martes, 18 de abril de 2017

Jamás amarlo.

Tiempo abstracto, donde solían perderse sus ojos
Miles de preguntas sin respuestas, para saber si ella iba a volver
Y entre las poesías y los cuentos, que más de mil veces escribió
Abandonó su mejor, y decidió que moriría de amor...

Eligió tener su refugio, a orillas de algún mar
Escribió mil veces su nombre en la arena, con la sangre de un coral
El viento jamás volvió a hablarle de ella, ni de la luna ni del sol
Sólo Dios volvió para hacerlo fuerte, y así darle la espalda al dolor...

Años sin gloria ni pasado, por su vida, alguna vez pasó algún amor
Pero ninguno tan puro y profundo, como el suyo que el tiempo perduró
Con el tiempo, el recuerdo que le quedaba, se hizo parte de su piel
Así con la eternidad en sus memorias, esperó que todo sucediera otra vez...

Pero ella jamás volvió, y hasta llegó a sentir que su espera era en vano
Y con el puñal de la amargura, dejó que la sangre manchara sus manos
Y se fue hacia ningún lugar, donde ella jamás podría siquiera encontrarlo
Porque sabía que el tiempo era perverso, y que ella jamás podría amarlo...




Jamás amarlo.
In anima vili.

Todos los derechos reservados.

©2002

Jamás.

Serás tú, quien deje que las lágrimas se pierdan en la lluvia, quien esté a kilómetros de sal de la luz y de las sombras...
Serás tú, quien decida el lugar y el momento, en que el olvido tenga mejor sabor que el recuerdo...
Y esperarás allí, donde se unan el deseo y las imposibles ganas de amar
Aunque desde allí, ya nadie pueda escucharte, aunque desde allí, tú no puedas regresar jamás...




Jamás.
In anima vili.

Todos los derechos reservados.

©2002

La última vez.

Ella se sentó al pie de una montaña, esperando que regresara
Porque con él se había ido toda su vida, y toda su esperanza
Cuando él se fue dejó que lo acompañara el silencio del adiós
Porque necesitaba de las palabras que le brindara algún otro amor...

Él encontró lo que su corazón en realidad estaba buscando
Pero en los brazos de quien nunca fue feliz cerca del amor
Y ella quizás comprendió que aún no era lo suficiente mujer
Pero que se fuera en silencio y sin palabras, nunca lo pudo entender...

El tiempo los reunió en el mar donde navegan todas las almas
Tal vez porque ella después y más allá de todo, lo seguía amando
Cuando la medianoche los reunió, sus ojos brillaban aún en la noche
Pero se sentían ajenamente extraños, y no recordaban sus nombres...

El viento se los llevó a diferentes lugares del mundo y del universo
Y ninguno de los dos regresó sino hasta los fríos días de invierno
Pero esta vez sus miradas se fueron entre la ventanilla de un sucio tren
Y ambos sabían que nada podría detenerlos, y que esa en realidad era la última vez...




La última vez.
In anima vili.

Todos los derechos reservados.

©2002

Lo que antes creíste conocer.

Juraste elegir entre el olvido permanente y el grato recuerdo
Porque decías que lo que más anhelabas era sentir la libertad
Y escapaste del mundo y de ti misma, una noche que pareció de invierno
Y dejaste que su alma se perdiera en la oscuridad y en el silencio...

Mentiste acerca de las cosas nuevas que llegarían a tu vida
Porque cuando llegaste al límite de la ciudad, nada sabías
Y pensaste en regresar, en vivir, después de todo en sus ojos
Pero al volver viste sangre en las paredes, y su inocente corazón, roto...

Las luces que te siguieron alguna vez, te llevaron hacia la enfermedad
Y creíste que cuando volvían las lágrimas, empezaba el final
Pero su alma supo perdonarte los errores y todos los momentos de dolor
Porque más allá del odio, siempre sobreviviría su amor...

Tu voz se extendió en alguna maldita noche de verano
Pero él prefirió no escucharte desde el pasado y seguir caminando
El tiempo se llevó tu alma, donde sólo descansan los días
Porque después de regresar, nada era lo mismo que tú conocías...




Lo que antes creíste conocer.
In anima vili.

Todos los derechos reservados.

©2002

Lo que deja el dolor.

Ella quiso escapar del sueño maligno que la atrapaba
Y se enamoró del mar, y dejó que las olas se rompieran en su alma
Creyó que después de su amor no encontraría nada más
Porque ella estaba segura del destino, y hasta creía en la eternidad...

Se encontró perdida en el país de los sueños y no quiso despertar
Y aceptó que estaba enamorada y que jamás volvería a llorar
Él dejó que las ilusiones ocuparan su alma, que se llenara de su amor
Porque sabía que el invierno regresaría, y que también regresaría el dolor...

Los ojos del tiempo la vieron soñar en el país de las nubes
Mientras dormía en las sombras del amor, él en silencio moría
Quizás por el dolor de jamás decirle que después de esa noche, jamás volvería...

Cuando despertó no encontró más que espinas y flores muertas
Quiso buscarlo en el camino, pensó encontrarlo rezando en la iglesia
Fue hasta que su corazón se convenció de que jamás volvería en su piel el amor
Sólo falsas promesas, y las huellas imborrables que deja el dolor...




Lo que deja el dolor.
In anima vili.

Todos los derechos reservados.

©2002

Lorelei.

Sus ojos vacíos eran del color del cielo, el aire y las montañas
Su voz de eco y de viento, que una noche se perdió en la inmensidad del alma
Miles de ángeles volvieron desde el infinito, para escuchar su canto
Que se elevaba como una plegaria, para traer paz a los pueblos sin nombre...

Sus pies descalzos la llevaron hasta donde terminaba la cima del cielo
Porque anhelaba ver sus tierra desde las nubes, y sentir en su piel al viento
Pero la tormenta llegó, cuando ella pensó que el pasado jamás volvería
Y perdida en una demencia sin nombre, abandonó la fé, y miró hacia la lluvia, como para seguirla...

Yo la ví riendo, entre las grandes ciudades, toda sucia y abandonada
Extrañamente, sus manos estaban aferradas a una pequeña caja de música
Quise hablarle, decirle que dios la estaba esperando en el horizonte
Pero ella era prisionera eterna de una estrella fugaz, que se perdió en la noche...

Yo seguí sus huellas azules, todos sus pasos dados en la arena
Pero no encontré jamás su nombre, ni quien pudiera conocerla
Por su amor me perdí mas allá del infinito, en el eco de las montañas
Porque quizás estaba allí escondida, o en ese silencio hacía eco su alma...




Lorelei.
In anima vili.

Todos los derechos reservados.

©2002