jueves, 26 de enero de 2017

Estoy aquí. Antonio Brañas (1920-1998)

y no encuentro la palabra justa.
Soy el mal poeta,
con la luna, el amor y la muerte
rodeándome de constelaciones.

Enfrente
pasa sojuzgado mi pueblo
-un grito en brazos.
Pasan clínicas de infertilidad
y condecoraciones internacionales,
y llegó a esta hora de mala poesía
de par en par cerrada,
el tiempo justo para mezclarme
a vírgenes titulares, arcángeles
campesinos, máscaras ceremoniales.
Yo que me pierdo en la sangre de todos:
yo, el mal poeta,
el fabricante de paraguas nocturnos
que ama el nombre de los ríos
y pelea contra la estatua ecuestre
de la mala poesía

Cat nu ganeh. Antonio Brañas (1920-1998)

No es la flor abierta.
No son los pasos en las escaleras.

No son los ofrecimientos
ni la tristeza, a ratos, de la tarde.

No son los frutos: provincia de delicia.
Ni las estaciones agrupadas.

No son las calles bajo la lluvia
ni los sueños realizados.

Si lo piensas bien,
acaso recuerdes un germen, un suspiro.
¡Oh tus manos de palidez y añadidura!

Así en la tierra como en el cielo. Antonio Brañas (1920-1998)

Todo lo di al sol.
Todo menos mi sombra

Apollinaire

El día de hoy
te sumas a los muertos de la tierra.
Ahora nos separan
esculturas piadosas,
obra de manos oscuras y mortales
también ellas.
Serás definitivamente
este sector de rígidas
construcciones marmóreas
y alamedas;
lentas soledades
custodian y ensombrecen
las desnudas paredes.

Se apartan de tu frente
manantiales y venas
y esta solo gozando
sin jactancia ya desatados lazos
y necesidades,
y dócil hasta cuando incorporado
al ladrillo y los otros
materiales llegas a inaugurar
la tierra por tu cuenta,
la sostiene un poco,
algo la extiendes para los pasos
de los que sobreviven.

Descansa en paz, oh complicada
oh elaborada eternidad concluida.

En donde el tiempo pasado me detiene. Antonio Brañas (1920-1998)

Paso la mano sobre todos
estos años transcurridos.
Una mano que no me reconozco,
ociosa casi siempre,
tejedora de telarañas
en sórdidos tugurios,
pulsadora de instrumentos
desechados.

La mano que, hoy domingo
paso sobre el tiempo ido
se mueve por su cuenta
en la luz fría,
margarita estallada.

Y si su impulso asusta
a las graves palomas
o su impiedad
da fuego a voces,
pinta letreros clandestinos,
abre la tierra en busca
de secretas consistencias
yo no
la culpo, pues
esta mano que paso sobre el tiempo
acabado anda en busca
de no sé qué hermanos,
no acierto qué aventuras.

Cantares. Antonio Brañas (1920-1998)

tú vives en mi mente...


Antes de las estrellas inminentes
Antes del fuego diseminado
Antes de la luz reconstruida
Antes de las voces calladas
Antes de la rosa en la lluvia
Antes de su mano olvidada
Antes de los corazones en la carta de amor
Antes de la tarde inmóvil bajo el árbol
Antes de las cosas que siguen su camino
Antes de la media luna en los fríos corredores
Antes de su pelo ya tiniebla y pasado
Antes de las arenas sumergidas
Antes de los jazmines en el cine rural
Antes de mi voz todavía futuro
Antes de las estatuas de paso vacilante
Antes del jardín donde te escribo
Antes del humo que habitas desolada
Antes de la piedra movida casualmente
Antes de la primavera en el Jardín Botánico
y los aviones densamente lejanos
tú conmigo en la luz de azul enredadera
en el golpe de sangre de mi frente
donde aprendida fábula de viento y encinares
te quedas lentamente

apenas tiernamente arrulladora de ojos brillantes Te deseo


...aunque tal vez el rostro indiferente

Arte poética. Antonio Brañas (1920-1998)

Escribe sin descanso, con fe, cólera, envidia,
amor, ilusionadamente, sin esperanza.
Escribe como quien cierra ua puerta
de una a otra nada.

Estás vivo: te hiere el engaño de palabras técnicamente
reunidas, lloras por el pequeño hilo del manantial que pasa
olidándote. Júntalo en poesía.

-Alguien cae.

Lo esperan privaciones, una muchacha, los días rigurosamente
/inciertos
Canta. Pon en su camino la poesía.

Y alguien pasa.

Cuando sueñas, lloras o bailas como un loco y el temor acecha,
te duele el tiempo perdido y llueve. Escribe entonces.

Persona desaparecida. Antonio Brañas (1920-1998)

Esta tarde Marta Rosa
cierra las puertas a la poesía.
Se tiñe el pelo
y sale en busca de su amor perdido.

Hace mucho tiempo
quiso entrar al cine: vio
que la película era mala
y se fue -indecisa y llorosa-
por la 9a. avendia zona 1
perdidamente sola.

Ahora camina sobre la luz de ayer.
Cerró las puertas a la poesía
y no regresó jamás.

El hijo pródigo. Antonio Brañas (1920-1998)

El perro en las gradas del umbral.
La luz solicitándonos veredictos imparciales.
Todavía para recordar el río de un puente a otro.
El cielo recobrándose a sí mismo llave perpetua.

Cuando los ojos son
un rumor de palabras, un árbol caído,
y el día distribuye verdes cantidades,
yo recuerdo el calor de su pie desnudo,
secretamente en medio de compañías insólitas.

Tarjetas conmemorativas de la velocidad terrestre,
vehículos en desuso, símbolos,
una vez la puerta cerrada conduces
rebaños de humedad,
círculos de sonido apagado.

No cambies de postura
no beses la mano confiada al reposo
mira el silencio a través de las vigas
en hollín en la ventana
los utensilios domésticos unidos
al móvil de las estrellas
y la sangre que corre a entregarse
y las rosas dispuestas para festejarme.

Sólo hay
un corredor brillante,
unos pasos dulcemente impacientes,
bienvenido oh viento
sin habitaciones.

Blues. Antonio Brañas (1920-1998)

De gris cristalería, plumas
sobre los puentes ferroviarios.
De veloces astillas. Gacela maniatada.
De compromisos frutales y margaritas.
En hélices que narran la fórmula de las estaciones.
Y silencios de ardida superficie.
En terrenos baldíos donde los niños lanzan
increíbles estrellas al corazón de las hojas futuras,
mi propio corazón guardado por infieles llaves,
mi mano derecha consagrada al olvido,
al fuego de este día que pasa sin detenerse
en acuerdos de índole amorosa
ni en las cartas que se escriben esperanzadamente
ni en el rumor de la sangre en un vaso de rosas fugitivo,
y tiñe de vejez el vuelo de tu falda,
cuando en arcos sonoros, tú, la sonriente,
provocas su ademán adusto,
distraes su intención fluvial.

¿Entonces?
Entonces, nada.
Sólo que, la melancolía,
en ventanas firmemente escolares,
giradora en el vacío de los árboles,
sobre el austero césped dominical
sin testimonio,
únicamente en medio de la lluvia
que posiblemente cae con designio sagrado:
cae sobre las manos de mis antepasados inhábiles guitarristas,
dulces adoradores de la piedra tallada.
Sobre sus ojos ausentes,
rota en girasoles, cae
llena de instrumentos sonoros totalmente anegada
de puentes sojuzgados.

Adolescente desnuda. Antonio Brañas (1920-1998)

Cuando en las enredaderas
la voz tiembla de miedo
y se pierden los ojos
en busca de una flecha de diamante
obscuro.

O sea una niña
a la orilla del agua
esperando
tener otra vez las manos
(-La voz ligeramente azul)
los pechos sin herida,
limpios de incertidumbre
y prematuros.
Si no me explico bien
diré de nuevo,
que acaso entre los juncos
y las enredaderas,
se encuentre con la luna:
florecida entre ramos de silencio perfecto
y sangre amenazada.