lunes, 24 de abril de 2017

Poemas VII. Alfredo Lavergne.

La noche.

No me inquieta no contestar
A quien no solicito pregunta o respuesta
Porque siempre trabajo alguna representación
O porque cuido los textos
Que me llevan
De ferrocarril en ferrocarril
De festival en festival
De farfullador en farfullador
De fe en fe
De clan en clan
Y porque los hombres de este fin de siglo
Se diferencian
Sólo por el periódico que cargan bajo el brazo.




Las reuniones de los países grandes.

Algo llevó mis ojos
a observar
y todos son jóvenes.

Algo me recuerdan sus máscaras antigases
Las matracas Los lanzaguas Las botas negras
Los escudos transparentes Los mercenarios
Las alambradas Los bastones eléctricos
Las balas Las de caucho Las en la carne
Los atrapadores Las calles en humo El grito
La consigna Los pañuelos La sal El limón
Las sirenas Las alarmas Las ambulancias
Los vehículos camuflados Las patadas
Los periodistas Las cámaras de la policía
Las vitrinas entabladas Las lacrimógenas
Los tanques Los aviones Los uniformes
Los sindicalistas encuadrados Los cascos
Los derechos humanos Los índices pacifistas
Los carros blindados Las barricadas

Los políticos partidos Los quebrados por la vida
La marihuana Los discursos Los cortes de luz
Las alianzas con moco La espera de la solidaridad
El movimiento de los lápices Las tomas de la mano
Los clichés Los populistas La contracultura
Los cordones traicionados Las cuerdas en las manos
La caminata El tren La marcha La manifestación
Las banderas Los póster Los murales La emboscada
El amigo El compañero El hombre nuevo El humano
Hasta luego Hasta siempre Hasta la victoria

este cuerpo ya más pesado
y mis panfletos comprometidos
en aprender de esos jóvenes.




Madre a sí misma.

De nuevo escucho que cantan
Y veo venir de los cerros los bailarines.
Ya nos asombrarán...
El frenético carnaval de golpes
Los autoritarios estilistas de futuras culturas
Los misioneros que planifican una estatua al mestizaje.
Ya nos buscarán Ya no será lo mismo
E intentaremos alejarnos
De Valparaíso De Vancouver De San Francisco
De los muelles del Atlántico
Y de toda esta inseparable tierra.




Mezquindades y necesidades.

En esta escalera que conduce al dolor
Decimos que somos testigos de la gloria
De las grandes ciudades que influyeron
Las muy pequeñas Con sus breves
Castillos Iglesias Mansiones
De delgadas y femeninas columnas jónicas
O con el macizo y angular orden dórico.
América Trabajo
Para ser leído:
Ahora que mi poesía conoce tu oceánica majestuosidad
Ahora que vi al pescador en la rada ocuparse de sus remos
Ahora que la humedad y el frío de tus aldeas me conmueven.
Llevo este poema al libro para que se le honre.




Ni ruido ni voz.

Por hechizo Por artificio Por dar en el hito
Tu país te persigue y te avasalla.
Esas cosas ha dicho el versátil
Y aún más
El otro desdichado.
Ya de mayor
Por calles de breve estancia
Por esta nueva My Generation
Por no poder abandonar el recuerdo
Por esta identidad nacional
En esta carrera mirando atrás
Ya no temo a la hoja en blanco y al papel histórico.
Ya mi cabeza es
Nómada no remunerada.




Nostalgia.

El arte avanza de durmiente en durmiente
Sin saltos
Hay un ritmo
Desde los faisanes en las escaleras
Desde las columnas de la primera dinastía egipcia
Desde las matemáticas Desde el atletismo
Desde
El viento El hueso La cuerda La piedra.
Yo necesito este libro Estoy de acuerdo
Que el hombre es un expulsado del Arte del Cielo
Porque le subyuga ese retorno imposible.




Plasticidad.

Mientras fuerzo el ejército
De mis huesos
En el aire inmóvil de la noche.
A los tigres de Neruda A los felinos de Whitman
Con sus bastones Con sus sombreros Con sus gabardinas
Y sus marchas hacia mundos más justos.
De día
En alta mar
Un delfín lleva una presa entre sus 150 dientes
Y cumple con su régimen alimenticio.




Progreso.

En este deicidio
Animalista Analítico Cientifista
De pueblos sin moral porque no tuvieron esperanza
O porque la ilusión fue una ofrenda
Y el sacrificio pan de cada misterio.
Al Homo erectus Al Homo habilis
Al Homo sapiens Al Homo cum industria
En todas sus frentes En todos sus frentes
Le balbució y aún le tartalea la inteligencia.
Yo
Aterrizo
En ese sentido
Piso
La losa del aeropuerto y al calificativo vanguardista.




Saltos eváticos.

A ella Todo le es extranjero.
Hubieron días en que creyó lo que se le dijo...
En los tontos sentidos del sueño
En los dormidos instintos de la madrugada
Y loca como es Sale a la calle
Corre Canta Salta Saluda
Todo lo que la ciudad arrastra.
Ella La que no se queda Escribe
Acerca de la necesidad de reinventar
El mundo A medida
Que las rodea Que las aplasta
Y que recrean un espacio.




Transterrado.

Como me siento lejos de donde estoy
O porque me empujan hacia donde no iré
Camino
Y con un hábil golpe del lápiz
Que resume las imágenes Que lleva de viaje
Subo al tren.
Me devuelvo donde no deben ignorarme
Retorno porque lo anterior va conmigo
Regreso a mi ciudad y llego a otra.

Poemas VI. Alfredo Lavergne.

Bitácora.

Pasar
Por uno de esos caseríos
Marcados con un nombre
De alguien
De un sueño
De un héroe
De un santo
De un error
De una esperanza
De una visión de otro mundo
O con una palabra en la lengua del pueblo vencido.
Soy
Uno de los que pasa
Por encima de esos bautizos.




Camisa blanca.

Las he visto desnudarse y vestirse
Y como
El Callao Santa Fe Trinidad
Se simplifican y diversifican.
Y me presento de corbata en otras ciudades
Al toque final
A la moda
Del oro Del cuero De la desesperanza
Y poco importa el estilo
Si vas de sabor en mejor sabor.




Clásico urbano.

Un antipoeta
Se detiene en la entrada de un rompecielos
A ver pasar
Niños Niñas Mujeres Hombres
Y otras dosis de energía
E intenta distinguir
Sus árbitros Sus dirigentes Sus semáforos
Y un poeta
Observa y escribe.




Discurso.

Que no me conocen y no comprenden
Le dije a un amigo un día:
Cuando leo No regreso Nada cambia
Si estamos a favor de signos
O en contra del asedio de un villorrio.
Con la realidad de las cosas
O con terribles
Tiranos Colaboradores Cooperantes
Y digo que he protestado A los libros
Con los cuales comparto mi rastro
Y los saludos que envía la madre naturaleza.




El destino del arte.

Sobre su caballo venía en una pata
y ejercitaba la vitalidad del hecho creado.
Luego fue el temblor, el crepúsculo y hoy acantilados.

No lo duden,
fueron naturales obstáculos
y la disciplina arbitraria del hombre.

Si les parece que comenzó con el instinto,
no olviden que aprendió a criticar

En las calles

En los particulares trece o equis charcos del criollismo
En los nuevos éxtasis del tránsito de los cerebristas
En la fragilidad del doble palpitar de las esquinas
En la tranquilidad que se anudan las sombras
En el sosiego que acecha en la materia
En la tregua que se funde en la vereda
En el armisticio que acentúa la niebla
En la pluma flotando en la poza
En los postes clavados al cielo
En los grillos que atraviesan
En su pecho de adoquines
En los neones que cambian de rostro
En los silbidos que penetran al sésamo
En los matorrales que se echan en el césped
En la cintura visible de la versión de los periódicos.

Luego,
el arte se presentó
a las estrellas que tumbaron el hacha de las cigüeñas.
Allí encontró un punto, un cabo, una realidad lejana
entre sitios eriazos y rodillas afaroladas.

Así,
se forjó lentamente el proceso artístico de América

Por caminos que son hilos que toman el pulso
Por rutas que sacuden la rodaja de la distancia
Por senderos que rumorean viejas heridas
Por los accesos al beneficio propio
Por el sueño adiestrado por el miedo

Por las formas o los garfios de la moneda
Sus viajes
Estas imágenes Estas apariencias Estas estructuras.

Y murmuran,
que todo ocurrió
para recordar al antiguo ser coloreado de fantasía
o en el equipo que ama al maestro
o en los escaparates de revistas sin puerta de escape.




El puente.

Este poeta Con otros ¿ En otro centro ?
Sin la libertad y la igualdad
Que también nos azotaron.
Con el país de la retrospectiva
Con la obligación de tomar posición
Con rima
En los versos colgantes de la memoria.
Entre uno u otro
Lector
Para compartir con ellos
Este continente donde hemos cumplido
Cinco siglos
Los transterrados.




El vinagre no es vino agrio.

En la cintura trenzada de estos versos
Llevo la joya banal
La mal ubicada ciudad
La tierra natal
La tierra que produce emigrantes
La tierra que se empobrece con el destierro
La tierra que te oprime dentro de sus muros
La tierra de exilio existencial
La tierra con su arena
Y es otra la urbe donde aprendemos
La diferencia
Y la necesidad de abandonar su lectura.




En nombre de la poesía.

Un poco de fiebre en la quinta vértebra.

Tal vez esta línea imaginaria cercana a las desordenadoras,
o el azur egostático por esos latidos anónimos
o la terapia de vivir sin Dios por una la lectura en el Café.

Hoy se hacen escuchar con sigiloso ritmo
Hoy están descascarándose los maceteros
y los turistas tras la catarsis sólo son viajeros ilustres:

De la rosa a la vena diferente a los puños
a todos los crímenes al silencio al espectáculo
a los cursos de etiquetas al juego al tan-tan
a los sinónimos a las clases de sordera a la nada
a la voz catedrática al grito manual y al verso oficial.

Una vez más a la prepotencia de los marionetos
al bar latino a las tablas de la impunidad
a la divinidad de la transparencia al pañuelo largo
al coqueteo minimalista al vicio del panfleto
a los de la escuela de categoría al In Memoriam
a la predisposición de la medalla al plagio europeo
al riesgo de las almas feroces al espejo que no condena
al letargo del absoluto a la probabilidad del cóctel
al cosmético inglés a la técnica con su meta
a los espíritus ajenos y al enfrentamiento con el reflejo.

Otra vez de las cadenas al críptico de la intemperie
a la venia de papel a las metáforas camaleónicas
a las imágenes barrosas a las líneas de porcelana
al panfleto al trabajo voluntario al casto Don Juan
al taurino barroco al franchutismo sin torre
a la oda al verde oliva a la seguridad de la inspiración
al goce de las renuncias a la armada ajena
al campanario del exilio al ya pasó el hambre
al escondite pedante y a la aparición diversionista.

A ese lugar un poco más intimista
Al altoparlante que imitó nuestro acento
A la fecha no indicada en la realidad
A los champiñones proféticos
A las pantallas curriculares
Al canto a sí mismo que encerró a otros
y ahora a la globalización de la rosa.

Porque es tiempo y tiempo fue la herida.
Porque talento y cultura fueron dardos anecdóticos.

La palabra soportó el peso metálico del boleto
La poesía no esperó al lenguaje en el horizonte
La voz viene entre el ritmo con sigilosa ancianidad

Y si este poeta se equivoca:
Porque aquí no está Dios.

Culpable será el pavo real,
que con su forma simpática
está en vías de exterminio.




Geógrama I.

Las líneas serpentinas
de las cosas
del invernadero.

C
a
e
n,

sobre nuestras rosas.




Imperfectos creadores.

A partir de nada comienzan el vuelo
Luego desnudos
Inician la acción imaginaria.
Como los autorretratos que inventan alas a sus ángeles
Como la guillotina que hipnotizó a Cagliostro
Como el piano que entró en dos patas a la musicoterapia
Como el norte que imantó a los presidentes de madera
Como los maravillas de la reacción comercial literaria.
Los escritores mienten.
Como el pulpo Como la telaraña.
Como el poeta diplomático
que importó té y como el que bebió en aquella cup.

Poemas V. Alfredo Lavergne.

Melancolía.

Retorno a mi país y llego a otro.
Soy el condenado a buscar...
Esa tierra que especifica mi alma
Esa raíz que no cambia de personalidad
Ese azote de los ojos al cerebro
Ese tiempo testimonial Esa gente que existe en mí
Y mi desesperación
Pasa por calles que tienen su sirena y sirenas.




Ni abrigo ni techo ni esperanza.

Los emigrantes son actores que abandonan
Su memoria viva Su himno universal Su fiesta
Los robots Las turbinas Los motores
Su modernidad Su diversidad Su excelencia
Y otras dosis de energía
En las veredas públicas de la cultura
O en los caminos de los propietarios de la estructura
De los rompecielos.




Nomenclatura.

La gente de símbolos ojerosos y rutinarios
Los payasos Los acróbatas Los equilibristas
La población de estrellas
Los que se retocan Los que saltan Los que bailan.
Todos viajan
Por el hechizo Por el artificio Por el motor
De buscar placer.
Yo
Por las noches camino hacia mi ciudad
Y despierto con el pasaporte sin timbrar.




Pentagrama.

La gente de símbolos ojerosos y rutinarios
Los payasos Los acróbatas Los equilibristas
La población de estrellas
Los que se retocan Los que saltan Los que bailan.
Todos viajan
Por el hechizo Por el artificio Por el motor
De buscar placer.
Yo
Por las noches camino hacia mi ciudad
Y despierto con el pasaporte sin timbrar.




Por el atlas del homo cum industria.

En nombre del vuelo
Piso la losa del aeropuerto y no la beso.
No existe bandera Himno Independencia
País Constitución Liberalismo
Ni antídoto cultural
Que se dispute mi opción.
Aquí (Voy a hablar del boleto del respeto)
Como en la Córdoba natal de Góngora
Utilizar el lenguaje es introducirse en la soledad.
Los poetas somos una creación de poco fiar
Y sólo la muerte trata nuestros pies con delicadeza.




Revelación.

Del cerro de bella vista a un puerto del Pacífico
Del puerto a la fría capital
De la capital a la eterna primavera
De la primavera a nuestras viejas bananeras
De las bananeras a las tempestades de nieve
De la nieve al territorio del hielo
Y en hielo En su frontera Vivir Quebec
Nuevo Como América Que nace
Con su pasado tan presente
Y que hoy integro al Canto General.




Sin poesía la humanidad agoniza.

Al cabo de un tiempo
El pasado sumiso gira sin morder la cola
El espino se corona de cuarzo de sien
Los relámpagos de tejidos mudos
Las hojas son aire que se estremece
El espanto quiebra el báculo de la huella
Las patas de conejos raspan espejos
El trópico pierde en sus mandíbulas
Los frutos arrastran el tronco al monte
Cenan las piedras en el pozo de los niños
Las uñas de las plumas hacen cortacircuito
El arco del verbo pasa por el filo del clavel
Las bocas piden un bien a los traspiés
Las guaridas entregan los ríos perdidos
Los colores gimen en los polos
El bostezo cava la sed en la iguana
El celo galopa en el sol.

Se cumple la profecía de las 9.01 horas.

Sin poesía, la humanidad agoniza.
Primero mueren los poetas.
Tardíos y solitarios
los dioses se echan al hombro
las máscaras.

Sin poesía,
la humanidad agoniza
y la mujer que amamos da a luz otro amor.




Aeropuerto colectivo.

En las tontas ciudades vírgenes
De cada instinto surge una ley...
El por fin creo en algo
La puerta del psicólogo
La cola más coca
Los festivales estivales
Las melenas analíticas del ferrocarril subterráneo
Los hombres imaginados que van a la guerra
Los ángeles que nacen para perdonar al soldado.
En esas bobas regiones
Esperan las mujeres y los hombres
Que dirán ser amados.




Antropología cultural.

Los que huyen Los emigrantes Los expatriados
Los refugiados Los desterrados Los transmigrados
Y sus inventos
Hacen su aparición en el Viejo Mundo
En el Nuevo Mundo En el Nuevo Orden Mundial
Y en el año 90.000 después de J.C.
Un habitante subdesarrollado
De esa naturaleza Analítica o cientifista
Insistirá en las coincidencias
Entre ellos y nosotros.
Que nuestra cabeza es alta
Que nuestro cráneo está dividido en pequeñeces
De pómulos sobresalientes
De superciliar marcado
Y por la mandíbula y dientes de nuestro período
Especulará en la semejanza
Con las necesidades vitales de su sacerdocio.




Aterrizaje.

De un Dios cansado de dictar el acto de crear
De los poetas hermanos del tiempo
De esta corta historia de Repúblicas
De piel De persianas De asfalto
De la siempre ciudad de ayer
Es la flor que llevamos
En los ojos En el corazón En la mano
Y sin esconderla
En la frontera Dos países nos delatan.

Poemas IV. Alfredo Lavergne.

Después de Jauja.

Soy feliz
Porque mi cuerpo busca su centro interior
Porque cambian de voz y los reconozco
Porque no soy de vuestras arengas
Porque nací en la inexactitud
Porque estorbo
Entre las máquinas de este fin de siglo
En esta década que lleva al crematorio
Al Homo cum industria Oh presente
Soy nada Soy nadie Polifemo Ulises
Vengan a mí los navíos
Que ya no se acusa por traicionar a la tierra.




El avión.

Por fin creo en algo
Gritó el mortal
Y se formó un movimiento en su cabeza.
Con él
Todos los inventos del exilio bajaban del cielo
Los técnicos Los estilos Las reglas generales
La artesanía El arte Las características propias
El certificado auténtico y la memoria tergiversadora.
Gritaba como hombre imaginado que no se arrepiente
Mientras destrozaba el pasaporte y el retorno.




El peregrino y la velocidad.

Cuando viajo
De festival en festival
Por rutas Senderos Caminos
De señal en señal
De pista en pista
De aldea en aldea
De capital en capital
Leo.
Saco la cabeza
Por la ventana del vehículo
Y el camino se simplifica
De luces De sombras
Y la memoria recibe las sabrosas pinceladas
De los árboles.




El verbo amar.

Y si no partí Y si no sé adónde voy
...Y si alguna vez estuve en guerra
Por un poco más
De papel Por el grito de mi tinta Porque sí.
Es porque soy un hombre que camina
Y el poeta que no viaja para juzgar su brevedad.
Sino para descubrir
Que la tierra es madre a sí misma
...Y no fue porfía Ni nobleza Ni espíritu poético
Sino por
Esta incertidumbre Este salir Este sueño
O quizás por este lenguaje oscuro
De fin de Siglo XVIII.




En el navío.

Si alguna vez debe considerarse
Que fuimos maltratados.
Si finalmente no pasas
Por la fuente de la honra y el honor.
Si alguien te critica
Por no gritar... Viva la muerte.
Si alguna vez cuentan a tu gente
El embeleso Los descuidos Las cosas naturales
Y por miedo dudas de tus manos
Del aire De la tierra Del agua.
Pregúntate A quiénes o a quién Engañas
Y no
Quién pretende en la inmensidad del mar vencerte.




Ferai un vers de dreit nien.

Oh agua.
Mientras por ella avanzo
A ella alabo.




Geógrama III.

Con su retroscopio.
En Montreal vive el pasajero clandestino,
que inventó su Winnipeg.




Inspiración.

Un pasajero de este viaje
Me solicita
Una hoja.
Quiere hacer No respondo.
Se entierra en el asiento...
Recoge sus pies Y queda en su lugar.
No me inquieta no contestar
Cuando es ficción
Cuando no hay evolución
Y no siento nada cuando recreo a un desconocido.




Las manos en la cintura.

Adánicos y eváticas o ¿evánicas?
Se privan de sus fronteras
Y contemplan la fanfarria Lo que la ciudad arrastra
Les ocurre sin motivo sobrenatural
Ni por amaneceres tibios en invierno
O porque a veces
En verano despiertan bajo techo fresco.
Pero cuando cae la noche a sus manos Dudan
Entre la prosa El verso de la vieja Babilonia
Y el borrador terrenal del derecho al placer.




Lo pequeño es hermoso.

En el rincón de la edad de la razón
Me pongo el espejo en la oreja
La editorial La biblioteca La librería
El caracol y su estructura
Su grito Su voluntad Su proyecto.
El continente es tan grande
Que no debemos dejarlo exclusivamente
A simples A grandes O a mediocres.
Porque cada hombre envía la copia de otro.

Poemas III. Alfredo Lavergne.

Poesía.

El vehículo avanza a toda velocidad
Y deja atrás
A la ciudad
A la población
Utópica Desnuda Abierta
A la piedra del desarrollo
A la quijada del progreso
Al polvo de la emancipación humanista.
Yo
Que digo no estar en guerra
Tomo la inspiración que está al alcance
De todos
El lápiz
Una hoja
Y construyo mi fortaleza.




Retrovisor II.

Ni salir Ni entrar Estar
En una población cautiva por la melancolía
O en el conglomerado prisionero de la desconfianza
O en la cronología de la comunidad que toca los Cielos
O en el dinamismo de la masa de animales molidos
O en el país de la fiera que controla esta historia
O en pragmatismo antipoético de mi odio.
Luego de estar Ir
Acurrucarse Girar Pujar
Por un verso hasta encontrarse
Con los listos animales Que partieron Que se quedaron
Con los muy amigos y con los muy enemigos.




Salvavidas.

A partir de este puerto
Camino hacia Salgo para Voy a
Una tierra que es a sí misma como toda tierra.
Donde me defenderé
Como me defiendo
En el lugar del que jamás partí.




Y de la vida. Y de la muerte.

¿ Qué somos...
La autobiografía de América
Su memoria institucional
La palabra de sus chozas
O el discurso del abrazo electrónico?.
Con el olvido que me es permitido
No sé cuanto llovió anoche
Ni los meses que nevó este año en tu país
O la razón de la sequía de la tierra que no he leído
O si mis sentidos y los actos son efectos de un final
O si el hombre que pasa a mi lado dejó su origen.
Sólo sé
Que anoche escribí pateando un tapón de botella.




1994.

Cuando Dios desaparece contigo
O cuando Dios se te aparece
O cuando la tierra nos siente partir
En estos países que se disputan
La materia y no el espíritu.
Cuando dejamos estas regiones del absurdo
Siempre construidas
En la arista de otro siglo de cosas
Con su masa Con el hombre
La existencia La soledad La vejez La muerte.
Alguien levanta un poema
Y las ciudades de Europa no iluminan.
"Tiens, il est 9 heures."




Aleta caudal.

A la hora en que el sol se va
El cielo es de oro
El mar de plata
Y el puerto más cercano
Es la alcayota podrida de la paciencia colectiva
Y son los elementos pobres de esta cultura
Y se inclinan
Y se arrastran
Y giran
Porque también en esa ciudad el primer verbo es comer.
Me suelto
Y el barco rompe el agua
Y ella su huella.




Arte poética.

Sin el prodigio deseo de mi vena
Sin la cualidad del ópalo
Sin la terapia que divide el don
Sin el pretendido purismo
Sin contar que amo mis manos
Sin denunciar que el hombre nos castiga
O que anoche escribí pateando una tapa.
Que no era primavera Que no había luna
Y que me he encontrado con la forma y el tema
Que nada pretenden.




Barro primordial.

Valparaíso espera
Amarrado a la ilusión de la lluvia
Y a la greda que lavará su contaminación.
Si una vez más aprendí
En Sololá En Misiones En Cienfuegos En La Paz
Fue luchando contra mi memoria.
Si no te leo en Montreal es porque duele
Si te leo es porque te sospecho de desafecto
Es porque ya demasiadas veces he improvisado
Es porque resisto a una nueva integración social
Es porque eres los cosquilleos de mi próxima evasión
Y no eres tú
Quien convierte mi exilio en este otro exilio.




Camino.

Mientras buscamos
Un nombre al arte que dará garantías
A esta guerra.
Mientras se desvanece nuestro continente.
Sueño
En esta tierra y en este barco.
Que como yo
No saben adónde vamos.




Chef - d'Oeuvre.

Nada cambia.
Bajo
Me detengo
En una población en blanco
En uno de esos caseríos marcados con un nombre
En una ciudad que soporta
Invitaciones Desembarcos Aterrizajes
De demasiados países
O en una de las astillas del encanto de la naturaleza.
Cruzo la calle Culmina una trayectoria.
Meto la mano al bolsillo y entrego propina
A los movimientos imaginarios
Que en las esquinas Agradecen y envidian.

Poemas II. Alfredo Lavergne.

En el huevo de Colón.

Bajo el cielo contaminado de América
Un error de la chatarra
Carga hacia la izquierda su volante
Se desliza entre un camión y un autobús
Acelera hacia la derecha para alcanzar la limosina
Que va adelante
Decidida a continuar
Con la posesión
Del lujo De la Panamericana De las tres vías.
En este continente han cumplido cinco siglos
Los transterrados.




Estilo.

Tres jóvenes parejas subieron al tren.
Una se abraza e ignora al inspector
La otra se amarra de las manos
La tercera se acaricia y baja la cortina.
El vehículo avanza a toda velocidad
Hacia la estación que me interesa.




Geógrama II.

Porque la palabra,
la libertad
y el espectáculo de las cosas,
se deciden en secreto.




Impermeable.

En ese mundo sin siesta
Muestran Ofrecen Venden
Las postales que coleccionan turistas
Cerebro Sexo Color
Y no saben que si se detienen
De noche o de día
Los robots Las turbinas Los motores
Pueden escucharse los lamentos de los humanos
Y el timbre de voz de los inmigrantes.



La plaza.

Te distraen
El extranjero en tu ciudad
Los asociados entre sí de corazón
Tu gente en los símbolos
La ciencia La ideología El sortilegio La teoría
De la Evolución universal que engendró el Terror
El rescate de la memoria histórica
Y el sentimiento de haber sido observado
Entre tanto disperso.




Lluvia fina.

De una visión de otro mundo
Llegar a las peleas callejeras del cosmopolitismo.
A la gran ciudad industrial
A la cuña utópica del desarrollo
Al realismo urbano
Al mundillo
A la muchedumbre donde el día y la noche se derraman
A la multitud que intenta no despertar a los niños.
Llegar
Y saber que tu cabeza amanece en un mundo sin siesta.




Mar de fondo.

¿Quién o quiénes
Desde el continente observan este barco?.
¿Con quién o con qué hombres
Estoy disputándome
El horizonte?.




Multilateral.

En otro poema El salvaje Y el civilizado
Recorren el vasto territorio
De nuestros 90.000 años. En ese mundo y en el mío
Existen
Una mala respuesta y una pregunta mal expuesta
El sentimiento y el reflejo
El instinto animal y el sentido del honor
Los hombres que prefieren la patria a la humanidad
La provincia
Que después del estado de sitio será como otros países
Y los contestatarios Que cambian
De mano y de memoria.




Nombre de vanguardista.

Como alcachofa que una a una se deshoja.
Sin supuesta superioridad de sabiduría
Sin el remordimiento del justiciero
Sin la baba del defensor del orden
Sin calificativos como puntos de referencia
Sin subentendidos que complican al lector
Sin impunidad frente a la critica literaria
Sin el cansancio de la raíz
Sin la ética pluralista del remolino.
Todo ese corazón teórico mientras orina
en las puertas de los prostíbulos.




Oviscapto étnico.

De poblado en poblado
La modelada El mundillo El furor de vivir
Extiende la divertida mezcla social.
Por un libro Por el periódico
O por el tendido eléctrico recibimos la noticia:
Un español
Que vivió en América
Ha traducido
Al castellano
A poetas románticos ingleses.

Poemas I. Alfredo Lavergne.

1993.

Cuando dejamos estas ciudades
Que parecen bellas y neutras
Con sus delgadas columnas Con sus rectas conquistadoras
Con sus chimeneas de fe Con sus gigantes petrificados
Con su itinerario lineal Con el olvido que se permiten
Cada región que nos siente partir
Nos promete un cese de fuego.




Aleta anal.

Que viajo Que pasa el tiempo.
Que existe el agua y el hombre
Que firman la paz Que no duermen Que chocan
Que se preparan para la posguerra.
Mientras la orilla se transforma en continente
Y nuestro germen se desvanece.




Arrancarse la cola.

Me inspiro
Las estaciones son el suelo
Los puertos el agua y la tierra
Los aeropuertos ¡oh! Los aeropuertos
Porque cuando voy en el aire
Mis sentidos
Despegan
De un viejo poblado
Y de cultos
A nuevas Escuelas Filosóficas.




Autogolpe.

Si con un libro me dan en la cabeza.
Mi mano
Se observa en el espejo para contar sus diez dedos.
Si un país me abandona por su bienestar.
Me pongo su reflejo en la oreja
Y si los contestatarios que se esconden
Detrás de un pueblo
Me entregan la definición de la alegría colectiva...
Desde mi juego de imágenes
Saco conejos
Que van a asistir a todos los caminos.




Brisa continental.

Pasan hombres que descriptan la historia
De nuestra gente... Que la clasifican
En magia inspirada del indígena
En tradición condecoradora del conquistador
En caudillos de las retiradas
En portugueses encantados por la creación de una raza tropical
En blancos que inventaron la carta blanca
En negros que construyeron el aporte africano
En Patriotiquement Correct que soñaron la mort de su francés
Y en libertadores y tiranos que se estudian como elementos.
Qué saben esos sedentarios
Si no se equivocaron jamás
De paraíso.




Caricaturesco.

Antes de presentar una retrospectiva
El poeta
Debe ser capaz de distinguir
La unidad estética La trayectoria
De su lápiz negro De sus lápices de colores
Y las muestras de sombras y rayados
Del pentagrama eléctrico que se extiende
De poblado en poblado.




Comedia ilustrada.

Ni soledad Ni muerte Ni culpable
Porque nacemos para distinguirnos
Porque nos resbalan las influencias impersonales
De nuestros anteriores manuscritos
Y las viejas aclaraciones que creímos nuevas:
"La poesía no es a la palabra
Ni rito Ni culto Ni ruina".
Las bravas mezquindades Los bravos necesitados
Serán los errores de ortografía en esta futura cima
En esta escalera de la estructura que conduce al dolor.




El alcachofa transplantado.

Con el “illo perfectum” de la versorrea
Con la historia de la musa que roba el texto
Con el curso 501 de Identidad Moderna
Con el sanguíneo terminal del turisteo social
Con el eterno mal de envoltorio
Con libros hechos para que nos pensemos
Muy pero muy y más inteligente.
Y desde que Macarena quebró la escoba
Escupió sobre el brillo del piso
Metió la plancha al horno
y se liberó del corazón espinado.
Intenta desesperadamente integrarse
a los vegetales de la izquierda multifacética.




El mirador.

¿Dónde está la identidad que no encontramos?.
En la desposeída En la modesta En la consumista
En ningún lugar
O en la ciudad
Suelta de cuerpo Portátil Traducida.
¿Dónde la carne y el hueso de esta visión
Distinta a todo lo anterior?.
Este otro poeta Este yo En otra Letra
En esfuerzo En ánimo En enfrentamiento
Por segunda vez
Sale Busca
Otros hombres Otros antecedentes Otro mirador

Montreal y el puente
Donde me detendré a meditar acerca de mí mismo
Y de los pequeños triunfos de mi pueblo perfecto.




El séptimo arte.

Las siluetas de las grandes capitales cantan
Un período de precalentamiento
Silbatos Pataleos Aplausos.
La ejecución del repertorio
El vigor El estilo La tradición
Y algunas notas de espectáculos anteriores.
Cada político envía la copia
De otro canto De otro hombre
Aplausos Aplausos Aplausos
Y hay un ritmo
Para que cada boca beba en una mano.