domingo, 22 de enero de 2017

El misterio del Mary Celeste. E.

El 5 de diciembre de 1872 la goleta inglesa Dei Gratias navegaba a unas 600 millas de las costas portuguesas cuando un barco que zigzagueaba con las velas desplegadas llamó poderosamente la atención de su capitán. El capitán David Reed Morehouse, avistó al bergantín y decidió acercarse extrañado por el rumbo que seguía. Conforme iba acercándose pudo leer el nombre del “Mary Sellars, Mary Celeste” al que reconoció inmediatamente, sin dudarlo el Dei Gratia se situó al costado del misterioso barco. El capitán Moorhouse utilizó el megáfono y preguntó si necesitaban ayuda; nadie respondió al llamamiento.

El velero navegaba con rumbo fijo y estaba en perfecto estado de conservación, Moorhouse preocupado, ordena al primer oficial, Olly Deveau, que tome a cinco hombres y que aborde al pequeño bergantín. Arriaron un bote y a los pocos segundos consiguieron abordar el barco. La primera inspección ratificó que el barco estaba desierto, no había ningún rastro de la tripulación, habían desaparecido por completo. Los botes estaban sin arriar; el interior de la embarcación estaba vacío, y el cargamento junto con todos los víveres estaban intactos. El primer oficial encontró joyas, dinero, un valioso medallón de oro, muebles, libros, cartas personales y prendas de vestir. Todo estaba en orden, parecía que la tripulación todavía seguía allí; pero no había nadie. Era un barco fantasma.

Deveau encontró tirada la barra de sondeo, inmediatamente la utilizó para comprobar el nivel de agua que había en la sentina, una vez verificados los datos, comprobó que sólo tenía un metro, lo que no parecía suficiente razón como para abandonar un barco de estas características.

Pero lo que sorprendió aún más a Deveau, fue hallar en la cocina, sobre un fogón todavía caliente, una cacerola con un pollo recién cocido y unos tazones de té aún tibios sobre la mesa central, la pipa del capitan aun ahumeaba, y habia comida servida en los platos sobre la mesa del capitan y su familia.

Todos los datos eran confusos, todo estaba ordenado, los objetos pequeños reposaban en sus mesas y estantes, si hubiera habido un temporal o colisión se hubieran caído.

El diario de navegación lo encontraron en la camareta del capitán y la última anotación del 24 de noviembre no reflejaba nada extraordinario que pudiera explicar la misteriosa desaparición de la tripulación.

El capitán Moorhouse fue informado inmediatamente, sólo pudo deducir que la tripulación había sido víctima de una tormenta, pero Deveau, contradijo a su superior: “He encontrado una máquina de coser y sobre ella un frasco de aceite que difícilmente hubiera aguantado ahí de haber sufrido un fuerte oleaje”. El capitán miró a Deveau. En su rostro se reflejó la perplejidad. ¿Que había sucedido con la tripulación?. ¿Por qué huyeron? y en tal caso ¿Con que medios, si los botes de salvamento estaban todos en su sitio?. Finalmente Moorhouse hizo pasar algunos hombres al barco fantasma, con la intención de tripularlo hasta Gibraltar donde presentó una demanda por indemnización por su recuperación.

Varias versiones fueron dadas para dar teoria a la desaparicion: unos dicen que el barco fue atacado por una criatura marina monstruosa que asesinó a todos, otros que fueron secuestrados por piratas de la epoca, pero dichas teorias tuvieron replicas puesto que el barco estaba en perfecto estado como para haber sido atacado por un monstruo o piratas.

Hasta el sol de hoy nada ha podido explicar que habra sucedido aquel dia de diciembre de 1872 a bordo del Mary Celeste, este es ahora uno de los misterios más intrigantes de la historia naval y marítima.

El collar de perlas. M.K.

Una noche más, la esposa dormía junto a su marido en la cama, en su viejo casal, en su vieja urbanización, lo habitual, pero esa noche, un pequeño hecho, de no más de tres minutos, perturbó para largo aquella rutina.

La mujer se despertó en la oscuridad, con sus ojos ya acostumbrados se incorporó y bebió un poco de el vaso de agua de la mesilla, entonces lo vio, en el fondo de la habitación, en la esquina, al lado del armario, inmóvil, había un hombre. La mujer dudó si no sería la silueta de un abrigo o algo parecido, pero tras mirarlo unos segundos, al ver que no se movía más que el perchero de la izquierda, tranquila, intentó despertar al marido.

-Cariño, hay un hombre en la habitación.

-No es nada, duérmete.

En vano intentó de disuadirla, ella se preocupó más y siguió mirando la inmóvil figura de la esquina.

-Cariño, de verdad hay alguien en la habitación ahora mismo.

Antes de que el marido se incorporara a dar la luz para callar a su mujer, la figura salió corriendo hacia la mujer, a lo que ella gritó, alertando al marido y a los hijos, pero antes de que pudieran reaccionar, la figura cogió torpemente el collar de perlas de la mesilla de noche y echó a correr por el oscuro pasillo, perdiéndose entre las sombras de la casa.

Nunca se supo más de aquella figura, ya que no se le vio la cara, ni el collar de perlas, ni de ciertas joyas más. Os aseguro que la mujer tardó meses en volver a conciliar el sueño.