viernes, 30 de junio de 2017

Voces de juguete. E.E.

Eran pocos quienes creían que no fue un accidente. No es común que un pequeño que llama “bebé” a su hermana, la mate de una forma tan fría y sobre todo, cruel.

La bolsa de plástico en su cara, la bola de algodón en su boca, casi hasta la garganta, sin duda era parte de un juego. De esos juegos que los niños a veces tienen, pero que rara vez traen consecuencias funestas.

A sus 7 años no le era muy fácil comprender a la muerte, que de hecho, jamás terminamos de comprender; pero algo le quedaba claro: jamás vería a su hermanita de nuevo. Nadie lo haría. Y todo por su culpa.

A veces, mamá lo enviaba a buscar cosas en la habitación de su hermana. A limpiarla, le decía otras tantas.

A él no le gustaba entrar ahí. Mucho menos permanecer. Pero eran las órdenes y debía hacerlo.

En cuánto entraba podía oler el perfume de su hermana, la pequeña Ximena, que si bien ya no tendría porque estar ahí, lo estaba.

Luego le parecía escuchar sus risas y sus gritos. Los mismos gritos y risas que soltaba cuando correteaban alrededor del comedor, o al intentar esconderse bajo la escalera. Pero nada de eso sucedía en realidad. Todo era en su cabeza, porque no volvería a pasar de nuevo en lo que se llamaba el mundo real.

“Juega conmigo, hermanito”.

Salía tan aprisa como entraba. A veces estaba tan aterrado que olvidaba por que había ido, y tenía que volver.

“¿Por qué ya no juegas conmigo? ¿Ya no me quieres?”

No era posible que esas voces las oyera en su cabeza. Era, de cierta forma, la voz de su hermanita, pero algo tenía de siniestro.

“¡Vamos a jugar, hermanito!”.

Se volvió intolerable. Hasta alguien de su edad sabía que esa voz no venía de dentro de su cabeza, sino de fuera. Miró a todas partes hasta que su vista se posó en la muñeca preferida de su hermana. Una muñeca enorme que a veces parecía ser más grande que Ximena, incluso.

Los ojos vidriosos de la muñeca le miraban atentamente. Algo de esos ojos lo atrapaban, le impedían moverse. Giró la cabeza lentamente, aunque sólo un cuarto de vuelta.

Pronto descubrió que es un grave error contar cosas como esa a los padres, pues no siempre entienden. Le habían dicho cosas que se podían resumir como: “¿Quieres llamar la atención incluso después de LO QUE HICISTE?”.

En realidad nada cambió. Lo seguían enviando a la vieja habitación. Ahora, de hecho, parecía ser un castigo. Y la voz seguía ahí, a cada paso que daba era observado.

No quería escucharla. No quería.
“Y puedes dejar de hacerlo, si quieres…”.

Volteó hasta donde surgió la voz. Si, era la muñeca que lo miraba aún con esos ojos vidriosos y terriblemente reales. O al menos, aparentaban una mirada bastante “humana”, por decir algo.

La miró, tratando de controlar su miedo. “Si, si quiero”, dijo casi instintivamente. Pudo jurar que la muñeca le sonrió.

No se lo dijo, pero supo lo que quería; y es que no podía ser de otro modo. Pero no era capaz de hacerlo… ¿Era preferible escuchar esa voz para siempre, quizás?

Salió aún abrumado de la habitación y corrió sin detenerse hasta que estuvo en su propia cama.

Tenía que pensárselo bien. Muy, muy bien.

Salió de su habitación a mitad de la noche para mitigar su sed. Bajó las escaleras procurando no hacer ruido; despertar a sus padres sería un gran error.

Luego de tomar un vaso de agua subió las escaleras otra vez. Esta vez notó que la habitación de su hermana tenía la puerta abierta. Una luz salía de ella.

Al traspasar la puerta pudo sentir el cambio de ambiente. El aire se notaba enrarecido y sus pasos eran mucho más pesados. La luz provenía de la lámpara de noche de su pequeña hermana. La apagó dulcemente, con lágrimas en los ojos y se apresuró a salir. Pero no pudo. Algo no lo dejaba avanzar ni un poco. Él sabía bien que era.

“Hazlo y todo esto terminará. Sólo juega una vez conmigo y se acaba… lo prometo”.

No tenía otra opción. Quería deshacerse de esa voz en su cabeza, en la boca de la muñeca.

Bajó a la cocina. Tomó un cuchillo decidido a “jugar” con la muñeca preferida de su hermanita. Subió despacio las escaleras, abrió silenciosamente la puerta de la habitación de sus padres y los miró dormir más apaciblemente que de costumbre. Casi se arrepentía de hacerlo, pero deseaba dejar de escuchar esa maldita voz. Cerró los ojos, respiró hondo y con el corazón lleno de ira, procedió a cortar sus frágiles venas de 7 años.

La casa del infierno. T.

La casa nadie la había visto nunca, solo la escuchaban mencionar. Una casa tan tenebrosa que cuando la miraban los que conseguían dar con ella provocaba pánico, su leyenda llevaba consigo el alma de mucha gente desaparecida. A las orillas de la ciudad de Zacatecas mucha gente se dedicaba a investigar su paradero sin éxito, nadie sabía dónde estaba, excepto tres: Pablo, Ángel y Miguel.

–Qué demonios es esto –le dijo Miguel a Pablo
–No lo sé, vamos a abrirlo, seguramente también es basura –respondió Pablo algo desanimado.
Ambos se apresuraron a abrir el pedazo de pergamino que habían encontrado en el sótano de la casa de sus padres, ya que eran hermanos. Soplaron sobre la superficie enrollada y de ella brotó una ráfaga de polvo hacia su rostro, tosiendo ambos inmediatamente. El pergamino no tenía nada inscrito en el: ni fecha, ni letras.
Solo un pequeño mapa
Los dos comenzaron a analizarlo y después de varios fatídicos minutos de pensar a donde los podría llevar ese mapa Miguel grito: –Mira Pablo! Creo que esta es la escuela, y esto, esto puede ser el río que lleva a las minas, lo ves? –Pablo no menciono ninguna palabra porque sabía que lo que le decía su hermano era cierto, el mapa tenía mucha similitud a donde ellos mencionaban. De hecho, era exactamente igual.
Acto seguido, ambos se miraron al unísono y se dijeron al mismo tiempo
–Creo que sé a dónde te lleva!
Comenzaron a hacer planes para visitar “la casa del diablo” así era como le habían apodado los que la conocían, prepararon todo para la noche siguiente: Lámparas, cámaras fotográficas y de video, etc. Estaban muy entusiasmados por que eran los únicos que conocían la ubicación de la casa, el mapa no mentía, además el mapa indicaba la ubicación de la casa para donde la gente que según decía “había sobrevivido a ella” señalaba. No iban a ir solos, le dieron la buena noticia a su amigo Ángel que inmediatamente se tornó emocionado y accedió a ir con ellos.
–Ya son las 11:30 de la noche y no conseguimos ver ninguna puñetera casa! –exclamó Ángel con algo de enojo en la voz
–Estoy seguro que es por aquí, así lo dice el mapa, o no Pablo?
–s-sí, wow hace algo de frío aquí arriba, casi cruzamos los dos cerros y nada, además ya está muy obscuro y solo, creo que deberíamos regresar –justo cuando Miguel se disponía a contestar Ángel grito algo:
–Joder! Ya vieron lo que está allá? Apunten su lámpara rápido!
Los dos se apresuraron y la vieron… era la casa!
No podían creer lo que estaban viendo, era una casa muy grande, en su tiempo fue lujosa, ahora con el tiempo estaba tenebrosa con casi todos los cristales de las ventanas destrozados, el obscuro de la noche le daba un tono verdoso y parecía que se estaba derrumbando, de las esquinas y de la puerta principal salía yerba verde y seca, a pesar de esto, la puerta estaba cerrada. La casa era de dos pisos y el techo lo adornaban gárgolas que parecían resguardarla. Y como habían afirmado los rumores: A los tres les recorrió un escalofrío de los pies a la cabeza cuando la vieron y comenzaban a arrepentirse sobre la idea de adentrarse en ella y averiguar lo que resguardaba. Miguel pensó que al fin su larga búsqueda no había sido en vano.
–m-muy bien –dijo Miguel– ya la vimos, tomémosle una fotografía y larguémonos de aquí
– ¿Qué? –Respondió Ángel– ¿acaso estás loco? Entremos a esa casa de una puta vez! O que ya te dio miedito?
–Si es cierto Miguel, además ya veníamos preparados, ahora te aguantas!
Cuanto más se acercaban a la casa más ganas les daban de salir corriendo de ahí, sin embargo no iban a hacer eso, nadie sabía dónde estaba y muchos curiosos e investigadores duraban años buscándola sin éxito, ellos la habían encontrado, comprobarían la existencia de esa vieja casa, serían leyenda.
Entraron fácilmente por la puerta, que se encontraba semiabierta aunque era de una madera muy antigua y pesada, el ruido de los goznes de la puerta al abrirse hizo que les rechinara la piel también, pero siguieron adelante, Miguel se fijó en una frase que decía en letras grandes en la puerta de madera: “Domui Heli” haciendo caso omiso de ellas.
El miedo se apoderó de ellos y sus piernas comenzaron a tambalear sin que ellos les diesen alguna orden de hacerlo, entraron por completo y comenzaron a avanzar muy despacio, atentos hacia cualquier ruido ajeno al que ellos provocaran. Había una pequeña salita con siete puertas de madera cerradas con un gran candado a su alrededor, cuando caminaron hacia la primera puerta indecisos, los tres dieron un gran salto a escuchar que la puerta principal se había cerrado fuertemente a sus espaldas. A los tres les entraron ganas de llorar por lo que estaban viviendo y en lo que se habían metido, pero trataron de calmarse con el clásico dicho “seguramente fue el viento” que ninguno de los tres sabía que era cierto. De pronto comenzaron a escuchar murmullos, como si alguien estuviera hablando en voz muy baja, pero no uno, sino muchos, ahora corrieron hacia la primera puerta y justo cuando se decidieron en regresar, la puerta cayó hacia adentro sin que nadie la hubiese tocado provocando un fuerte estruendo.
Se apresuraron a entrar, cuando sucedió.
Las lámparas que llevaban consigo fallaron al mismo tiempo y todo quedó sumido en la obscuridad. Nadie era capaz de pronunciar palabra alguna.
–Vámonos de aquiiii! –gritó de pronto Miguel
Los tres comenzaron a correr desesperados pero no encontraban salida alguna, solo obscuridad –traten de ir calmados palpando la pared hasta que den con alguna puerta –dijo Ángel con desesperación en la voz
Un fuerte olor a azufre comenzó a penetrar sus narices, una densa neblina invadía ahora la casa, se comenzaron a escuchar miles de gritos y lloriqueos, como si estuvieran en el mismísimo infierno, tarde o temprano descubrirían lo que estaba pasando: La casa se estaba incendiando, las llamas del fuego les permitieron ver donde estaban y no recordaban haber entrado allí. Estaban rodeados de cientos de puertas, no se decidían por cual salir, pero tampoco la desesperación y el pánico cedía a dejarlos pensar, de pronto se escuchó una voz tan tenebrosa que los hizo temblar de miedo:
–Solo una puerta es la correcta, si no salen de aquí pronto, aquí se quedarán
Comenzaban a asfixiarse entre el humo del fuego sin saber qué hacer, el fuego estaba a punto de tocarlos a ellos cuando escucharon nuevamente la voz:
–Entréguenme una alma y os dejaré ir en paz! –por supuesto no se prestaron para eso, ya no podían respirar, y corrieron hacia la primera puerta que miraron. Cuando la abrieron una grande ola de fuego se desató contra ellos, Miguel, desesperado dijo: -está bien está bien, te entregaremos el alma de Ángel.
Pablo volteó a ver a Ángel extrañado de que no pronunciase una palabra contra lo que acababa de decir Miguel y se dio cuenta de algo. Ángel estaba desmayado, de pronto unos animales surgieron directamente del fuego hacia Ángel, comenzaron a devorarlo ferozmente, comenzando por la cara, Miguel y Pablo al contemplar esto comenzaron a llorar desesperados y de pronto ya no sintieron el calor del fuego, ni el humo que este provocaba.
Solo sintieron frío.
Estaba tirados donde había estado la casa antes, solo que ya no estaba la casa, ni Ángel. Buscaron la casa pero no encontraron nada, miraron su reloj y no pudieron emitir palabra alguna, había pasado una semana. Cuando bajaron hacia la ciudad de Zacatecas ya los habían dado por perdidos a los tres, contaron todo lo sucedido en aquella casa y nadie les creyó, mucho menos los padres de Ángel, que exigían respuestas.

Miguel y Pablo se encontraban en sus respectivos equipos jugando futbol callejero, cuando de pronto llegó alguien y se paró a mitad de la calle. Este vestía todo de negro y un gorro negro le tapaba la cara, les hizo señas a los dos para que lo siguieran
–¿Quién demonios eres? –preguntaban los dos
–pues será mejor que vallan para que lo averigüen –les respondió uno de sus amigos
Al acercarse a él y preguntarle qué era lo que deseaba se descubrió el rostro y los dos casi se desmayan: Era Ángel, solo les pronuncio unas palabras:
–Sí, me llevaron a la casa del infierno, y pronto yo los llevaré conmigo…

Amor inmortal. P.

Dice la leyenda que Jay viaja en una calle oscura a altas horas de la noche solo para llegar finalmente a su casa donde lo esperan su esposa y sus dos hijos. Escuchando música para evitar quedarse dormido al frente del volante. Inesperadamente en una curva se encuentra con la sensual silueta de una mujer de cabellos dorados que rápidamente le pide que se detenga con su mano derecha Jay se detiene, sonriendo le abre la puerta dejándola pasar para que no pase frio.

-¿Qué haces sola a estas horas por aqu??

La chica solo le sonrie y sigue mirando hacia al frente él queda totalmente prendado de la belleza que tiene y mirándola decide encender el auto y seguir su camino. La chica enciende un cigarrillo y continùa callada sintiendo la brisa en su rostro. Jay se da cuenta que ya es bastante tarde asi que le propone quedarse en un hotel cercano, ella solo contesta con la cabeza y sonrie.

En la habitacion tienen relaciones íntimas durante horas y él queda totalmente enamorado de la chica que resulta llamarse “Raquel”. De madrugada Jay la busca a su lado para continuar su camino y se da cuenta que ha desaparecido de manera extraña. A su lado encuentra una nota dando una direccion, él va en busca de su amor teniendo la sorpresa de que Raquel habia muerto hace 20 años atrás en un accidente de auto en la misma curva donde él la encontró.

Desolado y solitario regresa esa misma noche a la curva alli se vuelve a aparecer ella, Jay alterado detiene el auto y la llama por su nombre .

– ¡Raquel!, ¿en realidad existes?-

La chica sonrie nuevamente..

-Si, Y esta vez tu vendrás conmigo-

La muerte de Jay fue descubierta al día siguiente aparentemente murio en un accidente automovilístico pero muchos dicen que fue ella quién se lo llevó para siempre.

Carmen Winstead. L.S.

Carmen tenía 17 años cuando sus padres decidieron mudarse a Indiana. Su padre había perdido su antiguo empleo y la única manera de encontrar un nuevo trabajo era mudarse a otro estado. La reubicación significó muchos problemas para Carmen. Ella debía dejar a todos sus amigos atrás e intentar sobrellevar las cosas en una nueva escuela en Lousiana.

Le fue muy Difícil encontrar amigos en su nueva escuela. Era la mitad del semestre y nadie tenía interés en siquiera entablar conversación con la nueva chica. Al principio, Carmen pasó muchos días sola, yendo de clase en clase sin hablarle a nadie, pero eventualmente, comenzó a hablar con un grupo de otras cinco chicas. Carmen pensó que estas chicas eran sus amigas, pero no pasó mucho tiempo cuando se dio cuenta de que sus “amigas” hablaban a sus espaldas e inventaban viles rumores sobre ella.

Cuando ella las confrontó, el grupo de cinco chicas se molestó y comenzaron a molestarla, haciendo su vida una miseria. Comenzaron poniéndole sobrenombres, pero después todo empeoró. Un día, ella dejó sus libros de la escuela en la clase de Biología durante el almuerzo. Y cuando regresó, vio que sus libros estaban llenos de palabras sucias. Al día siguiente, ella abrió su mochila sólo para darse cuenta de que alguien había puesto yogurt sobre todos sus útiles. A veces, ella podía llegar a la escuela y darse cuenta de que su casillero había sido vandalizado. Pero la gota que derramo el vaso fue que cuando puso sus manos en sus bolsillo, y se percató de que alguien había puesto excremento de perro en ellos.

En ese instante, Carmen decidió que ya no soportaría que la molestaran más. Ella planeo quedarse después de la escuela, y le diría a su profesor que le estaba ocurriendo. Desafortunadamente, tomó su decisión demasiado tarde para salvarle la vida.

Después del almuerzo, su profesor anunció que darían un simulacro de incendio. Cuando sonó la alarma, Carmen y los otros estudiantes salieron de sus clases y todos fueron al patio de en frente. Como los profesores estaban muy ocupados guiando a todos, el grupo de cinco chicas decidieron que esa era una gran oportunidad para humillar a Carmen, frente a toda la escuela…durante el simulacro de incendio. Fueron hasta donde Carmen estaba parada, al lado de un grifo, y comenzaron a molestar a la pobre chica. Ella, intentando ignorarlas, siguió su camino, directo a donde las chicas querían que fuera…las escaleras.

Cuando llegaron a ese lugar, empujaron a Carmen y ella cayó de cabeza. Al ver que ella cayó, las cinco chicas comenzaron a reír, y cuando los profesores llamaron a Carmen, ya que no la encontraban, ellas gritaron “esta escaleras abajo!”.

Todos los otros estudiantes comenzaron a reírse. Pero cuando los profesores llegaron a la escena, las risas pararon abruptamente. Su cabeza estaba colocada en un ángulo muy extraño, y peor aún… no se movía.

Aquí ya no había nada que los profesores pudieran hacer por ella. Carmen estaba muerta. Cuando la policía llegó y fueron escaleras abajo, determinaron que se había roto el cuello. Su mirada estaba en blanco, y su cuello se había roto cuando cayó sobre su cabeza sobre el concreto.

La policía agarró el cuerpo de Carmen y la llevaron a la morgue. Todos debían quedarse después de clases hasta que la policía interrogara a cada uno de los compañeros de Carmen. Las cinco chicas mintieron, diciendo que Carmen se había resbalado escaleras abajo. La policía les creyó y el caso estaba cerrado, con el pensamiento de que todo había sido un…accidente. Todos pensaron que ese sería en último año en el que oirían de Carmen Winstead…pero estaban equivocados.

Meses después, Los compañeros de Carmen comenzaron a recibir extraños e-mails en sus My Spaces. Los e-mails se titulaban “Ellas la empujaron”. El e-mail decía que no había sido un accidente, la habían empujado. El e-mail también decía, que las responsables, debían responsabilizarse de sus actos, ya que si no, pagarían las consecuencias. La mayoría de la gente eliminó el e-mail, pero otros no estaban tan seguros.

Unos días después, una de las cinco chicas que empujo a Carmen estaba en casa, tomando una ducha, cuando escuchó un extraño sonido de una risa macabra. Parecía estar viniendo del lavado. La chica se asustó y corrió a su habitación. Esa noche, la chica le dio las “buenas noches” a su madre, y se fue a dormir.

Cinco horas después, su madre despertó en el medio de la noche, Por un horrible sonido que se había escuchado por toda la casa. Corrió a la habitación de su hija, para encontrar que estaba…vacía. No había rastro de la chica. La madre, asustada, llamó a la policía, y tras un reconocimiento del área. Encontraron el lugar de descanso de aquella joven.

Su cuerpo yacía escaleras abajo, cubierta en un charco de lodo. Su cuello se había roto, y su mirada estaba en blanco. Una por una, todas las chicas que empujaron a Carmen ese día, fueron encontradas muertas de la misma manera y en exactamente el mismo lugar. Escaleras abajo, cubiertas de lodo, en síntesis, de la misma forma en la que Carmen había muerto.

Pero las matanzas no cesaron ahí. Otros compañeros de Carmen fueron encontrados muertos. Parecía que nadie que creyera que Carmen había sido empujada era eventualmente encontrado muerto escaleras abajo.

La leyenda dice que el fantasma de Carmen sique en este mundo, buscando a cualquiera que no crea su historia. Según la leyenda, Carmen te atrapará, no importa que sea desde la ducha, el toilet o el lavabo. Cuando vayas a dormir, despertaras en el mismo lugar en el que Carmen murió, en completa obscuridad, paralizado, Escuchando las risas macabras de una chica alrededor tuyo. Y así, mientras gritas de horror, Carmen vendrá y… bueno, ya sabes el resto.

Así que ten mucho cuidado si molestas a alguien, o podrías ser la próxima víctima…De la Maldición de Carmen Winstead.

Archivo AH1N1-B5: El trailero. Orlando García.

Dio el ultimo sorbo a la taza y sintió como la cafeína tibia pasaba raspándole la garganta, Lino era su nombre y era de pocas palabras incluso con las mujeres, la camarera se acerco y le dirigió una sonrisa amable a lo cual el se inmuto limitándose a solo observarla -le encargo la cuenta por favor- ella asintió con su misma sonrisa coqueta mientras el la ignoraba por completo peinando su ondulada cabellera castaña hacia atrás para colocarse la cachucha de red -cincuenta pesos guapo- dijo ella con la pluma en la mano y cerca de la boca donde aun tenía plasmada como calcomanía la sonrisa que para Lino se había convertido en una estupidez, saco la cartera de sus vaqueros y el rosado rostro de Morelos había ido a quedar enrollado en la mano de Sandra como decía en su distintivo de la blusa, ella le agradeció y se retiro con los platos sucios, Lino se levanto y se puso la chamarra de pluma de ganso, salió de la fonda y se encamino hasta su trailer que se encontraba brillante bajo la luminaria de la carretera. Le dio la vuelta como rutina, revisando cada neumático con una leve patada y verificando que las cadenas de la caja y demás cosas estuvieran en su lugar, miro el reloj de pulso faltaban cinco minutos para las cinco de la mañana, tenía casi veinticuatro horas sin dormir pero no podía hacer nada mas que encafeinarse para resistir, la carga ya iba retrasada y todo porque en Durango un reten militar que había resultado ser muy quisquilloso lo había hecho perder demasiado tiempo, aun así decidió sentarse un rato dentro de la cabina para reposar el par de huevos crudos y las rebanadas de pan que acababa de desayunarse, encendió el motor para que este calentara y se recargo sobre el respaldo, le dolía la espalda pero sabia que su martirio terminaría después de las once de la mañana cuando en Ciudad Victoria recibieran la mercancía, así podría dormir un poco antes de salir en un nuevo viaje.

Encendió los faros delanteros y la monstruosa maquinaria se puso en marcha, como aun no amanecía el clima era fresco pero agradable, así que bajo el vidrio de ambos lados mientras que en la radio sonaba algo de los cadetes de Linares. Una hora mas tarde el clima había aumentado un poco pero el cielo aun no se abría, incluso podía esperase una lluvia, Lino se había quitado la chamarra y solo traía su camisa roja cuadriculada desabotonada y la cachucha la había volteado hacia atrás, entonaba una vieja canción norteña y comenzaba a dibujarse en el horizonte el Cerro de la Silla mientras buscaba sus lentes Ray-Ban se vio distraído por algo poco usual, en el carril contrario un convoy militar paso quemando el piso, eran al rededor de siete unidades repletas de esos hombres verdes y en cada uno un gatillero venia apuntando a diferentes puntos, como si algo los fuera a atacar desde cualquier lado, Lino los siguió con la mirada incluso hasta por el retrovisor y justo cuando los perdió de vista levanto la ceja y se encendió un cigarrillo, se puso los lentes y disminuyo la velocidad para comenzar a entrar a la ciudad de Monterrey.

Aunque Monterrey siempre había sido un lugar tranquilo pero de mucha actividad, en aquella ocasión sucedía algo raro, no había mucha gente en la calle y por lo tanto el tráfico estaba muy reducido. A mitad de camino por dentro de la ciudad Lino observo el eficiente trabajo de unos policías locales, un coche lo arrebaso a toda velocidad y la patrulla iba tras de ellos, los perdió de vista solo por unos minutos porque mas delante la patrulla estaba frente al coche en señal de que los habían alcanzado y cerrado, uno de los policías se bajo apuntando con el arma mientras el otro se acercaba al coche con una mano en la funda y extendiendo la otra como señalándoles a los individuos que se tranquilizaran, de nueva cuenta la escena había pasado como un corto de película, había quedado atrás y ahora solo se enfocaba en salir rápido de ahí y llegar tan pronto como pudiera hasta su destino.

Habían pasado veinte minutos y aunque ya había amanecido por completo, el sol no se dejaba ver por la espesa masa nubosa que se encontraba sobre toda la ciudad, como era de esperarse la lluvia se soltó pero parecía que con mucho coraje, Lino bajo la velocidad justo cuando entro a la carretera nacional, pocos coches lo seguían, paso por el restaurante García y por una vieja gasolinera, de pronto vio algo a lo lejos que le hizo despegar los labios enseñando la dentadura apretada y después soltar una grosería a modo de un suspiro resignado y no era para menos, lo que veía a lo lejos eran unas torretas amarillas y naranjas, había cintas policiales cruzadas entre los “burritos” que bloqueaban por completo los carriles en ambos sentidos y tras ellos había camiones negros con unos hombres armados, supo entonces que aquello era un bloqueo militar. Aun así Lino se acerco hasta el tope, uno se le acerco mientras que el resto lo observaban deteniendo sus rifles de alto poder, Lino bajo la ventanilla y asomo la cabeza. -tiene que retroceder por favor, no hay paso señor- le dijo el soldado mientras manoteaba al aire -¿pero que es lo que pasa mi jefe? Llevo prisa deme chance- le grito Lino encendiendo las intermitentes -lo siento señor, atienda a lo que se le esta ordenando, no se lo quiero repetir otra vez- le grito el soldado agitando la cabeza – puede retornar por el camellón y dar vuelta por la desviación que esta marcada- le dijo el soldado señalando bajo la ya intensa lluvia un par de tripeéis con luces intermitentes y un señalamiento enorme en forma de flecha. Lino torció la boca y cerro de nuevo el vidrio -pinches indios- susurro para si mientras ponía en reversa el trailer, un sonido en forma de pitido comenzó a sonar apenas puso la marcha hacia atrás y para su suerte logro hacerlo sin generar mucho trafico, cuando el retorno había quedado lo suficientemente adelante como para alcanzar a librarlo sin ningún contratiempo Lino lo paso, esta desviación llevaba hacia la parte trasera de la presa de la boca, un camino que aunque pavimentado parecía mas bien como de ranchería, era de dos carriles, uno para cada sentido y la verdad eran bastante reducidos, al menos para la pesada unidad, aun así Lino decidió que encendería las luces altas para poder ser visto a lo lejos por alguien que viniera en sentido contrario y así poder acelerar a fondo y no perder tanto tiempo en aquel lugar. Lino iba confiado, pues no se veía vehículo alguno por el lugar solo un par de faros amarillentos lo seguían a distancia, de pronto vio algo frente a el, una persona estaba parada en medio de la carretera, pensó de inmediato que se trataba de algún pueblerino norteado o quizás un campista extraviado, como quiera que fuera el caso estaba justo en medio y no alcanzaría a frenar sin hacerle daño así que comenzó a jalar el cordón que hacia sonar la corneta y esta se activo con su característico sonido, pero el hombre no se movía, Lino piso el freno hasta el fondo vio como las revoluciones que marcaba el tablero comenzaban a disminuir, pero el trailer no se detenía, sintió como la caja comenzó a dar unos pequeños brincos lo cual significaba que el peso iba ganándole o lo que era lo mismo terminaría volcado sobre aquel lugar, Lino puso su experiencia a prueba y giro el volante para evitar el fatal accidente, pero ya era demasiado tarde, solo escucho el crujir de los fierros en la caja, justo antes que por el impacto saliera disparado desde el volante hasta la puerta del copiloto golpeándose la cabeza con el techo y quedando inconciente.

Aunque todo estaba en negro, Lino escuchaba algunos pájaros trinando a lo lejos, el hombro le dolía y la cabeza le retumbaba con cada gota que golpeteaba lo que parecía un charco o quizás un riachuelo improvisado por la lluvia, cuando pudo abrir los ojos, se vio a si mismo tirado de espaldas a la puerta del copiloto dándole la cara al cielo que se encontraba cruzando toda la cabina, sus pies habían quedado uno tras la palanca de los cambios y el otro amarrado al asiento, se quedo ahí un rato, intentando analizar la situación, lo primero que le vino a la mente fue el no llegar a tiempo para entregar la mercancía, después la compostura del camión y la mas importante, si había atropellado o no a aquel hombre, lo cual le hizo llevarse la mano a la cara y frotarse la frente hasta terminar apretándose el mentón, se dijo a si mismo que tenía que salir y ver que había pasado con el hombre, tenía que cerciorarse de que no estuviera herido y de manera burlona se dijo que de no estarlo el mismo se encargaría de que lo estuviera pero algo dentro de él sabía que era muy poco probable que se hubiera salvado de tan fatal suceso. Intento levantarse pero el dolor del hombro se incremento, así que se empujo hacia atrás hasta prácticamente quedar sentado sobre la puerta, se reviso el brazo y se dio cuenta que le faltaba parte de la piel, el músculo estaba en parte expuesto y le sangraba mucho, había sucedido al momento de volcar, el vidrio de la ventana reventó y por alguna gracia divina había logrado moverse y quedar en la posición en la que había despertado. Se arranco el trozo colgante de su camisa de manga larga y lo coloco en su brazo tapando la herida, aunque aun le dolía decidió salir de la cabina, tenía que saber lo que había pasado, era imposible salir por la puerta de arriba así que con sus botas vaqueras golpeo el vidrio parabrisas hasta que logro estrellarlo y sacarlo, se arrastro por ahí hacia afuera y contemplo una fauna verdosa cubierta de agua, se puso en pie recargado a su apreciado tráiler y se sintió mareado, aun así se enfilo por lo que seria la parte de arriba de su camión, agarrándose para poder llegar de vuelta hasta la carretera, al llegar pudo ver manchas de sangre en la caja y algo que parecía como una bola de cabello, eso no era para nada una buena noticia, aun así siguió caminando hasta el final, lo que vio le pareció como el trabajo hecho de un carnicero se llevo ambas manos a la cabeza al ver que había pedazos humanos por toda la carretera, Lino sintió como la sangre abandono su cuerpo enfriándolo al punto de hacerlo casi desvanecerse, después la sangre volvió solo para recordarle lo que había comido y que ahora hacia protesta por salir de su estomago y no lo pudo evitar, así apoyado sobre la caja devolvió la comida sintiendo un sabor amargo quizá proveniente de una mezcla de café y jugo gástrico además del ardor que el colesterol de los huevos crudos le había dejado desde el estomago hasta la garganta, escupió un cuajo de baba espesa y cerro los ojos para tomar aire fresco, pero al regresar la mirada a la carretera vio al fondo algo que no esperaba, había un coche con la puerta abierta y las intermitentes encendidas, pero no se veía al conductor por ningún lado pero si un cuerpo frente a el coche con la cara hacia el cielo. Con el brazo rodeándole el estomago, Lino camino lentamente hasta llegar al coche, vio el cuerpo del hombre que estaba con los ojos cerrados, el cofre mostraba el golpe y una mancha de sangre que había dejado al hombre en el suelo y pensó que estaba muerto pero pudo ver como su pecho se levantaba y se contraía entrecortadamente, el motor del coche continuaba encendido, Lino se asomo para ver si el conductor estaba dentro agachado, pero en cambio lo que encontró fue que en la llanta trasera estaba lo que quedaba de la cabeza de otro hombre, la mancha gigantesca de sangre hacia evidente que aquella persona no había corrido con la misma suerte, de pronto se escucho entre los árboles el crujir de unas ramas, Lino busco de inmediato pero la neblina se lo impedía, aun así se animo a adentrarse entre los matorrales tras volver a escuchar el mismo sonido. Al adentrarse pudo distinguir una silueta tambaleante avanzar mas hacia adentro de la sierra, -hey!- grito Lino, pero la silueta no se detenía, Lino comenzó a seguirlo y conforme se acercaba se dio cuenta que se trataba de un soldado, lo supo por casco y el arma larga que portaba colgada al hombro, aunque Lino le siguió hablando en varias ocasiones el soldado no se detenía, pensó que quizá estaba herido por su caminar tan tambaleante, se forzó a si mismo para alcanzarlo y cuando estuvo cerca de la nada salió un hombre, vestía una camisa de manga corta y un pantalón al parecer de mezclilla negra, se hinco frente al soldado y entrelazo sus manos detrás de la cabeza -por favor jefe, no me haga nada, le juro que no había visto que estaban en medio de la carretera…- dijo el hombre agachándose, el soldado se había quedado inerte como petrificado y de pronto se abalanzo sobre él soltando un gruñido parecido al de un gato apareándose, Lino sintió como su corazón se acelero y vio como el hombre solo empujaba al soldado para evitar el ataque pero este lo arañaba y le babeaba el rostro, Lino miro a todos lados buscando algo con que ayudarlo encontrando un trozo de tronco, lo tomo y se lanzo sobre el soldado golpeándolo en la cabeza tan fuerte como pudo pero el casco había hecho su función, el soldado estaba ahora frente a él viéndolo a los ojos, Lino sintió un escalofrío que le recorrió el cuerpo entero y le puso la piel de gallina al ver en aquella mirada algo que reflejaba maldad, a pesar de la oscuridad del día, pudo ver sus ojos enrojecidos y sangrantes, mientras que en su boca se apreciaban coágulos de sangre que ennegrecían todo su rostro hasta perderse tras el cuello de la camisa, en cuestión de segundos Lino le abofeteo usando el tronco y el soldado fue a dar al suelo al igual que su arma, el hombre se levanto y se monto sobre el soldado como intentando tranquilizarlo, mientras que Lino reacciono recogiendo el rifle, el hombre grito cuando el soldado le mordió el antebrazo, Lino le pateo el rostro con el talón de su bota logrando que lo soltara, el hombre se rodó hasta quedar lo suficientemente lejos de ambos, Lino se quedo apuntándole al soldado -¡Quieto!, ¿que demonios te pasa?- le grito, pensando en que le contestaría, mientras que el soldado gruñía reincorporándose, Lino preparo el dedo en el gatillo pero otra arma retumbo haciendo que unas aves que se ocultaban en lo alto de los árboles salieran volando, a lo lejos se escucho el rechinido de unas llantas y después un golpe, Lino se giro apuntándole al hombre que se dolía del brazo pero que en la otra mano mantenía una escuadra automática. – ¡Pendejo!- dijo soltando el arma para hacerse presión en el antebrazo, Lino se colgó el rifle estirando la mano para levantarlo. -¿Qué fue eso?- le pregunto Lino poniéndolo en pie -Este maldito bastardo, no sabia con quien estaba tratando- le contesto en voz alta mientras se puso en pie mirando el desfigurado rostro del soldado y escupiéndole –¿bien, que vamos a hacer con el?- pregunto Lino soltando el aire por la nariz y mirando el cuerpo -¿Vamos?- dijo el hombre apretando su brazo -discúlpame amigo pero yo me largo de aquí y te recomiendo lo mismo si es que tienes sentido común- el hombre se guardo la escuadra entre las ropas y volvió a lamentarse un poco por el brazo –¿Pretendes matar a un soldado y no tener consecuencias?- dijo Lino señalándole el cuerpo -Tienes razón, quizá debería matarte a ti también- contesto el hombre mostrando una sonrisa torcida –O quizá deba fingir que nunca te he visto y largarme antes de que pierda más tiempo- el hombre encogió los hombros dando media vuelta comenzado a perderse entre la maleza, Lino vio por ultima vez el cuerpo del soldado y se dispuso a seguir al hombre. –¿Eres el conductor del coche cierto?- el hombre hizo una pausa y se giro hasta quedar de frente a Lino -Mira, te acabo de dar la oportunidad de que te largues por donde viniste, no me importa quien eres ni a ti te debe importar quien soy, limítate a huir de aquí, ¿me entiendes?- Le dijo doliéndose aun mas del brazo -Perfecto, si así lo quieres, pues a la mierda, regresare a mi camión- Lino dio media vuelta -Deja el arma- le dijo el hombre apuntándole con la escuadra, Lino levanto los brazos al tiempo que la soltó, el hombre la recogió –Ahora seguirás tu camino mientras yo sigo el mío, pero te advierto, si volteas un solo centímetro te hago un nuevo agujero en la cabeza- Lino siguió caminando vereda abajo con los brazos levantados y cuando estaba lo bastante lejos corrió. La neblina seguía espesa y la lluvia arreciaba en pausas, Lino escucho muy a lo lejos la sirena de una ambulancia, sabia que tenía que regresar hasta el camión y fingir que todo aquello no había pasado, que acababa de despertar desorientado después de golpearse la cabeza. Al llegar se introdujo por el vidrio delantero, buscando en la guantera su numero de seguro y su carné de manejo, de pronto algo le jalo el pie hasta sacarlo a rastras haciendo que pequeños fragmentos de vidrio se le enterraran sacándole sangre, se giro sobre sí mismo y cegado por la luminosidad del cielo observo como una silueta le apuntaba directo a la cara -estaba pensando que quizás debí haberte matado a ti también- era la misma voz del hombre, le apuntaba como decidido a volarle la tapa de los sesos -ahora estaría muy lejos de no ser que me hiciste pensar en que quizás darías una descripción mía y eso si seria bastante serio- Lino paso saliva y puso las manos al costado de su cabeza enseñando que solo portaba papeles de pronto el hombre hizo un sonido extraño, contrajo el abdomen soltando el arma, se llevo la mano al estomago y comenzó a doblarse poco a poco, Lino se arrastro hacia atrás y luego se giro para escaparse sintiendo un leve tirón en el brazo, se levanto como pudo y recogió el arma para luego apuntarle -¿Crees que eres el único que puede matar a alguien compadre?- le dijo Lino con una sonrisa sarcástica en la cara pero el hombre no levantaba la cabeza hasta que de pronto soltó un asqueroso vomito sobre sus propios pies, un coagulo de sangre luego dos y después un charco negro lo rodeaba, Lino bajo el arma y lo miraba sorprendido mientras esté cayo hincado sobre el piso hasta desvanecerse hacia atrás recargado sobre el capo del tráiler, Lino sintió que su corazón le latía rápido y no concebía lo que acababa de ver, se acerco a paso lento, apuntándole y al verlo un poco más de cerca se dio cuenta que aun le escurría una mezcla de baba y sangre, el iris de sus ojos había desaparecido dejando el globo ocular ennegrecido y con un serio derrame en sus pequeñas venas -Oye….- le dijo Lino pero este no reacciono, Lino se echo hacia atrás y se quedo observándolo, desconcertado se llevo la mano a la frente y después apretó sus labios usando la misma mano, se dio cuenta que el brazo donde lo había mordido el soldado supuraba pus y un liquido amarillo, de pronto el hombre se movió, miro directo a los ojos de Lino y mostro su dentadura como cuando un perro se enoja, en su rostro se veía la misma expresión de maldad, la misma que había visto ya en el soldado, de pronto se puso de pie intentando abalanzarse sobre Lino pero este le disparo dándole justo en la rodilla haciendo que el hombre tambaleara y cayera de espaldas tras unos arbustos que se encontraban un poco mas hacia la trompa del trailer, Lino se quedo impactado por lo que acababa de ver y sintió que las manos le temblaban, escucho el crujir de unas ramas y se oculto detrás de unos árboles, un hombre de jumper verde apareció por detrás del camión se asomo por el hueco del vidrio, Lino no sabía qué hacer, intentaba contener la respiración y sentía como el corazón le latía a punto de reventarle, sin querer movió el pie pisando unas hojas secas y el hombre del jumper, que había resultado ser un paramédico de la cruz verde, lo buscaba pero el hombre al que le acababa de disparar hizo un sonido más alterante, el paramédico lo busco hasta encontrarlo, inclinándose sobre el matorral hablando en voz alta -¿Qué tal amigo, está usted consiente? deme la mano para ayudarle a salir de esta- Lino dejo el arma del soldado recargada en el árbol donde se escondía y se acerco sigiloso -¿Quién es usted?- pregunto al tiempo que recogía la escuadra que estaba tirada por donde había caído el hombre la primera vez y la escondió en la parte baja de su espalda -Soy paramédico, mi nombre es Ismael, solo estoy aquí para ayudarles- dijo el hombre sin voltear y levantando ambas manos -¿ese hombre esta bien?- pregunto Lino esperando escuchar una buena noticia -pues no lo se, se retuerce y me rasguño la mano pero no voltea a verme ¿lo conoce?- el paramédico se levanto poco a poco sin bajar las manos -no, pero algo no esta bien con el, intento atacarme y yo solo me defendí- Ismael, como dijo claramente llamarse, se giro estableciendo contacto visual con Lino -¿esta usted armado señor?, porque creo haber escuchado un disparo- Lino le enseño ambas manos mientras que el arma se quedaba por dentro de su pantalón y negó con la cabeza -Solo dime que pasa con él- Lino dio dos pasos hacia adelante mientras Ismael bajaba las manos hasta ponerlas en su cintura relajando su tensionada espalda -pues como le digo, no lo se, no me ha querido responder, quizá deba volver a la ambulancia por una camilla y pedirle a uno de mis compañeros que me ayude, puede tener alguna fractura por caer en ese pozo- Ismael dio media vuelta y escucho como se cortaba un cartucho justo detrás de su cabeza –Lo siento amigo, no creo que puedas ir a algún lado- Lino le apuntaba justo en medio del cráneo, Ismael paso saliva y sintió como sus manos comenzaron a temblarle por un escalofrió que le recorrió el cuerpo en segundos –Escu…Escu..Escuche amigo, yo no pretendo hacer ningún mal, solo hago mi trabajo ¿sabe?, quizás deba relajarse un poco, intento salvarle la vida a este hombre- Le dijo el paramédico tartamudeante mientras Lino lo observaba intentando decidir sobre si dispararle o no, sintiendo como una gota le escurría desde lo alto de su cabeza pasándole por la sien rodando por su mejilla para quedar detenida sobre la comisura de sus labios, no sabia si era sudor o era una simple gota de lluvia, pero en aquel momento Lino, sentía un picor en la planta de sus pies que se convirtió en un gélido nerviosismo, de pronto y sin aviso alguno el hombre a quien apuntaba había desaparecido de su vista, escucho un grito que lo saco de su transe y le hizo regresar la mirada al suelo, el hombre había conseguido levantarse dentro del hoyo y ahora había derribado a Ismael en cuestión de segundos, arrastrándolo hacia él jalándolo de una pierna, el paramédico gritaba y Lino titubeo solo un instante antes de dispararle justo en la cabeza al hombre que le había ocasionado ya demasiados problemas y que se encontraba hincándole el diente al tobillo de Ismael, el tiro fue a quemarropa haciendo que fragmentos de cerebro y cráneo volaran esparciéndose por todo el lugar, Lino sintió un aroma a pólvora quemada y respiraba profundamente como bufa un toro, el corazón le dolía por el esfuerzo al bombear, Ismael por su parte se adolecía de la herida en su tobillo y soltaba unas lagrimas cristalinas, Lino se inclino para ver la herida y se dio cuenta que había sido una mordida profunda, le había arrancado parte del músculo y brotaba sangre como brota el agua en un ojo de rió, se compadeció de él y termino quitándose la camisa para enredarla alrededor de su tobillo quedándose solo con su camiseta blanca interior –No te preocupes amigo, yo iré por ayuda, buscare a alguno de tus compañeros y lo traeré hasta aquí- Le dijo a Ismael sorprendiéndose a si mismo dentro de su cabeza, pues hacia unos instantes había pensado en matarlo y ahora lo ayudaba como si lo conociera de toda la vida, se dijo así mismo que eso es lo que nos convierte de animales a seres humanos y a la inversa. Como fuera el caso, Lino salio corriendo despavorido siguiendo la caja del trailer, regreso hasta la carretera donde se dio cuenta que un mar de gente estaba atorada por el accidente y que encima un oso pardo amenazaba a una chica que vestía el mismo tipo de jumper, a lo lejos vio que una ambulancia permanecía con las torretas encendidas, comenzó a caminar entre la gente para llegar hasta ellos y escucho el rugir del animal, la gente comenzó a correr despavorida y un grupo de policías se amontaban tras la ambulancia, de pronto se escucharon mas disparos, todo aquello se había vuelto una locura y Lino no entendía nada de lo que pasaba, comenzó a correr hacia donde el resto de la gente corría, de lo contrario podía ser aplastado por la multitud, la ambulancia se encendió y arranco en dirección contraria a la que estaba estacionada dando una voltereta como si algo la persiguiera, Lino observo como atropello a un grupo de personas que corrían y de pronto salto sobre un coche dando piruetas en el aire quedando volcada sobre varios coches mas, la gente seguía corriendo y Lino pudo ver que de entre los arbustos salían personas que vestían trajes militares, los cuales se abalanzaban sobre algunos y los mordían derribándolos, solo gritos y mas gritos, al fondo vio que un grupo de soldados, los mismos que había visto en el reten circulaban con sus camionetas disparando sin consideración alguna a la gente que intentaba resguardarse, Lino volvió a sentir pánico, el mismo pánico que sintió cuando decidió dispararle al hombre que atacaba a Ismael, corrió hacia una lateral y se metió entre los arbustos, un soldado le salto encima y ahora sin pensarlo al ver sus ojos rojos decidió volarle la cabeza, se levanto y continuo corriendo hacia adentro del bosque, de pronto detuvo su marcha y sus manos comenzaron a temblarle, estaba frente a varias siluetas, todas portaban cascos lo que le indicaba que se trataba de soldados, los cuales evidentemente mostraban señas de no ser normales, en segundos se vio rodeado por ellos, aun y que lo superaban en numero, Lino lucho con ellos, tiraba golpes y patadas y uno que otro disparo, recogía de vez en cuando las armas que los mismos soldados no-muertos portaban consigo, volaban pedazos de cabeza y pelo, ojos y dientes, disparo sin parar hasta terminarse el parque, luego camino tambaleante hacia atrás, tropezó con una piedra y cayo recargado sobre un árbol, comenzó a llorar, lloraba con un sentimiento profundo, como un verdadero hombre, pero completamente destrozado, miro sus brazos, arañados y babeados por los imbeciles no-muertos le dolía una mordedura que tenia en su trapecio y entrecerró los ojos, miro por ultima vez el cielo y coloco el cañón de la escuadra en su boca.
La infección fue detectada demasiado tarde, el gobierno no quería decir que se trataba de algo mortal, aun así, diversos medios de comunicación se encargaron de difundir la noticia, pero fue en vano, la gente de pronto era sorprendida por su perro o gato y aunque acudían a los centros de salud, la infección rápidamente los consumía. Algunas personas intentan hallar una cura y aunque se tienen reportes de que en países como España, Estados Unidos e Inglaterra ha habido brotes, en ningún lado se han presentado la cura definitiva.

Archivo AH1N1-B6: Devastación. Orlando García

Todo olía a humedad, sentía un hormigueo en su cara y a su vez un escalofrió le recorría el cuerpo entero encrespándole la piel, había un dolor abdominal y no entendía porque, abrió los ojos y el cielo le mostro su belleza en tonos color pastel, una nube se deslizaba por encima de él y se podía oír trinar a unos pájaros a lo lejos. Con esfuerzo logro levantar su torso y se quedo ahí sentado, sorprendido de lo que había delante de sus ojos, un coche con marcas mas que evidentes de volcadura, el techo estaba completamente aboyado y la puerta del conductor estaba desprendida, por su cabeza pasaban miles de teorías pero ninguna tenía fundamentos porque todas lo llevaban al mismo punto, ¿quien era él?, se lo preguntaba pero no lo podía recordar.

Cuando se sintió con mas fuerza pero aun ausente de si, se puso de pie y anduvo hasta donde el coche, el estomago le dolía, pensó que quizá se había golpeado durante su aventurada travesía al salir disparado del vehiculo. Al llegar observo los asientos bañados por pequeños cubitos de cristal y un montón de cosas regadas, se percibía un claro olor a gasolina pero no había señales de humo y mucho menos de flamas cercanas, miro hacia el lado opuesto del camino y vio lo que parecían las marcas del paso del coche, se sentó dentro y comenzó a hurgar entre los papeles, le escurría sangre por un costado de la cabeza y uno de sus brazos estaba empapado de ella, encontró una cartera que tenía dentro algunos billetes arrugados y una credencial de conducir, Salomón Azur, decía en letras pequeñas y la foto era la de un hombre de algunos cuarenta años, se miro en el retrovisor estrellado y se encontró parecido, salió del coche y se quedo parado ahí, intentando saber en donde estaba hasta que se animo a subir por la vereda. Al llegar arriba la escena era como una visión apocalíptica, había muchos coches estrellados y algunos cuantos mas simplemente abandonados, entre ellos había una patrulla, una ambulancia y un coche que estaba en llamas, pero no había rastro alguno de vida, Salomón comenzó caminar entre ellos y no encontró absolutamente a nadie vivo, había cuerpos incompletos tirados en el asfalto alguno que otro sobre los coches o simplemente partes como piernas o brazos, el corazón se le acelero y tan rápido le golpeteaba que cada latido le retumbaba en los odios dándole la sensación de que en cualquier momento le estallarían, casi todo estaba cubierto por agua, quizás por la brisa matutina o tal vez había llovido, pero eso no explicaba nada lo que había pasado con la gente. Salomón miraba a todos lados entrecerrando los ojos por culpa de la resolana que botaba sobre el suelo húmedo, no tenía la mas remota idea de donde se encontraba, solo sabia que aquella era una carretera que al parecer era de poco uso por ser solo de dos carriles pero que de algún modo medio mundo intento pasar por ella, quizá intentando huir de algo, de algo que de todos modos los alcanzo -Una guerra, si eso debe ser, estamos en guerra- se dijo así mismo caminando entre los coches en el sentido contrario, la idea le salto a la cabeza y en menos de dos segundos reacciono, si estuvieran en guerra lo más probable es que aun hubiera soldados cerca y lo más lógico es que quisieran matarlo al igual que el resto, sin darse cuenta ya caminaba agachado entre la interminable fila de choches, buscando cualquier cosa para defenderse siendo solo un palo lo más cercano que encontró a un arma.

Camino por un largo tiempo, una hora y media quizás dos, sentía la boca reseca y el dolor del abdomen se le había vuelto ya una costumbre, a lo lejos escucho el grito de unos cuervos que probablemente estarían carroñando los cuerpos inertes en el piso, la idea de sentirse completamente solo le asalto de nuevo, preocupado por el hecho se acerco a uno de los tantos coches buscando algo que le fuera de utilidad, encontró una playera para limpiarse la sangre de la cabeza y un viejo celular el cual no le había servido de nada porque no tenia señal, pero al ver las llaves aun pegadas lo olvido por completo y pensó que quizá podría escuchar la radio para buscar señal de vida, dio vuelta a la llave y el radio se encendió dejando solo escuchar parásitos he interferencia, dio varios golpes al botón de búsqueda pero lograba encontrar nada, al menos no algo claro, solo interferencias como si las líneas estuvieran cruzadas, se llevo la mano a la nuca y comenzó a frotarla, estaba agotado, hambriento y mal herido, todo aquello se había vuelto ya una pesadilla, Cerro los ojos y se recostó en el asiento, dejo salir un suspiro y después regreso la mirada al frente, sentado en aquel lugar se dio cuenta de la hilera de coches que había dejado atrás desde donde el había vuelto al camino, no podía entender no ver absolutamente a nadie –¡puta madre! ¿Dónde esta todo el mundo?- lo dijo en un tono alto, golpeando el volante con la parte baja de la palma de su mano, aunque no acostumbraba a decir groserías aquella situación lo ameritaba, además que nadie lo había escuchado, de pronto el cristal de la puerta de atrás exploto en mi pedazos, Salomón si apenas tubo tiempo de taparse el oído por el escandaloso estruendo, sin darse cuenta brinco hasta el asiento del copiloto y desde ahí, giro para ver lo que había pasado, la ventana tenia un boquete de aproximadamente unas tres pulgadas de circunferencia, y tras el, mas hacia el fondo, cerca de los árboles, una figura masculina se contorneaba al igual que el arma larga que lo acompañaba, Salomón estaba confundido, no sabia en absoluto si alegrarse o realmente salir huyendo, abrió la puerta y se deslizo hasta caer al piso, desde ahí se puso en cuclillas y comenzó a gritar –¡no soy mala persona, no soy mala persona!, por favor no me haga daño- paso un lapso de algunos diez segundos donde el silencio predomino y el nerviosismo se reflejaba en la manos temblantes de Salomón, apretando los ojos, espero a que el hombre le respondiera y poder salir con las manos en alto para que viera que no estaba armado. Pero no fue así, escucho el tallar de una suela justo a un lado de él, sintiendo con este un escalofrió que le erizo hasta el mas largo de sus cabellos, después el sonido de cuando se corta cartucho con un arma le reboto justo en el oído, abrió los ojos lentamente y ahí estaba ahora, pegado a sus ojos el fusil de un arma que no había logrado identificar le amenazaba y tras de el un hombre -¿Cuánto es uno mas uno?- le pregunto el hombre con una voz áspera, Salomón extrañado no sabia si contestarle o no –do….dos- dijo finalmente temeroso de lo que fuera a suceder, el hombre quito el arma de su rostro y le extendió la mano –Mi nombre es Joaquín, soldado de tercera clase- Salomón le dio la mano y este lo jalo para hacerlo que se parara –Mucho gusto soldado, yo creo llamarme Salomón, la verdad no se que es lo que esta pasando, me pegue en la cabeza y desperté hace un par de horas- el hombre parecía no ponerle mucha atención, miraba a todos lados como buscando a alguien y de pronto lo cayo interrumpiendo todo su discurso –shh….cállate, puede que estén cerca, el sonido los atrae, ven sígueme- el soldado lo tomo por la muñeca y lo jalo llevándolo hasta los matorrales por donde lo había visto salir –¿cerca, quienes?- pero el soldado no le respondía, solo lo jalaba y caminaba mas a prisa hacia dentro del brumoso bosque, deteniéndose sorpresivamente a unos cien pasos desde donde habían perdido de vista la carretera –no emitas ningún sonido, puede que los atraigas- le dijo susurrándole con un voz muy baja, casi inaudible, de pronto se escucho no muy lejos el crujir de unas ramas y quizás unas hojas secas, tras unos árboles torcidos por la naturaleza apareció un hombre, tambaleante, como si estuviera ebrio, caminaba lentamente y se quejaba pujando de dolor, el soldado empuño el arma y apunto directo a la cabeza, Salomón volvió a sentir ese escalofrió –¡oye tu!- dijo el soldado justo antes de dispárale, la cabeza voló en mil pedazos y el cuerpo cayo convulsionante sobre la tierra –¡corre ahora, sígueme o vendrán mas!- le grito al tiempo que se hecho a correr, Salomón aun en shock por lo que acababa de ver lo siguió sin dar crédito, aun así se empeño en alcanzarlo hasta que llegaron a un pequeño claro donde un pequeño tejaban de madera vieja y picada se mostraba glorioso ante los ojos del cielo y el sol –¡Vamos entra!- al entrar, el soldado cerro la puerta atrancándola con algunos troncos que tenia detrás de la misma, dejo el arma a un costado y se asomo por una pequeña rendija que se encontraba donde alguna vez hubo una ventana –¡wow!, ¿puedes creerlo?, ¡no nos alcanzaron!, y si que son rápidos esos bastardos, claro cuando quieren ¡porque la mayor parte del tiempo se la pasan haciendo estupideces!- el soldado encendió un foco que colgaba desde el techo y este ilumino el pequeño cuarto en el que se encontraban –¿gustas café?- le pregunto a Salomón quien aun estaba intentando recuperarse de la carrera desenfrenada que acababan de tener –¿Puede decirme que es lo que esta pasando señor, po…por…porque le disparo a ese hombre en la cabeza?- Joaquín lleno una segunda taza con agua que estaba en un recipiente en la lumbre –¿vas a querer si o no?- Salomón asintió con la cabeza y extendió la mano para tomar la taza -¿Ósea amigo, no estas enterado de nada?- el soldado hecho un poco de café molido a ambas tazas y saco una pequeña anforita plateada de uno de los bolsillos de su pantalón -¿Te gusta el whiskey?- Salomón le negó ambas preguntas solo girando su cabeza de un lado a otro –Pues a mi si- le contesto vertiendo un chorro sobre la tasa que sostenía él –entonces amigo, ¿donde fue que te quedaste, antes o después de la tercera guerra mundial?- Salomón casi regresa el café que tomaba al escuchar aquella pregunta -¿Tercera guerra mundial, dijo usted?- el soldado soltó una carcajada –Pues no propiamente amigo, pero se ve que no te has enterado de nada, ese golpe en la cabeza si te borro el casete- Salomón sonrió torciendo la boca un poco –pues la verdad es que si, solo se que me llamo Salomón porque cerca de donde desperté encontré esto- le extendió la mano mostrándole la credencial, el soldado la vio y lo miro fijamente como encontrándole parecido –Pues creo que si se trata de ti, si no pues, amigo acabas de cambiarte la identidad con alguien igualito a ti- ambos soltaron una carcajada al aire y de pronto la risa del soldado fue disminuyendo hasta convertirse en un suspiro serio –pues no se como decirte esto amigo, las cosas se pusieron muy mal, hace algunas semanas nos enviaron a mi y al resto de mi pelotón a investigar acerca de un caso en carretera a Cadereyta, un autobús quedo abandonado y no se habían encontrado cuerpos, bueno, eso dijeron a los medios, pero la realidad de las cosas es que había muchos restos regados por toda la carretera, pero lo manejamos a discreción porque según se por mi comandante, la indicación provenía desde arriba, desde el presidente, nosotros como solo hacemos el trabajo pues nos introducimos a el bosque detrás del cerro de la silla, encontramos a varias personas infectadas, los sabíamos porque nos habían descrito sus características, ojos rojos, babeantes, lentos y aparentemente no responden a nada mas que al sonido, aunque atrapamos a algunos “vivos” y experimentamos con ellos, bueno eso de experimentar es pura mierda, realmente los amarrábamos a árboles y los golpeábamos o los torturábamos, pero lo sorprendente era que parecían no sentir, no dejaban de gruñir o intentar arañar a menos que les dispararas en la cabeza, también descubrimos que la infección era transmisible por medio del intercambio de fluidos, sangre o baba contaminada, según me supe el autobús venia repleto y sin contar al chofer a su copiloto y a la única sobreviviente, una niña de ocho años que internaron en el hospital civil, supuestamente habíamos acabado con todos, pero no fue así, uno de ellos entro a la base provisional que plantamos a mitad de la sierra y ataco a varios de mis compañeros, todo se volvió un completo desastre, mi compañeros se disparaban unos a otros y algunos salían despavoridos por el miedo de que se les considerada infectados, yo por mi parte seguí a uno de ellos, mi mejor amigo de hecho, me rogó que no lo matara pero de pronto sus ojos se tornaron rojo sangre y me salto en cima, le coloque el arma en la sien y le dispare, la mayor parte de sus sesos quedaron sobre mi rostro, cuando regrese al campamento no había nadie, solo cuerpos tirados y uno de mis compañeros que se estaba quemando vivo, y le brinde la gracia de morir sin sufrir mas, después de eso salí en busca de los que habían sobrevivido o en su defecto, de los que se habían infectado, llevo semanas internado en esta sierra, hace dos días ocurrió un accidente mas abajo, un kilómetro mas atrás de donde te encontré, creo que todo comenzó por unos infectados, hubo muchos muertos incluso supe que había entrado otro batallón de búsqueda y rescate y que en su mayoría los habían aniquilado a todos, los infectados claro, pero después algo paso en la ciudad, algo grave que hizo que todos quisieran huir, supongo que entre esos ibas tu, pero creo que los infectados los alcanzaron, eso es todo lo que se- Salomón sorprendido dio un sorbo al café caliente -¿y como fue que te enteraste de todo eso?- el soldado volvió a asomarse por la rendija –por un compañero, que como te darás cuenta no sobrevivió, fue de la brigada de búsqueda y rescate, no se como dio hasta aquí y luego dijo que debíamos bajar para buscar ayuda, lo seguí pero eso bastardos eran demasiados y se lo comieron, no pude hacer nada, así que regrese corriendo lo mas rápido que pude hasta aquí y me volví a encerrar, cada vez que bajo mato a uno o dos y siempre se multiplican, cada vez son menos frecuentes los encuentros, pero siguen apareciendo- Salomón se levanto inspeccionando el lugar –¿crees que puedas darme algo para defenderme?- el soldado dio media vuelta y abrió una pequeña caja –solo tiene cinco balas, no podrás hacer mucho, pero servirá- Salomón la tomo y la guardo en su pantalón -¿Y cual es el plan?- el soldado carraspeo un poco -¿Plan?, pues la verdad es que no hay ningún plan, mas que sobrevivir, no creo que haya mas gente viva, al menos no en este estado, yo supongo que al menos hasta la frontera todo esto esta jodido quizás al sur, pero no hay forma de desplazarnos hasta allá además de que seria muy arriesgado- Salomón se le quedo viendo –Bueno, pero quizás podríamos hacer algo, no se, llegar abajo y tomar un camión o un jeep o algo, ¿como pretendes sobrevivir sin comida, sin esperanza?- El soldado torció la boca como en desacuerdo –mira amigo, si te rescate es porque la verdad prefiero tener algo en que apoyarme si necesito salir huyendo, en otras palabras una carnada así que si te quieres suicidar, puedes volver allá afuera tu solo y hacer lo que te plazca, pero regrésame el arma, seria una desgracia que se pierda y me quede mas jodido de lo que estoy- Salomón termino el café y dejo la taza de lado –No, en serio, que tal que al sur del país si lograron hacer algo, no se, quizás hasta llevan una vida normal, podemos huir por el rió de la presa de la boca, llegamos hasta la presa del cuchillo y de ahí seguimos por carretera- El soldado se quedo pensativo como analizando el plan de Salomón –Tal vez no se tan mala idea, pero tendríamos que irnos por la mañana, porque si salimos ahora nos atraparía la noche a medio camino y esos imbecíles son nocturnos y sin un lugar para escondernos nos las veríamos difícil para salir ilesos- Con ese ultimo argumento se dispusieron a preparar todo para salir, el soldado acomodo su pequeña maleta con municiones y otra mas con provisiones de alimentos enlatados, algunos tenían fecha de caducidad vencida pero aun así los empaco.
Caída la media noche, Salomón pudo escuchar a lo lejos los gruñidos de los muertos, recostado en el suelo no se creía lo que pasaba –No te preocupes, siempre se escuchan, algunas veces llegan hasta aquí, pero los ignoro y por la mañana ya no están- Salomón trataba de enfocar en la oscuridad el techo del pequeño tejaban por donde se dibujaba un pequeño cuadro azuloso, como si el techo tuviera un hueco –Dime una cosa Joaquín ¿Alguna vez has pensado en el suicidio?- el soldado hizo sonar su nariz y carraspeo un poco la garganta –Pues la verdad es que no amigo, estamos entrenados para no rendirnos nunca entonces, esa no es una opción, yo supongo que lo único que me orillaría a hacer algo así seria saber que me voy a convertir en uno de esos, eso si me haría desvariar un poco ¿porque la pregunta?- Salomón se levanto y se asomo por la rendija –porque no logro comprender como es que te has mantenido cuerdo todo este tiempo- afuera un cuerpo tambaleante se mecía de un lado a otro, tropezando torpemente y volviendo a levantarse una y otra vez –Pues ni yo, supongo que eso depende de cada quien- Salomón encogió los hombros y torció un poco la cabeza –Quizás…- no termino la frase, cuando un golpe fuerte se escucho -¿Qué fue eso?- dijo Salomón exaltado, mientras que el soldado se levanto a toda prisa y tomo el rifle y una bolsa con un polvo blanco, lo vació en forma de línea bajo la puerta para luego quedarse apuntando hacia la misma, Salomón sin entender lo que había hecho, saco el arma y apunto también hacia la puerta –guarda silencio, son ellos, están aquí- le dijo susurrando de nuevo el soldado -¿Qué pusiste en el suelo?- el soldado se llevo el dedo índice a la boca en señal de que guardara silencio –es sal, les distrae el olfato- de pronto se escucho de nuevo el golpe pero esta vez mas fuerte, el soldado camino despacio hasta la rendija y se asomo, tras la ventana solo veía el mismo individuo que había visto Salomón, pero mas cerca –Maldita se están por detrás, necesitamos saber cuantos son, para saber si corremos algún riesgo, ayúdame a subir- el soldado se colgó el arma en la espalda y le indico a Salomón que pusiera las manos entrelazadas para que le sirvieran de escalón, cuando logro subir, abrió una pequeña escotilla que tenia la vieja casa y después de asomarse regreso abajo –¡mierda!- exclamo ya sin importarle el silencio –¿Que pasa?- el soldado tomo la maleta con las provisiones y se la aventó a Salomón –Prepárate, esto esta jodido, son demasiados, no se veinte o treinta, la podrida madera no resistirá si empiezan a empujar entre todos, lo mejor es salir de una buena vez, ahora que el frente aun esta descubierto- el soldado se colgó la maleta con las municiones y saco un cuchillo de cacería –abriré la puerta a la de tres, correrás detrás de mi lo mas rápido que puedas y no te detendrás por nada, yo llegar hasta el imbecíl ese y le encajare el cuchillo en la cabeza, después de eso no voltees para nada, porque nos seguirán, estoy seguro, llegaremos hasta la carretera- Salomón sentía las manos frías -¿Y luego que?- el soldado movió la cabeza en negativa –no lo se, pero si llegamos hasta ahí sanos, ya se me ocurrirá algo- el soldado comenzó a quitar los troncos y contó hasta tres antes de abrir la puerta, Salomón le siguió y sentía que todo aquello ocurría muy lento, pudo ver al soldado tomando el cuerpo del hombre tambaleante y encajándole el cuchillo en la parte alta de la cabeza para luego seguir corriendo entre los matorrales y sin voltear atrás lo siguió, brincando y esquivando todo obstáculo, el ambiente era fresco, pero él sentía las gotas de sudor escurriéndole por dentro de las ropas, de pronto y frente a ellos se paro otra silueta, sin pensarlo el soldado empuño la escopeta la detono, haciendo que el cuerpo cayera frente a ellos, sin detenerse por nada llegaron a la carretera -¿¡Ahora que, ahora que!?- le gritaba histérico al soldado -¡ven, sígueme!- le dijo escabulléndose entre los coches hasta llegar al otro lado de la carretera, ahí vio lo que seria su única salida, una motocicleta –ayúdame a buscar las llaves- le dijo el soldado mientras enderezaba la moto, mas adelante estaba el cuerpo tirado de un hombre, probablemente el dueño, Salomón se acerco hasta el y le dio la vuelta para trasculcar sus ropas, pero este le respondió con un gruñido y le tomo del brazo y sin pensarlo le coloco el arma entre ceja y ceja para después volarle la cabeza –¡ya vas entendiendo como funciona esto amigo!- le grito el soldado casi riéndose, a lo cual Salomón solo le respondió con una sonrisa nerviosa, para luego seguir buscando en la ropa del hombre, cuando las encontró las agito fuerte y se las aventó al soldado, este la encendió y el comenzó a acelerar –¡súbete!- cuando lograron regresar a la carretera un grupo de zombis había logrado llegar hasta la ahí y los siguieron, pero sin éxito.
Pasaron por donde Salomón había despertado y siguieron más hacia delante, la noche se había tornado más fresca aun y el cielo se estaba cerrando poco a poco a causa de una inmensa nube negra que los asediaba. Llegaron hasta una barricada, colocada probablemente por el ejército –Esta es la razón por la que nadie pudo escapar, el ejecito no los dejo pasar- dijo el soldado bajándose de la moto -¿Que quieres decir, la ciudad se jodio por culpa de los tuyos?- le pregunto Salomón en un tono molesto –No los culpes, tenemos códigos ¿sabes?, si tomaron esta decisión es porque sabían perfectamente que podían detenerlo y prefirieron aislar el problema, la llamada cuarentena- el soldado se llevo las manos a la cintura y después saco una cajetilla de cigarros de uno de los bolsos de su chaqueta, lo encendió y después le ofreció a Salomón, quien le negó con la mano –Estamos jodidos hermano, pero muy, muy jodidos- Salomón miro en todas direcciones, como buscando una razón -¿Qué tanto?- el soldado respiro hondo –hasta el cuello amigo, regularmente después de la cuarentena viene la desintoxicación y si no resulta nada bueno lo siguiente es el exterminio, México nunca se ha destacado por ser muy bueno en los procedimientos, así que lo mas seguro es que ya se haya dado la orden de matar a todo ser viviente procedente de los puntos infecciosos, por eso es que no hay nadie aquí, quizás todos se retiraron y estén planeando como mandar todo esto al carajo- el soldado suspiro como decepcionado –ósea, no importa lo que hagamos, nuestro destino es morir- el soldado sonrió –bueno, no seas tan dramático, pero si- El soldado tomo la moto y comenzó a darle vuelta a la barricada, Salomón lo siguió -¿Qué pretendes?- le pregunto Salomón –Pues si ya llegamos hasta aquí, lo mas lógico seria intentarlo ¿no crees?, como decía mi madre, quizás no pueda con todo, pero no me rindo ante nada- estas ultimas palabras le regresaron a Salomón una sonrisa a la cara.
Retomaron la carretera, la cual lucia limpia de todo, sin coches, sin cuerpos, sin luz, solo ellos a mitad de la nada. Pasaron por un letrero manchado que decía Montemorelos y otro mas que indicaba que mas adelante se encontraba la ciudad de Linares, al llegar al centro de la ciudad, se dieron cuenta que las casas estaban abandonadas y que incluso parecía que los habían evacuado a todos de improvisto, pues había luces encendidas por doquier pero no se veía ni un alma rondando –Si los evacuaron, quiere decir que si hay esperanzas de vida- le dijo el soldado, orillándose en una gasolinera, llenaron el tanque de la moto y volvieron al camino, pero justo a la salida del pueblo se encontraban dos camiones militares, un reflector les apunto directo a la cara y una voz por altavoz les anuncio que se detuvieran sin dejarles de aluzar –Alto ahí, deténganse o nos veremos obligados a disparar- Joaquín paro de pronto y se apeo de la moto, mostrando sus manos en lo alto e hincándose frente a ellos, Salomón por su parte se quedo parado, pudo ver la silueta de un grupo de hombres armados se dirigían hacia ellos, uno grito algo que Salomón no pudo entender y Joaquín lo voltio a ver –Fue un placer conocerte amigo, que nadie diga que no lo intentamos- cuando Salomón regreso la mirada al frente vio como los hombres levantaron sus hombres mientras corrían y una ráfaga de balas se libero contra ellos, Salomón soltó la maleta y se hecho a correr en sentido contrario, alcanzando a ver como se desvanecía el cuerpo de Joaquín, dejo de escuchar todo ruido, todo sonido, solo sentía el palpitar del corazón en sus oídos, contó cinco pasos y pudo ver al fondo, justo por donde venían, el alba en el cielo, primero sintió un impacto, después dos, le quemaba la piel, pero su cuerpo no paraba de correr, y recordó una y otra vez las palabras de Joaquín, mientras su cuerpo caía inevitablemente contra el duro asfalto escuchando decir a un hombre, objetivo eliminado.

Archivo 023. El pasillo. Orlando García.

Un frío encrespante se dejaba notar con la espesura de la noche, las luces citadinas iluminaban como un astro nocturno dejando poco espacio a las sombras que a tientas se arrastraban a los rincones donde las personas como Federico hacían uso de ellas para delinquir. El sonido constante como el de un chistido seguido de un golpeteo metálico lo acompañaban aquella noche, “GATO” podía leerse en su garabateado dibujo que plasmaba en la pared con aerosol barato, de repente un vaivén de luces rojas y azules dibujaron su silueta, Federico sabía lo que aquello significaba, así que en menos de un parpadeo dejo caer la lata y comenzó su desenfrenada huida, el policía le indicaba que se detuviera mientras lo seguía, pero en lugar de eso siguió corriendo hasta doblar en la primera esquina, unos cuantos botes de basura, un muro de contención y una malla ciclónica le hacían parecer que aquel apodo no podía ser de otro, con la agilidad de un gato después de estos obstáculos brinco lo suficientemente alto como para alcanzar el filo de una barda de casi tres metros, sintió como en la punta de sus dedos se enterraban parte la de la rebaba filosa que queda por la mezcla y los blocks, aun así se jalo así mismo hacia arriba y de un solo impulso se paro sobre el techo de aquella casa, dio media vuelta solo para ver al gordo policía aun luchando por atravesar la avenida atorado en el muro de contención, le grito una vez más que se detuviera pero Federico sonrió y siguió tranquilamente su camino hasta llegar al otro extremo de la casa, se puso en cuclillas y se quedo viendo hacia abajo, como intentando calcular la fuerza al impactar, también vio que cerca había un árbol por el cual se le hizo más fácil descender. Ya abajo, se puso la capucha de su sudadera y metió las manos a los bolsillos, camino de manera tranquila intentado disimular por la acera de aquella calle oscura, el bao que se desprendía de su boca le indicaba lo mucho que había descendido la temperatura y aun intentando mantenerse en la sombras, usaba los pantalones flojos y unos tenis anchos como de patinador, aquel vago se la vivía así, pintarrajeando paredes marcando lugares, ese era su estilo de vida, que parecía fácil pero no lo era, tenia que cuidarse de los demás, de pandillas enteras de vagos, de la policía y a veces de si mismo. Se quedo viendo una “firma” sobre la pared de lo que parecía una bodega, “Esquineros” decía en letras cruzadas de colores vistosos y de un tamaño bastante considerable, sabía que eso no era para nada bueno, pues significaba haber entrado al territorio del enemigo y que en cualquier momento lo podían descubrir, no podía volver atrás por la patrulla que aun lo seguía, más sin embargo no podía seguir adelante porque lo machacarían a pedradas y palos o quizás con algo peor, pues en las últimas batallas campales en que había participado habían llegado incluso al uso de armas blancas, cualquiera podía cargar una navaja, incluso él, pero no estaba en posición de retar a una veintena de individuos. Escucho a lo lejos la sirena en forma de claxon, también logro ver de nuevo el vaivén de las luces rojas y azules, se asomo hasta el medio de la calle y vio a la camioneta dar vuelta en su dirección, siguió caminando con la cabeza gacha pero apretando el paso un poco mas para intentar llegar al final de la calle, pero un montón de adolescentes se encontraban tirados sobre la banqueta, al verlo muchos se pusieron alerta, otros tantos seguían inhalando el dulce olor de la droga barata, una botella de resistol -¡Es el gato!- grito uno de ellos al tiempo que se levantaba, Federico detuvo su acelerada marcha y se quedo a la expectativa de lo que hicieran el resto de los vagos, de pronto se levantaron todos y comenzaron a correr hacia él, Federico corrió tratando de que no lo alcanzaran, la patrulla que aun continuaba a vuelta de rueda al principio de la calle alcanzo a ver el movimiento de la pandilla que se encontraban armándose de piedras para lanzarlas contra Federico, el motor rugió y los jóvenes corrieron, algunos a escabullirse y otros tantos a seguir atacando a Federico que como pudo subió a el techo de una camioneta tipo suburban y de ahí se lanzo a la trompa de un tráiler, subió por el capacete y luego salto hasta la caja, el resto de los vagos le aventaban lo que encontraban importándoles poco que la patrulla estaba más cerca de ellos, Federico llego hasta el final de la caja, la cual se encontraba contra una reja que delimitaba la calle con un lote baldío y sin pensarlo salto desde esa altura, cayo raspándose las piernas y los brazos, además de torcerse uno de los tobillos, pero estaba a salvo, al menos por el momento, algunos de los vagos lo habían seguido hasta topar con la reja y lo seguían amenazando, gritándole groserías y aventando las pocas piedras que portaban en las manos, los agentes llegaron hasta ahí y Federico pudo ver como muchos de ellos iban a dar al suelo por los mismos agentes. Federico se levanto cojeando un poco por su tobillo y se dispuso a perderse entre la maleza de aquel baldío.
Pensó que aquel lugar era pequeño, pero no era así, a su derecha podía ver una de las orillas que también estaba cercada y daba justo a avenida Morones Prieto en la cual los coches no andaban sino volaban, ya que el límite permitido era de ochenta por hora, más sin embargo casi nadie lo respetaba, al frente de él solo veía más monte y a su izquierda no veía absolutamente nada, no sabía qué hacer, pues brincar la reja que alcanzaba a ver implicaba correr y con el tobillo lesionado quizá no llegaría ni al segundo carril antes de ser aplastado por un camión pesado o simplemente atropellado por alguno de los coches, siguió en dirección al monte, pero al llegar a una loma mas alta se dio cuenta que le llevaban de todas formas a la reja que limitaba con la avenida y aunque eso le reducía las posibilidades de escapar, al menos se sentía tranquilo por no ser perseguido. Federico regreso entonces por donde había venido y luego torció un poco el camino para adentrarse a la espesura de la mancha negra que tenia frente a él, sabia perfectamente que no tenia otra opción pero pensaba en los montones de musarañas que podía encontrarse en la maleza seca que tenia bajo su cintura. Camino cojeando un poco para llegar hasta lo que parecía la mitad de su camino, pues a lo lejos podía ver una luz, que aparentaba estar en lo alto del marco de una puerta, el dolor en su pie había estado aumentando y cada vez que le pulsaba el tobillo la cabeza le retumbaba, se preguntaba una y otra vez como era que había terminado ahí, saltándose la parte en la que la policía había comenzado aquella frenética persecución, recordó para si, que no hacia mas de una hora, estaba placidamente sentado al filo de la banqueta justo a una cuadra de su casa, se había quedado ahí, para convivir un poco con el montón de vagos que se habían jurado ser amigos fieles, aunque siendo sincero con él mismo no le parecía que lo fueran realmente, pues siempre terminaban peleando, golpeándose unos a otros al final de la noche y a veces por algo tan insignificante, entonces una chispa salto en la mente de Federico, la droga era lo que había hecho que él terminara ahí, cuando su mente le regreso los recuerdos de él mismo inhalando sus polvos mágicos, inhalando tan duro como podía un montón de anfetas machacadas, metió la mano a su bolsillo y la encontró, un gramo, conocido en el bajo mundo como “una grapa”, venia en una pequeña bolsita de color fosforescente el cual le provoco al verla una ansiedad nerviosa por abrirla y metérsela lo mas rápido posible, sus manos le temblaban, como le tiemblan a un fumador compulsivo y el cerebro le liberaba espasmódicamente endorfina que se esparcía por toda su cabeza dándole una sensación de placer, continuo su camino hasta llegar a donde estaba la luz, lamentablemente era una pared la que lo dividía de esta, la pared media por lo menos dos metros, lo cual en cualquier ocasión le habría venido como un niño le viene la tabla del uno, pero ahora era complicado, aun así logro subirse y dejándose caer de espalda hacia el otro lado consiguió su objetivo, seguir oculto de la policía.

Federico cayo de espalda, tenia experiencia cayendo de distintas alturas, se adoleció y luego se reincorporo recargándose en la pared, sin levantarse observo que frente a él había un largo pasillo donde solo había tres focos luminosos intercalados, sin contar el que estaba sobre su cabeza, que le daba una idea de lo largo que era, abrió la bolsita y con el dedo índice levanto un poco de polvo, se lo introdujo y después un poco mas por la otra fosa nasal, sintió de nuevo esa sensación de placer, tardaba un poco en hacer efecto pero siempre daba resultados, al menos hacia que olvidara todo lo que le dolía, incluso lo que no era físico, como el hecho de que su madre fuera una prostituta y llegara a casa siempre con algún hombre ebria y gritando estupideces. Dejo caer su cabeza hacia atrás, topando inmediatamente con la pared y retumbando del golpe -Federico- le susurro una voz, a lo cual regreso la mirada al frente del pasillo y se quedo mudo, no había nada frente a él, solo la oscuridad al final que se agrandaba cada vez que el ultimo foco en la fila titilaba y se apagaba por completo -Federico- lo escucho nuevamente, miro a todos lados, incluso hacia la pared por donde había entrado y nada, de pronto la luz del fondo se apago tardando un poco mas de lo que tardaba en encender y al regresar una persona estaba para ahí, justo debajo de la luminaria que insistía en titilar -¿Qué tal te sientes Federico?- sobre saltado se puso en pie y llevo la mano al pantalón para buscar su navaja -¿Quién eres?- pregunto en un tono de furia -No tiene caso que te diga quien soy, no me conoces, pero yo a ti si y muy bien gato- Federico saco la navaja poco a poco desde su bolsillo trasero -Pues si no me dices quien eres y si dices que no te conozco, no creo tener problema si te pico con mi navaja ¿cierto? Ojos que no ven…- la navaja brillo reflejando el foco que tenia sobre su cabeza -Quizás debas intentarlo gato, pero no creo que consigas nada- Federico camino un poco hacia él y la luz volvió apagarse, cuando ésta regreso, él hombre ya no estaba -No te escondas, vuelve maldito marica- pero el hombre ya no contesto, el corazón de Federico había estado latiendo acelerado, dándole golpeteos en el pecho mientras que las manos le temblaban por la ira que sentía en el estomago -¡Jodete pendejó! ¿Piensas que iré a buscarte a las sombras?- grito sobresaltado esperando una respuesta, pero nada, el lugar seguía completamente en silencio. Pasaron algunos diez minutos, la droga comenzaba a tener sus efectos mas intensos, la imagen del pasillo se duplicaba ante la vista de Federico, veía como todo se movía de su lugar y el sentido del oído se había potencializado, podía escuchar una gota de agua caer en un balde y hacer eco, la escuchaba una y otra vez, en un principio parecía chistoso, luego comenzó a desesperarle hasta finalmente irritarlo, al grado de llevarse ambas manos a los oídos -¡Para, para ahora!- gritaba apretando los ojos en aquel rincón. -¿Parar?, la fiesta va comenzando Federico- escucho de nuevo la voz y sin pensarlo tomo la navaja del suelo, pero al abrir los ojos se dio cuenta de que estaba en otro lugar, en un cuarto con una media luz azul y con música electrónica al fondo, frente a él un hombre le extendía la mano, Oscar o él flaco, como lo conocía todo el mundo por su colonia, un vago que era capaz de conseguir cualquier tipo de droga -Pásale carnal, aquí hay de todo, mota, anfetas, tachas, lo que me pidas, tu solo tómalo y disfruta de la buena vida hermano- le dijo el hombre con un dejo de irresponsabilidad escurriéndole por la boca, Federico se levanto apretando los ojos y luego tallándoselos para comprobarse a si mismo que lo que estaba viendo era real, camino cojeando hasta una mesa, había cerveza tirada y unas cuantas botellas en el suelo, una olla de palomitas y frituras variadas, algunas jeringas unas pastillas y otro tanto de aquella porquería, camino por toda la habitación pero no encontró a nadie, busco en lo que parecía la casa de su amigo, pero nada, ni una sola alma, ni siquiera el flaco, de pronto la música paro y las luces se apagaron por completo, Federico que se había quedado en medio del cuarto no supo que hacer, se quedo ahí parado, escuchando, a lo lejos podía oír a un montón de grillos entonar su conocida melodía, de pronto la luz regreso y las paredes mostraban pintarrajeadas en colores fluorescentes, ASESINO, Federico sintió como su sangre se helaba y salio despavorido huyendo por la puerta principal y ya afuera solo volteo para ver que se tratara realmente de la casa de su amigo, pero al regresar la mirada al frente se dio cuenta que estaba de nuevo dentro de la casa -¡Maldita sea! ¿Estoy soñando o que?- grito en medio de la habitación -No lo se, dímelo tu, asesino- se escucho la voz, la misma del hombre en el pasillo -¿asesino, lo dices por el vago ese del Rodolfo?- Le contesto enojado –No lo se, eso dímelo tu ¿Crees que sea por el?- la voz contesto hablando con ironía -Pero si ese vato era lo que se merecía, por no ser mas que un simple perro, mendigando siempre todo de todos, además el fue quien me quiso matar a mi, ¡pero no contaba con que era mas ágil que él!- la voz no le respondió, Federico comenzó a percibir un aroma a hierba, como a sácate mojado, sintiendo como su cara se refrescaba y le daba la sensación de piquetes en el rostro.

De pronto despertó, estaba aun tirado en aquel rincón, se había quedad dormido y no se había dado cuenta que había comenzado a llover, en el cielo no se dibujaba ni una sola estrella -Lo que me faltaba- pensó para si, intentando ponerse de pie, cuando miro al pasillo se dio cuenta que la ultima luz se había fundido por completo -Que extraño sueño, supongo que es mi conciencia- se dijo mientras miraba un tatuaje en su piel, lo había colocado días después de que hubiera salido de la correccional de menores, cumpliendo su condena se cinco años por asesinato, lo habían encontrado culpable de matar a su amigo Rodolfo, pero al ser menor de edad no se le pudo encerrar por mas tiempo y salio apenas cumpliendo sus diecisiete, ahora una cruz con espinas le recordaban lo que no se debía de hacer. La lluvia arrecio y Federico camino cojeando hacia lo oscuridad del pasillo, adentrándose entre las penumbras algunos quince metros, de pronto escucho un ruido, eran unas cadenas arrastrándose, se detuvo, pero el sonido continuo para después escuchar como si estuviesen poniéndolas sobre algo metálico, pensó que se trataba de algún velador del lugar donde había ido a parar y que quizás solo estuviese asegurando el lugar, bajo un pequeño techo y desde la espesa oscuridad donde estaba podía ver una puerta contorneada por una luz blanca -Tengo que salir de aquí- se dijo en murmuro y sintiendo piquetes en el tobillo, una silueta camino despreocupadamente en dirección a la puerta, Federico dio dos pasos hacia delante topando con algo metálico, una cubeta para ser exactos, la cual salio botando, derribando consigo algunas escobas y trapeadores, lo supo porque escucho claro el golpe de los palos contra el suelo, tras el escándalo, la silueta que había conseguido llegar hasta la puerta, se detuvo, de pronto una luz pequeña emanaba de alguna de sus manos, apuntando amenazante hacia donde estaba Federico -¿Quien anda ahí?- dijo una voz ronca, Federico que había continuado moviéndose hacia delante esquivo el rayo de luz sin ningún problema, mientras que el hombre aluzaba el balde aun dando vueltas -¡No me obliguen a ir ahí!- dijo el hombre moviéndose un poco hacia delante, Federico se quedo quieto y recargado a una pared que había encontrado a tientas, el hombre siguió avanzando hasta llegar ahí, primero aluzando solo el balde después comenzó a disparar su rayo de luz en todas direcciones, como escaneando el lugar y aunque Federico se había comenzado a desplazar poco a poco pegado a la pared, sentía ese temor de ser sorprendido en cualquier momento, de pronto se escucho un ruido fuerte y la luz se dirigió hacia aquel lugar, un gato negro había tirado un bote de basura, de esos grandes de plástico, maulló y al sentirse amenazado por la luz dio un brinco sobre el bote derribado y desapareció tras la oscuridad -Malditos animales, me mataran de un infarto un día de estos- dijo el hombre apagando su linterna y regresando en dirección a la puerta, empapado por completo, Federico contuvo la respiración lo mas que pudo, esperando a que aquel hombre desapareciera tras la puerta y después sintió un alivio. Habían pasado cerca de cinco minutos, Federico aun continuaba ahí parado, esperando que aquel hombre no diera señal de regresar de nuevo, y justo cuando se armo de valor para continuar con su escape escucho de nuevo un susurro en el viento –Federico- volvió la misma voz insistente haciendo que volviera la vista hacia el pasillo, y ahí, bajo la luminaria donde había ido a caer, justo ahí, esta el hombre que antes lo había llamado –¿Estas seguro de haber despertado?- le dijo el hombre que se encontraba con el hombro en la pared y con los brazos entre cruzados, lo que llamo mas la atención de Federico, fue el hecho de no poder ver su rostro a pesar de que este se encontraba completamente iluminado -¿Quién eres?- pregunto Federico volteando completamente el cuerpo en aquella dirección -De nuevo esa pregunta, ¿es todo lo que puedes decirle a tu conciencia?, mírate las manos- le dijo el hombre, a lo que Federico reacciono elevando ambas manos hasta la altura de su rostro, al verlas sentía humedad recorriéndole hasta perderse entre sus brazos, por lo denso de la noche y la lluvia, no podía distinguir de lo que se trataba, como un sonámbulo camino hasta donde se encontraba el primer faro y entonces pudo distinguir, por entre los dedos le escurría sangre, se llevo ambas manos al pantalón y las tallo contra el -¿Qué es esto, de donde ha salido esa sangre?- le pregunto temblándole la voz -Eso deberías saberlo tu Gato- le dijo el hombre justo antes de desparecer ante su vista, de pronto la segunda luz se apago dejándolo de nuevo en la penumbras y con la lluvia cayéndole con toda su fuera en la cabeza, el corazón le latía golpeteándole en pecho –Esto esta jodiamente mal, tengo que dejar esta mugre- dijo aventando la pequeña bolsita que aun traía guardada en el pantalón, se coloco de nuevo la capucha de su sudadera y regreso cojeando hasta encontrarse con el portón metálico, supo entonces que su teoría de la cadena era cierta al verla deteniendo el portón con un candado, intento treparse, pero no hallaba por donde además su tobillo cada vez le dolía mas, pensó en entrar y robarle las llaves al velador concluyendo en que seria muy arriesgado, se tiro al suelo e intento pasar por debajo de este, pero era muy angosto, aun así, pudo ver que tras aquella puerta metálica se encontraba un callejón que lucia solo, todo a excepción de una mujer que desplazaba lentamente en dirección a donde el estaba, su silueta se movía contoneantemente y el se quedo perplejo ante su figura dibujada por las sombras, cuando la mujer se acerco lo suficiente a la luminaria de la calle hizo que de un respingo, Federico regresara temeroso hasta el interior del pasillo, pues la mujer lucia un vestido de novia y un velo negro le tapaba el rostro, pensó de inmediato en un viejo programa de televisión que veía cuando era niño, en este programa siempre salía una mujer vestida de esa forma representando a la muerte y esto le hizo retroceder a toda prisa –Maldita sea, tengo que salir de aquí- Se dijo buscando la forma de trepar de nuevo por la pared por la que había entrado, tras de él, el ultimo foco se apago dejándolo solo bajo aquella luminaria –Federico, ¿no recuerdas nada?- le volvió a decir aquella voz que comenzaba ya a infundir miedo solo con escucharla -No se de que diablos me estas hablando, dime lo que quieres, dímelo- le dijo Federico arrinconado y poniéndose en cuclillas, soltando un llanto que le hacia sentirse débil, frágil -¿lo que quiero, dices?- Federico había metido la cabeza entre las rodillas y se tapaba los oídos, apretaba los ojos y sentía las lagrimas recorriéndole el rostro en conjunto con las gotas de agua, imágenes intermitentes volvía a su cabeza, se veía a si mismo, frente aun espejo pequeño, viéndose el rostro, la barba le lucia crecida y sangre le salía del interior de sus fosas nasales, los ojos los tenia desorbitados, después otra imagen mas, se veía a si mismo pintarrajeando la pared justo antes de huir de la policía, se veía a si mismo golpeando a un hombre y sentía en la nariz ese olor a sangre, después a su madre entrando con un hombre a su casa y las golpizas que le había dado uno de tantos que su madre había llevado, se veía inhalando coca y fumando hierba, se veía triste, se veía seco del cuerpo con los huesos casi a punto de reventarle la capa de piel, de pronto escenas sexuales pasaban por su mente, veía mujeres con las que las había tenido, después el rostro de una niña y entonces salio de su transe -¿Qué he hecho?- se pregunto a si mismo, la lluvia golpeaba el suelo y de entre las sombras se levanto algo, una silueta monstruosa, como las de un demonio, parándose frente a él, no podía dejar de temblar y el foco sobre su cabeza comenzó a titilar para después desvanecerse y dejándolo en la completa penumbra un gruñido y un grito, fue lo ultimo que se escucho.

La mañana del 14 de marzo, un hombre de aspecto pandillero fue encontrado muerto por un el vigilante en turno de una fabrica, el cual dijo haber escuchado ruidos durante la noche, la policía llego al lugar de los hecho y al ver el cuerpo lo identificaron como Federico Aranda, un vago que era conocido en el bajo mundo como el gato y que era buscado por atentar en contra de una menor de edad, violándola y matándola presuntamente bajo los influjos de una droga, aparentemente aquel hombre abría muerto de una sobredosis, pero al revisar el cuerpo le descubrieron en la espalda marcas como de una mordedura de un animal aun no identificado, en los exámenes médicos se encontró que había muerto de un paro cardiaco, lo extraño era que en su interior los órganos estaban en completo desorden, pero no había marca de alguna cirugía presente, algunas personas dicen que aquel lugar donde fue encontrado el hombre era lugar de rituales satánicos propagado por una pandilla del lugar, pero al llegar aquella fabrica aquella situación se había disipado. El caso fue declarado como muerte por sobredosis, pero un mes más tarde fue encontrado un hombre muerto en el mismo lugar y con las mismas características, al intervenir el misticismo el caso fue mandado a los archivos muertos.

Los tres puentes. S.

En Chile, Picarquin, Tres Puentes son los que en cada noche de luna creciente ocurren acontecimientos espectrales e inexplicables. Todo sucedió hace 3 años.

El Primer Puente: Rossalie, una niña de 10 años fue brutalmente asesinada por una causa que hasta el día de hoy es una práctica cotidiana, la violencia intrafamiliar, Rossalie indefensa antes de morir en el primer puente de Picarquin prometió que esperaría a su padre para hacerle saber que no descansaría hasta encontrar la felicidad.

El Segundo Puente: Nadie conoció su nombre, se dice que era solo un habitante mas de Picarquin. Una persona callada y discreta de la que nadie sospechaba que realmente no tenía un propósito en la vida. Era un simple hombre que cada luna creciente o noche lluviosa se paraba en el segundo puente de Picarquin esperando autos que pasaran para darles la triste noticia de que morirían si cruzaban su puente. Falleció tres noches después de asesinar a una pareja de jóvenes en un auto gris. Cada Noche creciente él estará esperando autos ya que nunca está tranquilo porque jamás encontraron su cadáver.

El Tercer Puente: Quizás un hecho terrible fueron los tres niños asesinados y perdidos en el campo, Matías, Felipe y Nicolás. Los tres amigos inocentes tenían un oscuro secreto. En las noches escapaban al tercer puente de Picarquin y llegaban a las cabañas a practicar ritos satánicos para hechizar o maldecir (como se prefiera) a los habitantes de aquellas zonas. Sus cuerpos están ilegalmente enterrados en un terreno común, por ello sus espíritus jamás encontraron la luz.

Y en Picarquin, Chile, aparecen cada luna creciente los espíritus de estas personas, quienes debieron hacer algo malo. Esos son los tres puentes de Picarquin, yo soy Camila, una habitante de Picarquin, el pueblo que por este mensaje deja de ocultar un oscuro Secreto.

jueves, 29 de junio de 2017

En las últimas horas.

En las últimas horas la habitación se llenó de niebla
Sobre todo en las horas en que me hice amigo de la soledad
Entonces un ángel volvió con las manos llenas de tu amor
Para decirme que desde el otro lado, intentabas evitarme el dolor...

Y me perdí entre lágrimas, en el océano de mi almohada
Donde creo que me quedé dormido junto a tu viejo perfume
Así entre mil recuerdos, esperé toda una vida a que volvieras
Sólo hasta el día de hoy, donde mi pueblo viene a buscarme para volver a la arena...

Volvieron alguna vez las sombras donde me pareció ver tu cuerpo
Fue quizás algún rastro de locura, o el fantasma de algún recuerdo
Hoy estamos igual que siempre, viejos ya, mi soledad y yo
Y el amor es el mismo, el que tiene tu perfume pero que huele a dolor...

En las últimas horas el silencio se llenó de palabras
Porque decidí escribirte las cosas que la última vez me olvidé de decirte
Sólo que como esa última vez, tú no estabas en este mundo para escuchar
Aunque después te hayas convertido en silencio, y así no te hayas ido jamás...




En las últimas horas.
La Danse Macabre.

Todos los derechos reservados.

©2004

En el camino del sol.

Porque buscabas secretos en el camino del sol
Porque creías que el amor se encontraba detrás de un sueño
Entonces me preguntaste por la tierra de la libertad
Porque necesitabas respirar su aire, y allí establecer un hogar...

Creías que detrás del sol, se encontraba el puente del arcoiris
Porque creías que detrás de todas las cosas se encontraba la verdad
Y sé que necesitabas de un te amo para poder sobrevivir
Porque el mundo era de acero y costaba sangre poder ser feliz...

Decías que eras parte de un invierno que jamás llegó a un hogar
Que eras parte del futuro y del presente, y del pasado que no se olvida jamás
Yo necesitaba de tu amor, sentir tu realidad
Pero estabas empapada de locura, y soñabas con volar a la eternidad...

Porque decías que nosotros no somos iguales, hoy no somos los mismos
Porque después de tantos años, aún no puedes ser sincera
Yo estuve esperando aquí, a que Dios te permitiera despertar
Pero tú preferiste el infinito, y el barco de cristal con el que no regresaste jamás...




En el camino del sol.
La Danse Macabre.

Todos los derechos reservados.

©2004

Fantasma de los pueblos.

Se perdió en el océano profundo de la noche
Navegando en los mares de alcohol y de niebla
Llegó con el cansancio de los días, con el peso de los caminos
Mientras sus manos ásperas se aferraban a las viejas lágrimas
Que tantas noches de insomnio lo acompañaron en soledad
Porque siempre dolía estar solo, y siempre era más difícil despertar...

Sus ojos de niño que estaban acostumbrados a mirar al pasado
Hoy se perdían en la locura y en el recuerdo de quien no respiraba más
Y eligió estar del lado oculto, donde se pierden las voces de la ciudad
Entre un vaso sucio de alcohol, y detrás de las puertas del mal...

Y se convirtió en un fantasma, arrastrando las cadenas de su propio dolor
Y cargó con las lágrimas suyas y algunas que le eran ajenas
Mientras en sus manos llevaba marcas de sangre y ecos de silencio
Que se llevó de los caminos paganos y de las viejas voces de los pueblos...




Fantasma de los pueblos.
La Danse Macabre.

Todos los derechos reservados.

©2004