jueves, 6 de abril de 2017

Poemas III. Alfonso Calderón Squadritto (1930-2009)

De la resignación.

Hubo manos que sumergieron fórmulas
y quisieron volar
como aire o corazón interminable.

Hubo instantes
en que el mar se creyó sangre
y buscó las arterias.

... ... ... ...

Por el cielo...
un ángel sonreía.




He visto.

He visto atardecer tu rostro
en el desvío de unos labios
y al brillo del jazmín.

He visto como a pesar de tu aparición
sobre los cuerpos,
piensas en el fuego y la sangre confundidos.

He visto
que para tu silencio no bastan soledades
ni voces destruidas
y que en un llanto sostienes
las vigilias del alba.

A lo lejos,
mil azucenas te miraban
como en una angustia de hueso.




Moriré en el sur.

Háblame de tus venas
y la espuma amarillenta de las lágrimas.
Háblame del torrente salobre
que los dioses desdeñan.

Escucha la marcha de la muerte
en un silencio hermoso
como la delirante soledad de una tormenta.

Háblame de la estrella rota en la lluvia
y del espejo erguido en el murmullo
de un cuerpo sin melodía.

Escucha el eco prodigando labios
y el silbo del ramaje triste
en la lejana eternidad.

Háblame de las rosas viejas
y del mármol esculpido en fatiga de ángeles,
perdidos en la forma.

Después...
Escucha la humedad de unos siglos arrodillados
repitiendo mi muerte, allá en el Sur.




Noche con alas.

¿Quién se acerca
a los designios del labio?
¿Quién desnuda tus manos
en un brillar de venas?

Y al fin de la noche,
¿qué misterio párpado
Vio ocultarse la última estrella
tras el límite de tus ojos?




Preparación para el olvido.

Qué triste es el sonido
que busca las manos
sin devolver ecos.

Qué poco basta
para entregar un labio
al esquema de un beso.

Y en fin qué solos quedamos
cuando un llanto nos sobra
y es inútil toda huída.




Ritornelo.

Una lágrima o un beso.
Un silencio entrecortado en rumores.
Una mano de nieve.

Atardecer.

Cabellera en sombra.
Lento paralelismo de unos labios.
Una hoja que resbala en las pupilas.

Nada más.




Volumen del olvido.

Como una lejanía sin respuesta
estás presente en todo:
en los muslos renegridos de unos árboles,
en la tibia ausencia de unas hojas detenidas
en el cansancio sin forma del ser perdido
habitante mojado de los atardeceres del sur.

Todo está en tu aire tembloroso
con fragancia a lluvia o luna de diciembre.
En tu sabor dulcemente extraño
perpetuando la noche temblorosa
de la infancia extraviada entre los labios.

Eres el anochecer de marzo con sus horas plenas.
Eres musgo o presencia helada
recorriendo no caminos sino cuerpos,
a ratos lentos, a ratos sigilosos
hacia el gimiente pulso de un límite

Poemas II. Alfonso Calderón Squadritto (1930-2009)

Cuerpo o sonido.

Toda a los labios son estrellas
en este antiguo amor,
en este gastado roce silencioso;
y las cabelleras quisieran ser bosques
o corazones implorando rostros

Todavía hay horizonte en el goce de unos ojos
y no escapan lunas ni mareas
al golpe sombrío de unas voces.

Todavía los cuerpos se aman en silencio...




Eres el anochecer.

Allí donde comienza el silencio,
estás tú,
toda deseo, toda extensión
como hierba o álamo solo
que recoge el instante puro de unos sueños
en la triste, tan triste presencia de unas manos sin venas,
blancas y solitarias como el dolor,
blancas y pausadas como el olvido mismo.




La muerte está en el olvido.

Tengo estos huesos hechos a las penas.
MIGUEL HERNÁNDEZ



Este cuerpo ya sobra en el olvido
de un aéreo silencio vibrador
donde los años llegan con rumor
de arterias aplacadas sin sonido.

Esta tristeza devuelve el dolor
de unos muslos ausentes y perdidos
tal espuma interpretada en sabor
a sangre y labios consumidos.

Este ciego instinto de unas penas
en el atardecer angustiado de los huesos.
Este engaño de una sonrisa que apenas
en el fondo es un cielo o unos besos
y que en la muerte será un rostro espeso
que dulcemente ocultan unas venas.




No hay instantes solos.

La noche comprende esa música total
de la boca creciendo en el tiempo.

Por eso,
nunca estamos solos,
corazones ignorados,
porque siempre una estrella nace en círculos
deslizándose en la geometría de las manos,
y la noche nos ubica como la sangre perdida
que la pupila no entiende.




Plenitud de la tristeza.

Tal la tristeza ciega,
enhiesta como espada sin origen
o muslo victorioso de muchacha.
Alta... grácil. Así te tuve.

Como difuso deseo,
buscando graciosa criatura
tu rostro bienamado en la ceniza.
Nimbo solitario. Así me encuentro.

El sol caía tal alba entre las hojas,
cuando tu cuerpo aéreo y transparente
entró arrebatado por los dioses,
sin regazos ni pechos, mas tranquilo,
a ese mundo yacente y olvidado
que sobra a los párpados sin alcance.




Primer consejo a los arcángeles del viento.

Vosotros
estáis callados
arcángeles del viento.
No sentís el temblor de unos muslos
ni el clamor de las venas;
no os importa
el latido de una estrella
ni el fin de la espuma.

¿Para qué
iluminar las horas
si no cantáis a la luna efímera
que resbala en el cielo?

Cuando sepáis contemplar
el vibrar de la mejilla
y el caliente esquema de un vuelo.
Cuando podáis presagiar la estrella
en el misterio de una paloma vegetal.

Entonces os comprenderé,
y habrá en el reino de las plumas
otro pretendido pasajero
de la ceniza y el reflejo.

Yo abandonaré la penumbra
de las lentas manos de llanto,
para mezclarme a vosotros
en una rosa de escarcha
o en la agonía de un pez de magnolia.

Y entonces,
entraré al reino del silencio.




Sueño de unas sombras.

Tú...
en las estrellas.
Yo...
en el agua.

Y así para nosotros
la noche entró a los caminos
como un buey de sombra.

Se aquietaron las voces azules
de los astros lejanos,
y en un temblor de labios
presentí el silencio.

.......... ....... .........

Al despertar
un jazmín de luz en tus palabras.
Nadie...
en las estrellas.
Nadie...
en el agua.

Poemas I. Alfonso Calderón Squadritto (1930-2009)

Buscaremos a los dioses.

Tú que sabes del tibio acento de las plumas
y del calor infinito escondido en la nieve
trata de penetrar en este vago porvenir de sueños
en prodigio de savia o rosa adolescente.

Recuerda que aún debajo del laurel
está la axila resplandeciente de un cuerpo lejano;
y encima del labio hay un sonido eterno
a muerte o esperanza calcinada.

Y recuerda finalmente que un día prometidos a la sombra
buscaremos juntos la comarca del silencio
y entraremos puros como pájaros sin límite
a contemplar la mirada altiva de los dioses.




En busca del desiginio.

Buscad
labios perdidos,
lejos del eco imaginario
que despiertan unas plumas.

Buscad
corazones que saluden,
más allá del parpadeo
que nos une a la rosa.

Buscad la luz
más allá de los designios del alba,
en el rostro de unas voces desveladas
que subliman las últimas violetas.

Buscad
finalmente el silencio,
más allá del cuerpo que se mira
presagiando sollozos.




Huida del cuerpo.

Recorriendo tus labios busco en cada beso
un sonido a flor o vena consumida,
amoroso afán de un corazón vacío.

En cada brazo que tristemente gime
un pájaro silencioso muere en tus dedos;
anhelando aéreo, fugitivo
esa catarata de cabellos deshechos
en ruidos de olvido.

Ay la rumorosa ternura que sacude las manos
cuando el cuerpo fluye gris y sin mirada
por los ojos escapando hacia el cielo.




Mujer dormida.

Estás sola en la playa,
bienamada,
y tu cuerpo acariciado por los vientos
recuerda la espuma sollozante.

Estás sola, mas en tu soledad
virgíneos te rodean los sueños,
y esa arquitectura tentadora del mar
nimbando olas tal cuerpos poseídos.

Sueñas, mas los sueño, amor mío
son los arcos del amor,
y después en el recuerdo
sólo habrá un perfume a labio pensativo,
un sabor a planeta yacente y tembloroso,
como la lluvia, suave,
como el silencio, dulce,
como el olvido, absoluto.




Para no amar.

No quiero ya latidos que condenen
justificando tu ausencia revelada,
ni menos pechos doloridos
que presuman la tristeza de tus manos.

No quiero adivinarte las pupilas
de sosiego, como luna para amar.
Música esculpida en nieve, eres
con rumor a flor incalculable.

No quiero amor brillar contigo
en la luz de un astro aparecido,
porque tras nosotros va siempre
el olvido tumbando primaveras.

Que si una suave presencia acariciada
entrega el brillo de una luna desvelada
al fin nuestros cuerpos
se apagarán en la sombra
en un silencio tangible y presentido.




Presencia de unas lágrimas.

Qué presentido sol
o luna aparecida
dio con el océano de tus lágrimas.

No sé si eras una mariposa
o el límite de una estrella.

Eras tú misma...
Ave que truncó su melodía en este cielo
esculpido de sueños.

Acaso
eras una lágrima de nieve
o una rosa que se desnuda en el alba.

Acaso...




Soledad en el olvido.

Sucede a tu silencio la tristeza;
el ciego lamentar de unos labios
en el rostro pertinaz y retenido
de tu cuerpo eclipsado por el tiempo.

Lejano está el resonar de dos alas
que infinitas nos dieron el amor;
el frágil suspiro adolescente
que súbito llega hasta el sollozo.

Todo pasa.
Ese aire que innominado te habitaba
hoy sucede a la sangre en tu latir;
y al beso una lágrima intacta
reemplaza rumorosa en la garganta,
tal la luz que un día acarició
inerme y pura un cielo indefinido
y en el reflejo de los ojos solos
denominó presencia de tu cuerpo
lo que hoy en el olvido es soledad.