metro que estaba en la entrada de este, ya que le recordaba el destierro y había sido traído por su familia desde su tierra natal; lo segundo era que no dejaran de invitar parientes y amigos a visitarlos.

Me pareció bastante extraño lo de las invitaciones, ya que en un pueblo tan lejano, y con tanto aislamiento me pareció poco común.

Por lo tanto decidí visitar esa noche el mencionado jardín, con el conocido tótem. Se habían convertido en algo así como un museo sagrado para todos y nadie más que ciertos elegidos podían visitarlo.

Con la oscuridad de la noche logré entrar y llegué al palco para ver uno de los espectáculos más aterradores de mi vida: cuatro personas vestidas con túnicas ceremoniales llevaban a mi amigo amarrado de pies y manos, una quinta persona, armada con unos cuchillos o dagas, se le acercó para comenzar a cortar su ropa y amarras. Pensé en ese minuto en saltar para ayudarlo, pero lo que vi me helo la sangre y los músculos impidiéndome poder moverme.

El tótem negro, cobró vida de la nada, lentamente comenzó a moverse y se acercó a mi amigo, con sus cuatro brazos lo sujetó apresándolo, Posteriormente esta bestia comenzó a rasgarlo desde su estómago, trataba de meterse en sus entrañas, los gritos eran inaudibles, podía sentirse el dolor en el ambiente, y cada momento su sufrimiento parecía extremo, pero todo concluyó cuando el demonio, una vez dentro del, estiro sus extremidades, y se escucho su voz grave y siniestra “este sacrifico, dado en voluntad, renueva el pacto y da prosperidad, su sangre es mi alimento, su piel mi abrigo, denme mas para asegurar su reinado”.

No pude moverme por un buen rato de mi lugar y gracias a Dios no me descubrieron, pero a la mañana siguiente me largue de ese lugar maldito y de vez en cuando me informan que alguien desaparece, en las cercanías, ya sea por intruso o porque lo invito algún gentil pariente a que pasara un tiempo con él.

La partitura. T.

Os voy a contar una historia sobre un chico que no tenía amigos en el colegio y que se pasaba el día imaginándose conversaciones con chicas para intentar conquistarlas. Este chico tenía una afición muy rara para los jóvenes de su edad y era tocar la flauta. Lo hacía siempre, cuando estaba solo en su casa y pensaba que no podía escucharle nadie. Sus padres le dejaban ya que, al fin y al cabo, no tocaba tan mal.
El muchacho se llamaba Gabriel y le encantaban las melodías románticas. Se había enamorado de una compañera de clase que seguramente no sabía ni su nombre. A pesar de que le encantaba tocar, jamás lo había hecho delante de sus compañeros por miedo a que le dijeran que lo hacía muy mal. Estando solo, disfrutaba con su música pues le hacía sentir cosas que en el mundo no podía sentir.
Un día, volviendo del colegio, se encontró una hoja de papel en el suelo. Se trataba de una partitura con sus símbolos musicales. No tenía letra y solo había escrito un título que le llamó inmediatamente la atención.
“Abre tu corazón”
De inmediato la cogió y la guardó en su bolsillo, se la llevó a su casa y cuando estuvo en su habitación a solas, comenzó a tocarla para ver cómo sonaba.
Una tras otra, las notas fueron fluyendo por su flauta hasta componer una melodía increíble. Era suave, melódica y empezaba grave y terminaba cada estrofa con agudos rítmicos que sonaban tan bien que los latidos de su corazón se aceleraban al escuchar su propia música. Nadie podría decirle que no sabía usar ese instrumento nunca más después de tocar eso. Repitió la canción una y otra vez hasta que pudo hacerlo de memoria.
Entonces salió de su habitación, su madre estaba llorando.
– Esa canción es maravillosa. Hoy he hablado con tu padre y le he pedido perdón. Dice que volverá a casa mañana.
Se había separado hacía unos meses por una discusión y aquella noticia le alegró muchísimo, pensó que se trataba de una melodía milagrosa.
Sin embargo, al día siguiente llamaron por teléfono. Su padre había muerto en un trágico accidente de tráfico. Aquello provocó que su madre le suplicara que nunca en su vida volviera a tocar esa melodía delante de ella.

Pasaron años y Gabriel había guardado la partitura en un cajón, se olvidó de tocarla y ahora la chica que le gustaba estaba con otro chico. Su amor, lejos de desaparecer, había aumentado hasta volverse casi una obsesión y al ver la melodía se acordó de lo bien que sonaba. Sin embargo recordaba perfectamente lo que había ocurrido cuando la tocó por última vez. Su padre había muerto y también a él le dolería volver a recordar esa música bonita pero funesta.
A pesar de todo volvió a tocarla y enseguida la recordó. Pensó en que durante el descanso del colegio podría tocarla para que todos le escucharan y así la chica de sus sueños le miraría y posiblemente se enamorara de él.
Así lo hizo y cuando comenzó a tocar en medio del patio de la escuela, la gente que pasaba cerca se lo quedaba mirando, emocionada. La chica que le gustaba se puso frente a él mientras tocaba y la vio llorar de emoción. Era la primera vez que le miraba, y había conseguido conmoverla con la melodía de aquella partitura. Sin embargo a él le estaba desgarrando por dentro y con la melodía tan bonita estaba despertando el recuerdo de la muerte de su padre. Con ese dolor en el corazón, lloró mientras tocaba, lo que conmovió aún más a todos los que le estaban escuchando.
Cuando terminó de tocar, la chica se acercó a él y le preguntó si él había compuesto la canción. Se sinceró con ella y le dijo que no, que había aprendido a tocarla el mismo día que murió su padre.
Ella sonrió y le abrazó.
– Lo siento mucho – dijo -. Pero seguro que con esa música su alma supo encontrar el camino al cielo.
Gabriel asintió y se dejó llevar por aquel abrazo. Aquella tarde fue maravillosa, hablaron y se contaron toda su vida. Ella le dijo que lamentaba no haber entendido que todos esos años que no la había hablado había sido por su amor incondicional.
Al volver a casa Gabriel le contó a su madre lo de su nueva amiga y ésta, por primera vez desde que murió su padre, sonrió y le abrazó.
– Lo siento, cariño. Siento haberte culpado por la muerte de tu padre – dijo, con lágrimas en los ojos.
A la mañana siguiente hubo un accidente terrible en la ciudad donde murieron cuarenta personas. Cada una de ellas eran seres queridos de los que le habían escuchado tocar aquella música celestial. Entre los muertos, también estaba la madre de Gabriel.
El chico buscó frenéticamente la partitura y la hizo pedazos. Luego la quemó y cuando no sabía qué más hacer se puso a tocar la flauta caóticamente de manera que consiguiera sacar aquella música de su cabeza. Después de aquella desgracia, nunca más se atrevió a acercarse a la chica de sus sueños. También su padre había muerto.

Volvieron a pasar años después de aquello y Gabriel había dejado de ser un chico tímido y llevaba una vida normal. Se había ido a vivir con su tía y había entrado en la universidad.
Un día conoció a una chica que era amiga de su prima. Era muy tímida, no era muy guapa pero tenían aficiones comunes. Eso les llevó a tener una gran amistad que llegó a ser tan íntima que se decidió a contarle lo que había ocurrido con la partitura. Al hacerlo, su amiga, sonrió.
– ¿Te acuerdas todavía de aquella música?
– No – dijo él -. Ni quiero acordarme.
– Conozco esa canción – repitió ella, comenzando a recitarla.

Quiero pintar una tregua
Con el color de la paz
Para sembrar la conciencia
Y hacer hoy caminos sin odio al andar

Porque soy una valiente
Que no se rinden jamás
Y tengo puestas unas alas
Que aunque sean prestadas yo si sé luchar

Abre tu corazón (Que se escuche hoy tu voz)
Mi latido es por vos (Ábreme tu corazón)
Abre tu corazón (Si te toca PAPA DIOS)
Mi latido es por vos (Ábrele tu corazón)

No tengo lados oscuros
Ni me detengo a juzgar
Siempre tengo el alma abierta
Blanca es mi bandera
Nunca uso antifaz

Abre tu corazón (Que se escuche hoy tu voz)
Mi latido es por vos (Ábreme tu corazón)
Abre tu corazón (Si te toca PAPA DIOS)
Mi latido es por vos (Ábrele tu corazón)

Vuela mi voz sobre una estrella
Cruzando mares y otras tierras
Y no habrá nadie que detenga
A este corazón que ama sin fronteras

Abre tu corazón (Que se escuche hoy tu voz)
Mi latido es por vos (Ábreme tu corazón)
Abre tu corazón (Si te toca PAPA DIOS)
Mi latido es por vos (Ábrele tu corazón)

Por Olga Tañon

Hasta con el sonido de su voz enternecía el corazón y le hizo llorar, recordando todo lo que había pasado.
– ¿Por qué la has cantado? – preguntó él, asustado -. Ahora ocurrirán desgracias.
Su amiga negó con la cabeza.
– No lo entiendes – dijo -. Cuando tocaste esa música tan bonita, Dios os estaba mandando un mensaje. Hablasteis con vuestros seres más queridos y les perdonasteis, salvasteis vuestro amor por ellos. Las desgracias habrían llegado igualmente sin la música. Solamente os hizo abrir vuestro corazón para que pudierais despediros de los vuestros a tiempo.
Gabriel asintió, pero seguía preocupado.
– Ahora tú la has cantado y volverá a ocurrir – le dijo, asustado.
– Siempre te he querido – se sinceró ella, con ojos entrecerrados y temblando de miedo -. Desde que te conocí estoy loca por ti. Sé que no tengo ninguna posibilidad de que me correspondas…
Gabriel le cerró la boca poniendo un dedo sobre sus labios.
– Yo también te quiero – le dijo, comprendiendo que así era.
Se besaron y fueron novios desde ese día. Al no ocurrir nada catastrófico Gabriel comprendió que esa música era un mensaje divino. Puede que tuviera una maldición asociada pero si la tenía, ellos la rompieron al abrirse el corazón mutuamente.