martes, 28 de febrero de 2017

The dead boy detectives.


Rowland y Paine, los adolescentes británicos muertos que aparecieron por primera vez en Sandman: Estación de nieblas, de Neil Gaiman, viajan a los Estados Unidos para investigar el caso de una chica desaparecida en una lujosa academia internacional para señoritas.

Naturalmente, al inquisitivo dúo no le queda otro remedio que vestirse de chicas para poder resolver el caso. Ha llegado la hora de los secretos, de las peleas de comida y de los espías. Mientras tanto, los Detectives Muertos aprenderán unas cuentas cosas sobre la vida gracias a las hijas precoces de ricos embajadores y de estrellas rebeldes del rock. Disfruten de esta divertida y perturbadora historia.



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lunes, 27 de febrero de 2017

La cabina. B.B.

Una mañana de invierno una de las azafatas del avión que hacía cualquier ruta de vuelo se dirigía por el pasillo del avión hacia la cabina de mando después de atender a los pasajeros. Entonces se acercó a uno de los pilotos y le informó de que la cabina de descanso estaba libre. Entonces el hombre se levantó y se marchó a dormir un rato. Cuando el piloto entró en la pequeña cabina estaba totalmente oscura, pero al apoyar una mano en una de las literas notó un bulto. Había alguien durmiendo, pero la azafata le había comunicado que la pequeña cabina estaba vacía. Alumbró con una linterna de bolsillo hacia la cama y observó con sorpresa que había una niña de unos cinco años tumbada en la litera . La arropó con la manta y sin hacer mucho ruido salió de la habitación y cerró la puerta.
Al momento fue a buscar a la azafata y le contó lo que había sucedido. Ésta, le dijo que era imposible porque no iban niños en ese vuelo. El piloto no se lo podía creer, el había tocado con sus propias manos el cuerpo de la pequeña.¡¡ Incluso notó su respiración mientras dormía!!
Entonces la azafata con cara de preocupación le dijo – ¿Ve usted esa pareja de allí al fondo? ¿ La ve?- repetía, dirigiéndose con la cabeza hacia una joven pareja con los rostros pálidos y demacrados.
Sí, sí, por supuesto que los veo… afirmó el piloto.
¿ Pero qué tienen que ver ellos en la historia? Preguntó con cara de intriga
Se dirigen al entierro de su hija, ella va abajo en un ataúd, junto con el resto de mercancías…contestó ella.
El piloto se quedó pálido al escuchar la noticia y salió corriendo a la cabina donde vio a la niña. Allí no había nadie. Se acercó al baño a refrescarse la cara y al mirarse al espejo se dio cuenta de que había escrito algo con un pequeño dedo, decía: Gracias por arroparme…

El anciano andrajoso. U.

En la carretera que lleva a San Francisco Chimalpa hay una cuesta que es preciso remontar, de preferencia en auto. No he sabido de quien, en días de lluvia, no vea a un anciano andrajoso, de bigote más poblado que la barba, ir bajando cansinamente la cuesta sin que parezca que se moja. Algo carga a sus espaldas, en un costal, y mira constantemente al suelo. Un testigo me contó haberlo visto tanto al subir la cuesta como al bajarla, con la particularidad de que el viejo siempre va en dirección contraria. Un osado conductor, acompañado (no sé si prudentemente) por su familia, divisó al viejo, bajó la velocidad y se atrevió a preguntarle si quería que lo llevaran a su destino. El viejo lo miró de refilón, hizo una mueca con la boca y agitó una mano, declinando la oferta.
No ha faltado quien gire en U para seguir al viejo, pero siempre pasa lo mismo: como en algún momento hay que dejar de verlo para ocuparse de la maniobra, cuando uno cambia el sentido del trayecto descubre que el viejo va hacia la otra parte. Este ser fascinante también ha sido visto por la noche, cuando la luz de la luna le imprime una especie de fosforescencia leve.
No se tiene memoria de cuándo comenzó a aparecer y a nadie le importa suponer hasta cuándo hará sus recorridos incomprensibles.

La ruta. L.P.

Mañana de verano en la que parte de los compañeros de clase decidimos ir a merendar al rio de un pueblo cercano, Villar de otero, de apenas cincuenta habitantes.

A penas llevavamos recorrido un kilómetro cuando, agotados por el calor, decidimos darnos un descanso y fue cuando Andrea, una chica que conocía bien la zona ya que su abuela residía en Villar de Otero nos dijo que conocía una ruta alternativa que cruzaba la montaña y nos recortaría una hora de camino, además se avecinaba una tormenta que no tenía muy buena pinta.

Ninguno nos opusimos a la propuesta de Andrea salvo Pablo, uno compañero que nos advirtió de que no era muy buena idea ya que allí no habría cobertura y la tormenta se les venía encima.

Nadie hize caso a Pablo y nos salimos de la carretera para meternos de lleno en un estrecho camino que bajaba montaña abajo.

Los truenos sonaban cada vez más cerca y Andrea, que había tomado el control del grupo, aceleró el paso y se la notaba nerviosa.
A medida que bajábamos la cobertura disminuía hasta llegar a ser nula. Fue entonces cuando me dí cuenta de que algo no iva bien y que me tenía que haber quedado en casa.

Llegamos al punto más bajo de aquel siniestro sendero donde había un puento que cruzaba un arrollo.

Fue entonces cuando Pablo se sobresaltó y nos dijo que se volvía a casa. Todos intentamos convencerle pero no fue posible, cuando ya se inció a caminar se olló una voz que dijo:
– Yo en tu lugar no haría eso…
Todos nos dimos la vuelta y había sido Andrea la que había soltado esas palabras tenebrosas.
Andrea nos contó una historia aterradora sobre esa ruta: nos dijo que era un antigüo paso entre montaña muy transitado que se cerró por la muerte de una mujer, que cayó ladera abajo y de la que no se supo nada de ella. Desde entonces la ruta dejó de usarse porque había personas que aseguraban oir gritos de auxilio de una mujer.

A todos nos recorrió un escalofrio y Pablo rectificó sobre su idea de dar la vuelta por donde habíamos venido.

Seguimos adelante ignorado la historia y llegamos a Villar de Otero sin mayor problema. Todos nos olvidamos de la historia hasta que llegó la hora de volver a casa.
Parte del grupo se quedó a dormir ene l pueblo pero yo y Pablo teníamos que volver a casa porque nuestros padres mo nos dejaban dormir allí.

El sol empezaba a ponerse y nos dijeron que les promeíéramos que volveríamos por la carretera y no por la ruta que habíamos venido o no nos dejarían irnos.

Nosotros admitimos y partimos rumbo a casa. Cuando pasamos frente a la bifurcación donde se entraba a aquel camino que tan prohibido nos tenían tomar, Pablo dijo:
-¿Vamos?
-No, es muy peligroso, está haciéndose de noche y no me da muy buena espina.
-Tú haz lo que quieras pero yo si voy, mis padres me esperan y llego tarde.
-Está bien, pero nos damos prisa que no quiero que la noche nos pille en ese camino.

Giramos hacia la ruta y avanzamos con paso ligero, la tormenta nos pilló de lleno y nos llovió como si de un diluvio se taratse.

Cuando ya llevávamos un buen rato de camino, tomamos una curva y vimos algo que me heló completamente. En el horizonte del camno había una mujer, una mujer con una mochila a la espalda, que caminaba muy despacio, con los brazos flácidos y tambaleandose.

Pablo y yo nos miramos y compartimos la misma mirada de pánico.
Cada vez llovía más y ya era prácitcamente de noche.

Decidimos aminorar la marcha y dejar que se alejase y no acecrarnos nada a aquella mujer tan aterradora.

Cuando la perdimos de vista hechamos a correr, correr como núnca habíamos corrido, cuando parecía que estábamos saliendo de aquel camino infernal me caí, perdí el conocimiento.
Cuando desperté era noche cerrada, miré mi móvil y eran las 10:00 PM y Pablo, Pablo no estaba.

Sólo quería salir de allí, me levanté y caminé cojeando haciala carretera.

Cuando llegue a casa me encontré a mis padres preocupadísimos y llorando.
Nos abrazamos y le dije:
-¿Y Pablo?,¿Ha llegado?
-No, han venido sus padres a preguntar por él.

Buscaron a Pablo durante meses, años y no hubo rastro de él. Se cerró esa ruta con piedras y tierra y ahora nadie se atreve a cruzar la montaña por la ruta, porque dicen que se oyen gritos de auxilio de una mujer… y de un niño.

Kazumi. U.

Nakayama ascendió en la yakuza y decidió poner el acento en el control de la prostitución. En poco tiempo dominó diversas casas de citas del distrito de Shinjuku. Era temido, sanguinario y, sobre todo, celoso, así que de inmediato reservó un lugar a Kazumi, su esposa, en un calabozo destinado a la práctica del sadomasoquismo. Kazumi no tuvo más remedio que obedecer y, tras algunas lecciones proporcionadas por su propio esposo, se convirtió en experta en nawa shibari (por supuesto) y, noche tras noche, se entregó a atar artísticamente a cuantos compatriotas (y extranjeros) se presentaban para solicitar sus servicios.
Los ataba concienzudamente, siempre en silencio, y al final aderezaba su obra con latigazos, baños en cera, puntapiés en los testículos y penetraciones con dildos. Sus esclavos la adoraban, al tiempo que Nakayama, severo a más no poder, supervisaba de cerca las funciones de su esposa.
Hubo un esclavo joven, de origen europeo, que robó el corazón de Kazumi; era un tipo apuesto, fanático de las ataduras, que empezó a combinar su cautiverio con el cortejo de su ama. Hablaba japonés fluidamente y sabía de memoria diversos poemas de grandes autores locales, sobre todo de épocas pasadas; eran románticos y sonaban exquisitamente; mientras Kazumi se ocupaba del joven, éste se dedicaba a recitar poemas y agregaba frases propias destinadas a ganar el amor de la oyente.
Durante meses, Kazumi consiguió pasar por alto el ascendiente que el cliente ejercía en ella; hubo días en que lo tuvo amordazado todo el tiempo, pero el afán de oírlo declamar tan bellamente pudo más y, a la larga, la movió a ordenarle que le recitara poemas nuevos en cada sesión, a despecho de que fatalmente se enamorara del infeliz.
Ocurrió. Ella no toleraba el talante celoso de Nakayama. No lo amaba; se había casado con él para evitar muertes en su familia, que el pretendiente había jurado masacrar en caso de ser rechazada su propuesta matrimonial. Kazumi rompió finalmente con la máxima regla de las diosas de la dominación: no tener sexo con los esclavos. Se acostumbró a acostarse con el extranjero noche tras noche, a veces incluyendo ataduras, que normalmente ella administraba, aunque a veces el otro se aventuró a probar su habilidad con las cuerdas (con resultados pobres).
Kazumi nunca supo que sus sesiones eran videograbadas secretamente. Un sicario envió a Nakayama una selección de imágenes de lo que su amada Kazumi hacía. El engañado perdió los estribos (porque hacía tiempo que carecía de razón), se presentó de súbito en el calabozo, degolló al extranjero (quien estaba suspendido en excelente bondage) y obligó a Kazumi a verlo desangrarse. Acto seguido, tomó un cuchillo temible y cortó la boca de su mujer, abriéndole las comisuras de los labios hasta las orejas. La insultó, le dijo que ya nadie la amaría porque había perdido la hermosura, y le aseguró que por nada del mundo la dejaría ir.
Kazumi pasó un rato en cama, convaleciendo de sus heridas. No se le practicó cirugía alguna, y los “cuidados” recibidos no eran de médicos profesionales, de modo que el aspecto de su rostro acabó siendo escalofriante. Al verse en un espejo perdió la razón. Continuó como bondage rigger, en el calabozo de siempre; ahora siempre usaba un cubrebocas negro. Nakayama la instruyó sobre cómo conducirse de entonces en adelante; él le enviaría a los clientes, normalmente pobres diablos con deudas con la yakuza, y ella decidiría matarlos o no. Llegaba el condenado, Kazumi lo ataba en un santiamén y luego preguntaba: “¿Soy hermosa?” La víctima, a juzgar por lo que veía (los ojos), decía que sí. Entonces ella se quitaba el cubrebocas y decía: “¿Y ahora?” La víctima, horrorizada, solía pegar de gritos y mover la cabeza negativamente, ante lo cual recibía un cuchillazo en la boca, que desfloraba las mejillas. Agitarse era inútil, las ataduras eran soberbias; la sangre brotaba hasta que no quedaba vida alguna en quien la derramaba. Los cadáveres eran desaparecidos posteriormente.
La venganza sobre los enemigos inflamó la vanidad de Nakayama, quien siguió ascendiendo en la organización (terminó de cubrirse de tatuajes). Le encantaba particularmente ver los videos de su esposa matando (sobre todo de susto) a los miserables que habían creído que podían jugar con el amo de Shinjuku. El hampón se entregó a la bebida y decidió estar presente en las sesiones de Kazumi.
Una noche, más bebido que de costumbre, se quedó dormido. A esas alturas, Kazumi sabía ya dónde estaba el operador de las cámaras (en un cuarto adyacente); lo sorprendió y le cortó la garganta con maestría. Regresó junto a su esposo, lo desnudó, lo ató y lo suspendió del techo. Cuando recobró la conciencia, Nakayama la emprendió a insultos contra la mujer, demandó ser desatado enseguida, profirió amenazas, vomitó de coraje. Kazumi aprovechó que el otro se ponía a carraspear para preguntarle si era hermosa, ante lo cual Nakayama, horrorizado, rompió a llorar y orinó patéticamente. Quizá como recurso desesperado para salvar la vida, dijo que sí; entonces, Kazumi se descubrió la mitad de la cara y preguntó que tan hermosa era ahora. El llanto de Nakayama arreció; sin querer movió la cabeza negativamente, y algo iba a decir para sortear su horrible destino cuando unas enormes tijeras le cortaron la boca espantosamente, arrancándole incluso un par de dientes. Tardó tres minutos en morir desangrado, ante la mirada inexpresiva de su esposa.
No volvió a saberse de ella, aunque se dice que transeúntes despistados la han visto en Shinjuku, a deshoras, y han tenido que responder sus preguntas con resultados funestos.

Aokigahara. U.

No tenía de qué quejarse. Apenas lo habían ascendido en el trabajo y su novia era de las más codiciadas de su círculo social. Se preparaba para vivir más que holgadamente el resto de sus días cuando aceptó una invitación a visitar Japón. Tres amigos decidieron llevarlo para festejar su ascenso y, supuestamente, mostrarle el lado underground del país, consistente en visitar burdeles equipados con mujeres de variados talentos. Aceptó la invitación, comentó el asunto con la novia y la calmó respecto de la forma en que se comportaría allá (alegó que las orientales le repugnaban).
Pero uno de los amigos era afecto a la escalada; en varios países del mundo se había sumado a partidas creadas para conquistar la cima de famosos promontorios, desde el miserable Ajusco hasta el imponente Everest (a cuya punta nunca llegó). Ahora, ese amigo recomendó escalar el Monte Fuji. No serían los cuatro quienes emprendieran el ascenso; el recién ascendido, tras haber degustado las mieles del sexo perverso en manos de mujeres de ojos rasgados y grandes dotes como amantes, prefirió recorrer el extenso bosque sito al pie del Fuji.
Los otros tres le permitieron hacer su santa voluntad; ellos ya se habían provisto de equipo para escalar la montaña y sólo pensaban en llegar tan alto como pudieran. Su amigo vagó por el pie del Monte y, casi inadvertidamente, se aventuró al interior del Aokigahara, de 35,000 km2 de extensión. Lo que más le llamó la atención no fue la densidad del bosque, sino el silencio que privaba en él. Anduvo más de un kilómetro sin toparse con nadie, aunque aquí y allá encontró pruebas de que otros humanos solían pasear por ahí.
Notó tarde que ignoraba si podría regresar por donde había venido. No se había fijado en el camino recorrido y destacaba por ser desorientado. Se limitó a volver sobre sus pasos, mirando al cielo, preguntándose cuánto tiempo pasaría antes de que oscureciera. Los nervios se le destrozaron cuando, de pronto, vio a cuatro personas al pie de un árbol; eran una anciana, un hombre y dos niños japoneses, cubiertos de harapos y de rara mirada. Parecían estar famélicos, pues acompañaban una suerte de demandas en japonés con gestos que aludían al acto de comer. El interpelado, seguro de que algo no andaba bien, se limitó a emprender la huida a la carrera, que interrumpió al notar la ausencia total de veredas. Mientras pensaba en cómo salir de aquel atolladero, observó que en un tronco había un anuncio escrito en japonés (que ignoraba) e inglés (que dominaba), recomendando a la gente pensarlo dos veces antes de utilizar el bosque para fines suicidas; era mejor (decía el anuncio) buscar ayuda profesional en lugar de ceder a la depresión.
El anuncio lo horrorizó; tomó su celular (modernísimo) para llamar a sus amigos y rogarles que fueran por él, pero notó que el aparato no recogía señal alguna, así como que el famoso GPS (que el artilugio incluía) no le servía para maldita la cosa. Se persignó, pensó en la novia, en la familia, acopió esperanza, se echó a andar. Divisó, en la entrada de una caverna, una figura quizá femenina que le hacía señas para acercarse. Él, urgido de ayuda aunque con desconfianza, acudió al llamado. Anocheció poco después.
Los amigos no habían llegado ni a la mitad del Fuji; cansados y frustrados, decidieron hallar a su compañero y limitarse a gozar de la vida nocturna de ciudades niponas. Sabían que el desparecido había ido al bosque, de modo que lo buscaron con la ayuda de un guía que, para no ilusionarlos, les aclaró que quizá su amigo ya estaba muerto, no por tener tendencias suicidas, sino porque los demonios que poblaban el bosque hacían a la gente ver cosas de las que la muerte era el único alivio. Airados, los sobrevivientes exigieron la intervención de las autoridades para dar con el desaparecido.
Por fin, tres días después de comenzada la búsqueda, el cuerpo del viajero infeliz fue descubierto dentro de una caverna, con las muñecas cercenadas. De inmediato se coligió que había sido suicidio. Los amigos buscaron desmentir ese dictamen, pero no tuvieron suerte. Al final, ya en la patria, aceptaron que quizá el suicida, en su fuero interno, arrastraba una depresión de origen desconocido.

domingo, 26 de febrero de 2017

Llorando.

Tú que estás entre las penumbras de la tristeza
Tú que hoy necesitas ver otra vez la luz
Cae la tarde pero en el mundo no estás
Quizás en el reino de las lágrimas que no terminan...

Tú que hoy estás entre las sombras de la ciudad
Tú que hoy quieres volver a vivir
Y así cae la tarde sobre el recuerdo de otros años
Donde te pareció alguna vez ser feliz...

Tú que hoy estás llorando bajo la lluvia
Tú que ya no recuerdas nada de amores pasados
Así cae el frío sobre los momentos lejanos
Y se llena de soledad el mundo y están frías tus manos...

Tú que hoy me buscas en ningún lugar
Tú que ahora crees que es posible la eternidad
Cae una lágrima sobre tu piel...
Yo la guardé para convencerte que todo es posible otra vez...



Llorando.
El principio universal de todas las cosas.

Todos los derechos reservados.

©2002

Llorando en las sombras.

El candil se apagó con las lágrimas que dejaste
Y las luces de la ciudad no volvieron a brillar
Regresé por las costas, en las horas del atardecer
Pero no encontré el perfume del mar, sólo el de tu piel...

La noche devoró las horas más bajas de este amor
Las sombras construyeron su hogar en las calles de mi corazón
Las voces de tu pueblo regresaron desde la lejanía
Tal vez estés llorando en las sombras...
Tal vez seas feliz y rías...

Este fuego que tantas veces brilló
Es una llama pequeña que sólo despide dolor
Mis lágrimas encontraron la sangre de tu piel
En las horas tempranas, en el frío amanecer...

La luz de Junio jamás volvió a encenderse
Y tú preferiste dejarte vencer por el dolor
Yo busqué tantas veces tu viejo perfume
Pero sólo encontré las sombras de tu amor...

Y comenzó a llover sobre las piedras añejas
Y volviste volando por los mares de arena
Yo me quedé buscando la forma de detener las horas
Mientras sin luces, tú llorabas entre las sombras...



Llorando en las sombras.
El principio universal de todas las cosas.

Todos los derechos reservados.

©2002

Llorando en la lluvia.

Dejaste que el pasado pudiera alcanzarte
Dejaste que los años sólo trajeran dolor
Las lluvias de Enero se llevaron las últimas arrugas
Y los últimos vestigios de lo que quedaba de amor...

Cambiaste la sonrisa por una lágrima interminable
Cambiaste los días nuevos por la tristeza inexorable
Los fríos crueles de Agosto deformaron tu rostro
Hasta que nadie recordó siquiera tu nombre...

Y se fueron las luces del día para jamás volver
Entonces te quedaste confundida entre la mañana y el ayer
Los hijos de la calle lavaron tus manos con lágrimas
Tú les diste lo poco de luz que aún guardabas en el alma...

Así pasaron los últimos años de olvido y de completa soledad
Porque los hijos de la calle con el tiempo aprendieron a soñar
Así pasaron los años de total e inmensa amargura
Donde Dios eternizó tu rostro de mujer, en las lágrimas y en la lluvia...



Llorando en la lluvia.
El principio universal de todas las cosas.

Todos los derechos reservados.

©2002

Llora por la libertad.

Hoy las cadenas lastiman sus manos
Hace años que no ven la luz
Niños lloran entre bombas
Mientras alguien busca razón...

Esclavos de esta guerra sin sentido
Gente muriendo sin un destino
Llora si quieres por tu libertad
Que alguien juzgará el Día del Juicio Final...

El Apocalipsis nos acecha
Y son esclavos los dueños de esta tierra
Hay gente que busca a sus seres queridos
Y hay otros que ríen por tantos caídos...

Los golpes sacuden su espalda
Y está muriendo quien cura las almas
El mar se está llenando de sangre
De sangre inocente vertida de dolor
No mires hacia arriba que ya no brilla el sol...

Somos sin saberlo los condenados
Nosotros vivimos en una guerra
Entre el bien y el mal
Y aunque busquemos una ilusión
Siempre seremos los olvidados de Dios...

Llora si quieres por esta que es tu tierra
Lloran los niños víctimas de esta guerra
Llora si quieres por tu libertad
Alguien vendrá a juzgarnos el Día final.



Llora por la libertad.
El principio universal de todas las cosas.

Todos los derechos reservados.

©2002

Llanto eterno.

La luna se moja con tus lágrimas
Sobre las horas de este otoño medieval
Profundo se hace el llanto de tu voz
En el silencio estelar de esta noche...

Porque estás llorando cuando se detiene el tiempo
Recostada en la arena vieja de los relojes
Porque tu vida fue triste y eterna como un lamento
De los reyes del continente olvidado...

Porque estás llorando bajo esta lluvia
E intentas que nadie alcance a ver tus lágrimas
Porque te amé en este sueño sin colores
Mas allá de la muerte y de esta vida...

Porque seguirás llorando más que el propio cielo
Porque huyes hasta los abismos de tu ser
Para no confundirte con las voces del viento
Para mojar estas manos con este llanto eterno...



Llanto eterno.
El principio universal de todas las cosas.

Todos los derechos reservados.

©2002

Las sombras de la vida.

Bajo este cielo que escondió un rayo de sol
Vagabas muda por los caminos de la locura
Como la sombra cansada de amar, extrañabas
El perfume del mar bajo el triste Abril...

Yo en silencio no hablaba por miedo a perder
No hablaba aún cuando te vi llorar tristemente
Y tu corazón desecho como un pájaro herido
Buscaba mis manos pensando que era su verdadero hogar...

Y como siempre, como antes, preferí no hablar
En silencio, desde lo alto, intentabas esta vida terminar
Porque pensabas que no encontrarías más dolor
Sin saber que en el cielo encontrarías también este amor...

No querías que hablara de las sombras de la vida
Pero desde el silencio escaparon algunas palabras
Pero tus manos guardaron el último suspiro
Y ese ultimo "te quiero" en lo profundo de tu alma...

Bajo este cielo gris que lloraba porque tu corazón extrañaba
Yo también dejé en tus ojos húmedos las ganas de vivir
Y me besaste sin palabras, con la calma de los muertos
Y nos fuimos de la mano, en silencio, al confín del universo...



Las sombras de la vida.
El principio universal de todas las cosas.

Todos los derechos reservados.

©2002

La última palabra.

La noche no era como las que juntos pasamos, porque era fría y la luna estaba escondida...


Llegaste en medio del silencio para decirme que éste era el adiós, que preferías estar sola, que no le tenias miedo al dolor...
Yo pensé que las promesas jamás se rompían, que siempre estarías a mi lado con tu amor, entonces tomaste fuertemente mis manos y lloraste como nunca habías llorado y besaste mis labios en señal de adiós...
Mis lágrimas no pudieron detenerte, porque elegiste ser indiferente a mi amor, aunque no sabías que camino tomarías, estabas segura de poder encontrarte con el sol...
Entonces la noche nos empapó en llovizna, y así nadie pudo vernos llorando, tú querías irte pero mis manos no te dejaron escapar...
...entonces vencida te arrojaste a mis brazos esperando que Dios te enviara una señal...

Pero sólo volvieron las palabras de amor, para convencerte que no era necesario el dolor...tus labios fríos enmudecieron ante los últimos sonidos del cielo que te dijeron que este no era el adiós...




La última palabra.
El principio universal de todas las cosas.

Todos los derechos reservados.

©2002

La noche.

Estás dormida sobre las sábanas del sueño
Tus ojos cerrados como mirando al pasado
La noche te cubre con su perversa inocencia
Y la mañana te espera despierta con todo su sol...

Estás dormida en la noche más larga del mundo
Tus manos están aferradas a una carta sin terminar
La noche ha dejado caer estrellas sobre tu piel
Y mi alma te espera despierta junto al amanecer...

Estás dormida y perdida entre las voces de la gente
Tus labios están cerrados como para acompañar al silencio
La noche te está cuidando con sus hadas y sus duendes
Y Dios te extiende su mano para invitarte a soñar...

Estás dormida sobre la noche más larga del mundo
Y te has abandonado a la paz de tu almohada azul
La noche ha dejado su campo de estrellas en tu piel
Y te persigo entre tus sueños, hasta el amanecer...



La noche.
El principio universal de todas las cosas.

Todos los derechos reservados.

©2002

sábado, 25 de febrero de 2017

Otros poemas. Vladimir Maïacovsky (1893-1930)

Carta de Maiacovski del 12 de abril de 1930, dos días antes de morir.

"A todos"

     De mi muerte, no se culpe a nadie, y por favor, sin comentarios.
Al difunto le molestaban enormemente.
     Mamá, hermanas, camaradas, perdonadme, -no es un método-
(no se lo aconsejo a nadie), pero no tengo otra salida.
     Lila, ámame.
     Camarada Gobierno: mi familia se compone de Lila Brick, mamá,
mis hermanas y Verónica Vitóldovna Polónskaia¹.
     Si les haces la vida soportable, gracias.
     Envíen los versos sin terminar a los Brick. Ellos sabrán descifrarlos.
     Como se dice,
                             el "incidente" ha terminado,
"la barca del amor,
                                        se estrelló contra la vida cotidiana":
     Estoy a mano con la vida,
                                                     y es inútil recordar,
dolores,
                  desgracias,
                                          y ofensas recíprocas.
                                                    Sigan felices.
                                                            Vladimiro Mayacovski
                                                                      12-4-1930

¹ Actriz casada que vivió el último año con Mayacovski pero que no
quiso abandonar a su marido.







El amor le es dado a cualquiera...

El amor le es dado a cualquiera
pero...
entre el empleo,
el dinero y lo demás,
día tras día
se endurece el subsuelo del corazón.

Versión de Victoriano Imbert







Verlaine y Cezánne.

Yo choco, a cada rato,
con el borde de la mesa o del estante,
midiendo con mis pasos, todos los días,
los cuatro metros de mi cuarto.
Me resulta estrecho todo esto del hotel Istria,
en este rincón, de la calle Campagne-Premiere.
Me oprime, la vida de París.
Eso de echar la angustia, por los bulevares,
no es para nosotros.
A la derecha, tengo el Boulevard Montparnesse,
a la izquierda, el Boulevard Raspall.
Camino y camino sin mezquinar las suelas,
camino de día y de noche,
como un poeta standard,
hasta que ante mis ojos,
se alzan los fantasmas.(...)

Versión de Victoriano Imbert

De "Viajes de ida y vuelta" 1923. Vladimir Maïacovsky (1893-1930)

Paris, 1923

Conversando con la Torre Eiffel.

París,
caminada por millones de pies,
gastada por miles de llantas.
Ando errante por tus calles,
solo, hasta el horror,
                                           ni un rostro amigo,
 hasta el horror,
                                 ni un alma.
Alrededor mío,
los autos fantasean una danza.
Alrededor mío,
desde sus fauces de dragones-pescados y luises,
silba y cae el agua de las fuentes.
Llego a la plaza de la Concordia,
y espero a que venga a la cita,
cruzando la niebla,
surgiendo tras las casas apiladas,
la torre de Eiffel.
¡Chist...!
Torre,
más despacio,
que la pueden ver.
La luna, tema de guillotina,
asiste a nuestra cita.
Me acerqué a ella,
susurrándole en la radio-oreja.
He aquí lo que le digo:
-He hecho propaganda a los edificios y a las cosas.
Nosotros,
sólo esperamos su aprobación.
Torre,
¿quiere encabezar la insurrección?
Torre,
nosotros la elegimos jefe.
Usted,
modelo de genio y técnica,
no debe quedar aquí,
ocultando sus contornos Apollinarios¹.
No es para usted,
este lugar de podredumbre,
París de prostitutas,
la Bolsa,
y los "poetas".
Los Metró² están de acuerdo.
Los Metró están conmigo.
Ellos,
arrojarán al público,
de su embaldosados vientres.
Y la sangre nueva,
lavará las paredes,
de los afiches de polvo y perfume.
Ellas,
-las paredes-
están convencidas.
Ellas no quieren ser esclavas de los avisos lujosos,
ellas saben que les sienta mejor a la cara,
nuestros agudos carteles de lucha.
¡Torre!
¡No tenga miedo a las calles!
Si el Metró no suelta la gente,
la calle lo castigará con los rieles.
Yo levantaré el motín de los rieles.
¿Teme?
Los tractores vendrán en columnas,
nos defenderán.
Vendrá Rive-gauche en nuestra ayuda.
¡No tema!
Ya me puse de acuerdo con los puentes.
Vadear los ríos,
                                 no es fácil.
Los puentes,
se levantarán de golpe,
movidos por el encono,
cerrando las entradas a la ciudad,
por todos los costados de París.
Al primer llamado,
se amotinarán los puentes,
arrojando a los peatones,
con su toros de piedra.
Se rebelarán todas las cosas,
las cosas,
ya no pueden soportar más,
este orden de cosas.
Pasarán quince años o veinte,
se ablandará el acero,
y las mismas cosas
se lo aseguro,
irán solas,
a venderse por las ferias de Montmartre.
¡Torre vamos!
Venga con nosotros.
Usted,
allá, en casa,
nos hace más falta.
¡Venga con nosotros!
La recibiremos,
con el brillo de nuestros aceros.
La recibiremos,
con más ternura que al primer amante amado.
¡Vamos a Moscú!
Torre,
allá tenemos más lugar.
Usted,
tendrá todas las calles que quiera.
Nosotros,
la cuidaremos,
cien veces al día,
lustraremos su acero y su cobre,
y quedará como el sol.
Deje,
que su ciudad-,
París de tontas pitucas,
París de bulevares abribocas,
acabe sola,
enterrada en el cementerio del Louvre,
con el vejestorio de su museo en los bosques de Boulogne.
¡Adelante!
¡Marche!
¡Marche con sus cuatro patas poderosas,
remachadas según lo planos de Eiffel,
para que en nuestro cielo,
asome tu frente de radio,
para que nuestras estrellas,
ante ti se avergüencen!
¡Decídase, torre!
Hoy se levantan todos,
removiendo a París,
desde la cabeza hasta los pies.
¡Vamos,
venga con nosotros a la URSS!
¡Venga, con nosotros!
Yo,
le conseguiré el pasaporte.

Escrito en el año 1922-1923 durante un viaje a Paris.
¹Viene de Guillaume Apollinaire. y no de Apolo, como figura en
una edición anterior por error de los correctores.
²Metropolitan. ...subterráneo de París.


* * * * *

Despedida.

En el auto ya,
                             después de cambiar el último franco,
                                                                                              pregunto:
-¿A qué hora partimos hacia Marsella?
París,
          corre,
                       despidiéndome,
con toda su extraordinaria belleza.
Sube a mis ojos,
                                 la humedad de esta separaci6n.
Mi corazón,
                        de sentimentalismo se ablanda.
¡Yo quisiera vivir,
                                      y morir en París,
si no existiera,
                             esa tierra,
                                                 que se llama Moscú!

Escrito en el año 1925 como último poema de una serie dedicada a
un viaje al extranjero.

* * * * *

¡A casa!

¡Pensamientos,
                               volad a casa!
Alma,
abrázate con las honduras del mar.
Aquél,
             que todo lo ve constantemente claro,
ése,
         a mi juicio,
                               es simplemente un tonto.
Yo estoy en el peor camarote,
de todos los camarotes,
Toda la noche,
                               encima mío,
                                                         golpean con los pies.
Toda la noche,
                               indignando la tranquilidad del cielo,
se agita el baile,
                                y gime la tonada:
"Mariquita,
                      Mariquita,
                                            Mariquita mía,
por qué,
                  Mariquita,
ya no me quieres más..."
¿Y para qué tendré yo que querer a Mariquita?
Yo,
       no tengo francos,
y a Mariquita,
                           con sólo un guiño,
                                          y por cien francos,
                                                       te hace pasar al camarín.
Con poco dinero se arregla,
ella sólo vive para el "chic".
Pero algún intelectual,
moviendo algo su cabellera sucia,
le conseguirá una máquina de coser,
para coser,
                        la seda de sus versos.
Los proletarios,
vienen al comunismo,
                                                        desde abajo,
          desde los bajos,
                      mineros,
                                   de la hoz,
                                              y el martillo.
Yo,
me arrojo del cielo poético al comunismo,
porque sin él,
                            no tengo amor.
Da lo mismo,
         que yo mismo me deporte,
                     o me envíen al diablo.
Se oxida el acero de las palabras,
el cobre ennegrece con el tiempo.
¿Para qué debo pudrirme,
                                                       y oxidarme,
bajo estas lluvias extranjeras?
Estoy aquí,
                       en viaje entre las aguas,
con pereza,
                          pasa el tiempo,
                               casi no muevo los resortes de mi máquina.
Yo, en realidad,
me siento una fábrica soviética,
                                                                  que elabora dicha.
No quiero,
                     que a mí,
                                       como florcita,
                                                            me arranquen del campo
después de horas de penosa labor.
Yo quiero,
                      que sude el gobierno en debates,
                      dándome encargo para un año.
Yo quiero,
                      que el Tiempo,
                                                    mi comisario,
                                                                            ordene mi mente.
Yo quiero,
                      que más que un sueldo de especialista,
                      me entreguen el aplauso del corazón.
Yo quiero,
                      que al fin del trabajo,
                      el consejo de fábrica,
                                                                 regule mi razón.
Yo quiero,
                       que la pluma,
                                                  se equipare a la bayoneta,
                       que del trabajo de hacer versos,
                       como de la producción del hierro y acero,
                       haga informes en el Ejecutivo,
                                                                       el camarada Stalin
diciendo:
                     Hemos superado el nivel,
                     de las más altas normas para hacer versos,
                     sobrepasando,
                             la producción de anteguerra,
                            en todas las Repúblicas de la Unión Soviética.

Escrito en el año 1925, en viaje de regreso de Nueva York a Moscú.

* * * * *

A plena voz.

Introducción a un gran poema sobre el plan quinquenal que dejó
inconcluso. Existe un esbozo a una segunda introducción, también
inconclusa.

Primera introducción al poema:

¡Respetables,
                         camaradas herederos!
Revolviendo,
                          la m... endurecida de hoy,
estudiando nuestros días de niebla,
ustedes,
                 tal vez preguntarán por mí,
y tal vez,
vuestro sabio dirá
                                     con alarde de erudición,
hurgando en los problemas de hoy:
dicen,
             que una vez vivió,
un cantor del agua hervida,
enemigo rabioso del agua cruda.
Profesor,
quítese los lentes-bicicletas.
Yo mismo,
hablaré de mi tiempo,
                                              y de mí.
Yo,
saneador tempestuoso de la revolución,
movilizado y por vocación,
me fui al frente,
dejando los jardines señoriales de la poesía,
mujer caprichosa
Dicen, cantan;
"Yo planté mi jardincito,
la hijita,
                  la casita,
el agua tranquilita,
sola hice el jardincito,
                                             sola lo he de regar."
Quien los versos,
riega en regadera,
quien gotea rimas con la boca,
de Mariquitas y matronas,
¿Quién demonios los entiende?
No dan tregua a los suspiros,
mandolinan tras la reja:
"Tara-tina, tara-tina,
                                          ten..."
Muy poco honor,
para que yo levante entre estas rosas,
mis angustiosos sueños,
por la calle donde escupe la tuberculosis,
donde el reo y la  sífilis...
Al Agitprop¹,
l0 tengo entre los labios,
y podría hacer romances a medida,
más fácil y pagan mejor.
Pero yo,
me contenía,
                           pisando la garganta
                                                                   de mi propia canción.
¡Escuchen!
                       camaradas herederos,
al agitador
                    y caudillo vocinglero,
apagador de las charlas poetizantes.
Yo pasaré,
por encima de los líricos tomitos,
hablando frente a frente,
como si estuviese vivo.
Yo no vendré,
                              al comunismo lejano,
como los trinos cantores de Esénin
Mi verso llegará,
a través de la cumbre de los siglos,
por encima de cabezas,
                                                poetas y gobiernos.
Mi verso no llegará,
no,
       como llega la flecha lírica amorosa.,
no,
       como llega al numismata,
                                                             una moneda gastada,
ni como llega la luz,
                                         de las estrellas muertas.
Mi verso,
                    ciclópeo,
romperá,
                    la mole de los años,
como llegó,
                    a nuestros días,
visible,
              grosero,
                                palpable,
el acueducto de Roma,
por los esclavos hecho.
Entre pilas de libros,
                                           entre versos enterrados,
al descubrir por casualidad,
                                                         el hierro de mis estrofas,
ustedes, con respeto,
las palparán
                          como viejas armas,
                                                                 pero aun temibles.
Yo,
         con la palabra,
                                       no acostumbro a acariciar el oído.
Las orejitas de señoritas de rulito y buclecito,
yo no las tocaré,
yo, el de amores desbordantes.
Desplegaré
                       mis páginas,
                                                en desfile,
                                                                     como tropas,
y pasaré
                  por mi frente firmemente.
Mi verso,
                   está de pie,
                                          con peso de plomo,
espera la muerte,
o la vida eterna de la gloria.
Los poemas están inmóviles,
con sus cañones,
apuntando con sus titulares deslumbrantes.
La agudeza de mi verso,
con la agilidad de la caballería,
el arma preferida de la gente,
está inmóvil,
con las rimas sublevadas,
                                                    y sus lanzas afiladas,
dispuesta a partir al galope.
Y todos mis ejércitos,
armados hasta los dientes,
que veinte años combatieron,
y en victorias han volado,-
hasta mi última página,
te la entrego a ti,
                                   planeta proletario.
La clase, enemiga del obrero,
es mi enemiga,
                                implacable,
profunda
                   y hace tiempo.
nos mandaron ir
                                   bajo la enseña roja,
años de trabajo,
                                 y días de hambre.
Pero nosotros,
                               abrimos de Marx
cada volumen,
como en nuestras casas,
se abren las ventanas,
y sin leerlos
sabíamos a dónde ir,
y en qué frente combatir.
La dialéctica,
                           nosotros,
                                               no la estudiábamos por Hegel.
Con estruendo de combate,
entraba ella en nuestros versos,
cuando bajo las balas,
bufan de nosotros los burgueses,
como nosotros,
                                 antes huíamos de ellos.
Dejen,
que tras los genios,
en marcha fúnebre,
marche la gloria,
                                  viuda inconsolable.
¡Muera mi verso,
muera como soldado anónimo,
en la tempestad de nuestros días!
Escupo yo,
a todos los bronces monumentos
escupo yo,
al mármol panegírico.
Ya arreglaremos,
                                       nuestras cuentas con la gloria,
-entre nosotros,-
                                     si somos hermanos.
Dejen,
            que el socialismo sea,
construido en los combates,
el monumento,
                                que mejor nosotros merecemos.
Herederos,
                       corrijan,
                                         del diccionario algunas palabras.
Al río del olvido irán,
                                              los restos de aquellas como:
"prostitución",
                               "tuberculosis",
                                                                y "bloqueo".

Para ustedes,
que son sanos y ágiles,
el poeta,
pintaba con esputos de tisis,
el tosco color de los carteles.
Con la cola de los años,
                                                  me vuelvo semejante,
a los monstruos cuaternarios,
                                                              descubiertos bajo tierra.
¡Camarada vida,
a ver,
            más rápido,
                                      marchemos,
marchemos por el resto del quinquenio!
A mí,
los versos no me acumularon rublos,
no enviaron
                          los muebleros,
                                                        a mi casa,
                                                                             muebles de caoba.
Y más,
               que una camisa limpia y fresca,
les diré,
                  sinceramente,
no me hace falta nada.
Ante el C. C.²,
de los años,
                        preclaros venideros,
por encima de una banda,
                     de vividores y fulleros,
yo levantaré,
                          como carnet bolcheviquista,
todos,
              los cien tomos,
de mis libros partidistas³.

¹ Agitación y propaganda
² Comité Central.
³ Maiacovski ingresó al Partido Bolchevique en el año 1908. Después
de tres años de activa vigilancia y prisiones dejó su carnet para hacer
"arte socialista". En el año 1930, el 25 de marzo, en la casa de la
Juventud Comunista de Krasno Présnaia habló sobre "Mis veinte años
de labor". Entre las preguntas y respuestas que siguieron a su disertación 
hay algunas que aclaran su posición;
UNA VOZ. -Camarada Maiacovski, ¿por qué estuvo en la cárcel?

* * * * *

Sin terminar.

Este fragmento sin terminar de la segunda Introducción de carácter
lírico a un gran poema de Mayacovski proyectado sobre el plan
quinquenal, fue anotado mientras escribía  "A plena voz" que debió
ser la primera Introducción.
Señalamos una similitud entre algunas de las estrofas con su carta
de despedida. En una dice: "estoy a mano con la vida",  y en otra,
"estoy a mano contigo". Inédito en castellano.
Esta Introducción lírica está dedicada a Lila Brik.

Yo conozco el poder de la palabra,
                      yo conozco su llamado poderoso.
Hay palabras,
                            que levantan a los seres de las tumbas,
y marchan solas,
                                   sobre sus cuatro patas.
A menudo,
                        hay palabras que se pierden
se tiran,
                 no se imprimen,
                                                  no se publican.
Pero la palabra corre,
                                             ajustando sus tiradores,
resonando en los siglos,
                                  y se acercan los trenes arrastrándose
lamiendo,
                      las manos callosas de la poesía.
Yo conozco el poder de las palabra,
                                                                          más que muchos,
más que un pétalo caído,
                                                    bajo el pie de la danza.
Pero el hombre,
                                 entrega el alma,
                                                                  los labios,
entrega todo su esqueleto...
1- Me ama;
                        mucho, poquito,
                                                           o no me ama...
Me rompo las manos,
                                             apretando los dedos,
y arrojo al aire los dedos rotos.
Así se rompen o arrojan,
                                                    los pétalos de las margaritas,
cuando se adivina el amor en el mes de mayo.
Dejad que al rasurarme,
se descubra el pelo plateado de los años.
Espero,
                creo:
                           en los siglos de los siglos jamás me llegará
el día vergonzoso de mi sano juicio.
2-Ya son las dos.
                                   Tal vez ya estás acostada.
En la noche,
                          la Vía Láctea,
                                                      hace su camino de plata.
No te apuro,
                          con telegramas urgentes,
no tengo por qué,
despertarte ya,
                               ni molestarte.
Como se dice,
                              el "incidente" ha terminado.
La barca del amor,
                                   se ha estrellado,
                                                               contra la vida cotidiana.
Estoy a mano contigo.
                    No hay por qué enumerar,
nuestros dolores recíprocos,
                                   desgracias,
                                                          ofensas.
¡Mira el universo,
                                    qué silencio!
La noche,
                     ha cubierto el cielo,
con su mensaje de estrellas.
En horas como ésta,
                                          uno se levanta y habla,
a los siglos,
                       a la historia,
                                                  al mundo.
3- Ya son las dos...
                                       tal vez ya estás acostada,
o tal vez,
                   tú también estás así como yo...
No te apuro ya,
                                con telegramas urgentes,
no tengo por qué,
despertarte ya,
                                 ni molestarte...

MAYACOVSKI. -Por pertenecer al Partido Comunista, pero eso fue
                               hace mucho.
UNA VOZ. -¿Es usted afiliado al Partido Comunista?
MAYACOVSKI. -No, no soy miembro del Partido Comunista.
UNA VOZ. -Es lamentable.
MAYACOVSKI. -Yo no le considero lamentable.
UNA VOZ. -¿Por qué?
MAYACOVSKI. -Porque, en la vida fui adquiriendo una serie de costumbres
que no se concilian con el trabajo organizativo. Tal vez, sea un prejuicio salvaje,
pero tuve que luchar de manera tan encarnizada, me han combatido tanto.
Hoy ustedes me llaman"su poeta" pero hace nueve años todas las editoriales
se negaron a publicarme "Misterio bufo" y  el jefe de la Editorial del Estado
me dijo: "Yo estoy orgulloso de no publicar semejante porquería...
Yo no me separo del Partido y me considero obligado a cumplir  todas las
resoluciones del Partido Bolchevique, aunque no tengo el carnet del Partido."

Poemas de 1917 a 1930 (Versiones de Lila Guerrero). Vladimir Maïacovsky (1893-1930)

Amo.

Escrito en 1922, dedicado a Lili Brick. Es
de carácter autobiográfico.


1. Comunmente es así

El amor le es dado a cualquiera
pero...
entre el empleo,
el dinero y demás,
día tras día,
endurece el subsuelo del corazón.
Sobre el corazón llevamos el cuerpo,
sobre el cuerpo la camisa,
pero esto es poco.
Sólo el idiota,
se pone los puños,
y el pecho lo cubre de almidón.
De viejos se arrepienten.
La mujer se maquilla.
El hombre hace ejercicios con sistema Müller,
pero ya es tarde.
La piel multiplica sus arrugas.
El amor florece,
florece,
y después se deshoja.

* * *

2. De niño.

Yo fui agraciado en el amor, sin límites.
Pero de niño,
la gente preocupada, trabaja.
Y yo,
escapaba a las orillas del río Rión,
y vagaba sin hacer nada.
Se enojaba mi madre:
"¡Chiquillo maldito!"
Mi padre me amenazaba con el cinturón.
Pero yo,
me ganaba tres rublos falsos
y jugaba con los soldados bajo las tapias.
Sin el peso de la camisa.
sin el peso de los botines,
daba vueltas
y me quemaba bajo el sol de Kutaís¹,
hasta que me daban puntadas al corazón.
El sol se asombraba:
"Apenas se ve
y también tiene corazón
se empeña el chiquillo."
¿Cómo es que cabe en este pedazo de un metro,
el río,
yo,
y las kilométricas cumbres?

1 Distrito donde nació el poeta.


* * *

3. Adolescente.

La juventud tiene mil ocupaciones.
Estudiamos gramática hasta atontarnos.
A mí,
me echaron del quinto año,
y fui a apolillar a las cárceles de Moscú.
En nuestro pequeño mundo doméstico,
para las camas aparecen poetas de pelo rizado.
¿Qué saben estos líricos anémicos?
A mí, pues.
me enseñaron a amar en la cárcel.
¿Qué vale comparado con esto,
la tristeza del bosque de Boulogne?
¿Qué vale comparado con esto,
los suspiros ante un paisaje de mar?
Yo, pues,
me enamoré de la ventanilla de la cámara 103²,
de la "oficina de pompas fúnebres".³
Hay gente que mira al sol todos los días
y se enorgullece.
"N0 valen mucho sus rayos" -dicen.
Pero yo,
entonces,
por un rayito de sol amarillo,
reflejado sobre mi pared,
hubiera dado todo un mundo.

² Número de la cámara de la cárcel donde estuvo preso Mayacovski 
durante un año.
³ El pueblo llamaba así a esa cárcel.

* * *

4. Mi universidad.

¿Sabe francés,
restar,
multiplicar?
¡Declina maravillosamente!
¡Que decline!
Pero, oiga,
¿Acaso usted podría cantar en dúo,
con los edificios?
¿Usted acaso comprende
el idioma de los tranvías?
El hombre, a veces,
apenas sale del cascarón
y ya lleva  libros bajo el brazo,
y cuadernos escritos.
Yo,
aprendí el alfabeto en los letreros,
hojeando páginas de estaño y hierro.
Los maestros,
toman la tierra,
la descarnan,
la destrozan,
y enseñan:
-Toda ella
no es más que un globo pequeño, redondo.
Pero yo,
con los codos aprendí geografía.
No en vano he dormido tanto sobre la tierra.
Los historiadores se atormentan con importantes preguntas:
-¿Era o no roja la barba de Barbarosa?
¡Que sea!
No me gusta meterme en las mentiras con telaraña.
Yo conozco de Moscú, cualquiera de sus historias.
Hablan de Dobroliúbov (para que lo odien)¹
pero su apellido está en contra,
protesta la familia.
Yo,
desde niño.
aprendí a odiar a los gordos,
a los que se venden por una comida.
Se sientan,
charlan,
y para gustarle a la dama,
hacen sonar sus pobres ideas
con sus frentes llenas de monedas.
Yo,
dialogaba sólo con los edificios,
y las tomas de agua, eran mis interlocutoras,
con la ventana del oído atento escuchando,
los techos oían lo que les arrojaba al oído.
Y luego,
de noche,
sobre una cosa
o la otra
nos pasábamos charlando,
moviendo la "sinhueso".

¹ Escritor ruso; su apellido significa literalmente,
bondad amorosa:es un juegfo de palabras de Mayacovski

* * *

5. Adulto.

Los mayores tienen asuntos.
Los rubios tienen bolsillos.
¿Amar?
Por favor,
por cien rublos.
Y yo,
sin casa y sin techo,
las manzanas metidas en los bolsillos rotos,
vagaba asombrado.
Si es de noche,
se ponen los mejores trajes,
descansan el alma sobre viudas o casadas.
A mí
Moscú, me ahogaba de abrazos,
con sus anillos infinitos de plazas.
En los corazones,
suena el reloj de los amantes.
Se exaltan las parejas en el lecho de amor.
Y yo,
buscaba enloquecido,
el pulso salvaje de la ciudad
acostándome con "La Pasión" de sus plazas.¹
¡Entrad pasiones!
¡Trepáos con amor!
¡Desde hoy no soy dueño del corazón!
En los demás -yo sé-,
el corazón está en casa,
en el pecho,
lo sabe cualquiera.
Conmigo,
se volvió loca la anatomía,
soy todo corazón,
y palpita en todas partes.
¡Oh! Cuántas primaveras tuve
en veinte años encendidos y plenos.
El corazón tiene su apéndice,
y su carga sin gastar,
es simplemente insoportable.
Insoportable,
no para el verso,
de verdad.

¹"La Pasión" plaza de Moscú, hoy plaza Pushkin.

* * *

6. Lo que resultó.

Más de lo que se puede,
más de lo que hace falta,
como si colgara de mí,
un delirio poético.
El apéndice del corazón creció agigantado.
Una mole de amor,
una mole de odio.
Debajo del peso -las piernas-, tambaleando se mueven.
Tú sabes,
yo estoy bien formado,
y sin embargo,
cargo el complemento del corazón,
encorvado de hombros,
y me hincho de leche de versos
y no puedo irme,
a donde,
total igual me lleno de nuevo.
Estoy lánguido de lirismo.
¡Oh nodriza del mundo,
hipérbole,
imagen de Maupassant!

* * *

7. Llamado.

Lo levanté como un atleta
lo llevé como un acróbata,
como a los electores los llevan al mitin,
como en las aldeas llaman a rebato los días de incendio.
Yo llamaba:
" Aquí está,
aquí,
tomadlo".
Cuando esta mole gemía,
sin notar el polvo o el barro,
las damas se apartaban de mí como locas.
-"A nosotras, más chico.
A nosotras, algo así como un tango..."
No puedo llevarlo,
y cargo mi peso.
Quiero arrojarlo
-y sé-
no lo haré.
No resisten los arcos de mis costillas,
mi profundo jadeo.
El pecho rechina
bajo el empuje de mis pujos ardientes.

* * *

8. Tú.

Entraste.
En serio miraste.
La estatura,
el bramido
sencillamente examinaste,
-un chiquillo.
Tomaste,
sacaste el corazón,
y sencillamente te fuiste con él a jugar,
como una niña juega con su pelota.
Y todas,
como si vieran milagros
exclamaron -damas y señoritas:
-¿A ese, amarlo?
Si se echa encima,
hace falta una domadora.
¡Debe ser de una jaula!"
Y yo, de júbilo
-perdí el yugo.
y de alegría,
olvidándome de mí mismo
saltaba,
-como en casamiento de indio-,
tan alegre, y bien me sentía.

* * *

9. Imposible.

Solo no podré llevar el piano,
y menos aún la caja de hierro.
Si no fuera la caja,
y el piano,
mi corazón lo llevaría de vuelta.
"Los banqueros saben:
somos ricos sin límites,
nos faltan bolsillos-,
guardamos en la caja de hierro".
Mi amor, por ti,
es un tesoro,
y lo guardo en mi caja de hierro,
y como un Creso ando contento.
Y sólo cuando tengo muchas ganas,
saco una sonrisa,
o menos,
y emborrachándome con otros,
gasto a media noche,
unos quince rublos de lirismo en moneda.


* * *

10.Y así pasa conmigo.

Las escuadras,
también acuden a las bahías.
El tren,
también se apresura hacia las estaciones.
Y yo, se comprende
-si yo te amo-
voy hacia ti
pues me atraes,
me enloqueces.
Como se apea "El caballero avaro" de Pushkin,
encantado hurgando su sótano,
así yo,
vuelvo hacia ti, amada,
con mi corazón encantado.
Y a casa vuelvo contento,
como ustedes vuelven
y se quitan la roña, lavándose y afeitándose.
Así vuelvo hacia ti.
¿Acaso,
yendo hacia ti no vuelvo a mi casa?
A los terrenales los recibe la tierra
-siempre volvemos a nuestros deseos.
Así yo,
hacia ti siempre me inclino,
apenas nos separamos,
nos vimos apenas.

* * *

11. Deducción.

No acabarán el amor,
ni la riña,
ni la distancia.
Pensado,
probado,
verificado.
Levanto solemne
el verso de mil dedos-estrofas.
Juro, amo,
fiel y seguro.

* * * * *

AMO 2.

Escrito en 1923, dedicado a Lili Brick 
durante un encierro voluntario de dos meses 
en su habitación de tres metros por dos de ancho.

Para ella y para mí

En este tema.
                            personal,
                                               y modesto.
repetido y cantado
                                       más de una vez.
yo giraba,
                    en calesita poética,
y vuelvo a girar sobre él.
Este tema,
                     ahora,
puede ser una plegaria a Buda,
y podría también afilar los cuchillos
de los negros, contra el patrón.
Si en el planeta Marte,
existe algún hombre de corazón,
también él,
                       ahora,
                                    rezongará,
                                   por la misma cuestión.
Este tema llegará,
y al lisiado,
lo tomará de los codos,
y le ordenará,
                             toma el papel,
                                                           y escribe.
Y el lisiado,
se apartará del papel con un grito desaforado.
Nada más que una canción,
son estos versos bajo el sol nublado.
Este tema llegará,
                                    tocará el timbre en la cocina,
dará sus vueltas
                                 y se disipará como el humo.
Hasta el gigante,
                                 se rendirá ante él,
v se detendrá abrumado.
Este tema llegará,
                                     y ordenará:
                                                               -¡La verdad!-
Este tema llegará,
                                     y reclamará:
                                                                -¡La belleza!-
Dejen
            que pase,
                               de mano en mano,
mientras ronronea un vals.
Este tema,
                      de paso sacudirá el alfabeto.
Nadie encontrará un tema más difícil.
Se vuelve la "A"
                                más inaccesible que el Kazbek¹.
Este tema enturbiará la razón,
y le quitará el sueño,
                                           y el pan.
Este tema vendrá,
y con los siglos,
                                 jamás se gastará,
únicamente dirá:
-Desde hoy fíjate únicamente en mí.
Y uno lo mira,
y avanza con un portaestandarte;
con un fuego de sedas escarlatas,
sobre la tierra embanderada.
Es un tema también,
                                          lleno de picardía.
Pasarán los sucesos,
y desde el fondo de los instintos,
se preparará a dar un salto,
y como si enfureciese, nos condena:
atrévete a olvidarlo.
Este tema estremecerá,
                                                y rendirá otras mil almas.
Este tema entró en mí irritado,
y ordenó:
                     entrégame el anzuelo de los días.
Me miró,
                   hizo una mueca en mi trajín cotidiano,
y como una tempestad,
apartó la gente,
                                 y todos los demás problemas.
Este tema llegó,
                                 borrando todos los otros,
y sólo,
               y sin dividirse se apoderó de mí.
Este tema me ha puesto el cuchillo en la garganta
Martillando,
                           desde el corazón a la sien.
Este tema,
                      oscureció mis días en sombra.
Y el verso me ordena,
                                              golpea como un tambor.
El nombre de este tema,
                                                  es...!

¹La montaña más alta del Cáucaso.

* * * * *

Balada de la cárcel de Reading.

                        "Recuerdo, estuve de pie,
                        tenía ese brillo, y esto,
                        entonces se llamaba el Neva."
                            (El Hombre" de Mayacovski)

Balada de baladas

No es muy novedoso el compás de las baladas,
pero sí duelen las palabras,
de lo que les duele,
las palabras hablan,
entonces rejuvenece el compás de las baladas.
Fue en el cruce de Lubiánski¹
y Vodopiany ²,
El cuadro era éste.
Y este era el marco.
Ella está en la cama,
                                          está acostada.
Él sentado,
                       y sobre la mesa el teléfono.
"Él y Ella",
                     esta es mi balada.
No soy muy novedoso.
Lo terrible es,
                             que "él",
                                             soy yo,
y "ella",
               es mía.
¿Qué tiene que ver la cárcel?
                                                        Es Navidad.
Están de fiesta, están de jarana.
Pero la ventanita de mi cuarto,
tiene rejas.
Eso no importa,
                                 yo les digo,
                                                        es una cárcel.
Tengo una mesa,
                                   sobre la mesa una pajita.
Los cables,
transmiten un
número.
Toqué apenas el tubo del teléfono,
y se me cayó el tubo de las manos.
Es de origen fabril,
dos agujas brillantes,
iluminan el teléfono.
Desde el cuarto vecino,
                                                se oye la voz dormida:
-¿Quién es?
                        ¿De dónde llaman?
El timbre arde de tanto chillar,
está candente el aparato,
                                                    y grita:
-¡Está enferma!
                                ¡Está acostada!
¡Corre!
               ¡Rápido!
                                 ¡Es hora!

¹ Calle donde vivió el poeta.
² Idem.

* * * * *

Amor 3.

Tal vez,
                quizá,
                             alguna vez,
por el camino de una alameda del zoológico,
entrará también ella.
Ella,
           ella también amaba a los animales,
y sonriendo llegará,
                                          así como está,
                                                                       en la foto de la mesa.
Ella es tan hermosa,
a ella con seguridad la resucitarán.
Vuestro siglo XXX
                                     vencerá,
al corazón destrozado por las pequeñeces.
Ahora,
               trataremos de terminar,
todo lo que no hemos podido amar en la vida,
en innumerables noches estrelladas.

¡Resucitádme,
                              aunque más no sea,
                                                                      porque soy poeta,
y esperaba el futuro,
luchando contra las mezquindades de la vida cotidiana!
¡Resucitádme,
                            aunque más no sea por eso!
¡Resucitádme!
                              Quiero acabar de vivir lo mío,
                                                                                            mi vida
para que no exista un amor sirviente,
ni matrimonios, sucios,
                                                concuspiscentes,
Maldiciendo la cama,
                                            dejando el sofá,
alzaré por el mundo,
                                          un amor universal.
Para que un día,
                                 que el dolor degrada,
cambie,
y no implorar más,
                                       mendigando,
y al primer llamado de:
                                                ¡Camarada!
se dé vuelta toda la tierra.
Para no vivir,
sacrificándose por una casa, por un agujero.
Para que la familia,
                                       desde hoy,
                                                              cambie,
el padre,
                 sea por lo menos el Universo,
y la madre
                      sea por lo menos la Tierra.

Poemas de 1912 a 1917 (Versiones de Lila Guerrero). Vladimir Maïacovsky (1893-1930)

(Versiones de Lila Guerrero)

¡A Lilita!

En vez de una carta.

En vez de una carta.
El humo del cigarrillo consumía el aire,
El cuarto parecía un capítulo
del "Infierno" de Kruchoni¹.
¿Recuerdas,
detrás de esta ventana,
por primera vez,
acaricié tus manos extasiado?
Hoy, sentado estoy,
y tengo el corazón aprisionado.
Pasarán los días,
y tal vez,
me echarás, insultándome.
Ya no entraré en el oscuro pasillo de tu casa,
con las manos temblando.
Saldré por fin,
y arrojaré mi cuerpo a la calle,
salvaje,
enloquecido,
desgarrándome desesperado.
No hace falta eso, querida,
mi buena amiga,
mejor despidámonos ahora.
Igual mi amor,
será una cadena que colgará siempre de ti, adonde vayas.
Déjame llorar en un último grito,
la amargura de mis quejas ofendidas.
Si a un buey lo matan de trabajo,
se echará a descansar sobre la hierba fresca.
Para mí,
más que tu amor, no me consuela nada.
Y tu amor ni con el llanto me otorga algún descanso.
Si el elefante busca reposo
se acostará solemne sobre la arena ardiente.
Para mí,
No hay otro sol más que tu amor,
aunque no sepa dónde estás, ni con quién.
Si así viviese atormentado el poeta,
cambiaría el dinero y la gloria por su amada,
mas para mí,
no hay sonido más alegre,
que el sonido de tu nombre amado.
Y no me arrojaré al abismo,
y no tomaré veneno,
y no podré apretar el gatillo en las sienes.
Para mí,
tu mirada,
tiene más fuerza y poder,
que el filo de cualquier navaja.
Mañana olvidarás,
que yo te he coronado,
que el alma florecida la he consumido de amor.
Días de trajín barrearán el carnaval desordenado,
y las cuartillas de mis versos se perderán.
..
Acaso alguna vez mis páginas, cual hojas secas
te obligarán a detenerte,
a respirar con avidez.
Déjame,
aunque más no sea,
alfombrar con mi última amargura,
tu paso que se aleja.

¹Poeta imaginista contemporáneo de Mayacovski

* * * * *

A mí, al autor, dedico estos versos.

Cuatro,
pesadas como un golpe.
Al César lo que es del César,
y a Dios lo que es de Dios,
y al que es como yo,
¿dónde se mete?
¿Dónde estará listo ese ataúd?
Si yo fuera pequeño,
como el océano grande,
parado de puntas,
en las crestas de las olas,
en flujo nocturno,
acariciaría la luna,
¿Dónde hallar una amada
que a mi se parezca?
Esa no cabe en este cielo pequeño.
¡Oh, si yo fuera mísero,
como un millonario!
¿Qué es para el alma el dinero?
¡Un ladrón insaciable!
A mis deseos de horda desenfrenada,
no alcanza el oro de todas las Californias.
Si yo fuera tartamudo,
como Dante o Petrarca,
le encendería sólo a ella el alma,
y ordenaría que con mis versos se consuma,
y mi palabra,
y mi amor,
como un arco de triunfo,
suntuoso,
dejaría pasar,
las amantes de todos los siglos.
¡Oh, si yo fuera como el trueno callado,
galopando,
haría estremecer la tierra envejecida!
         ¡Sí!

Con todo el poder de mi voz,
arrancaré un grito enorme,
y los cometas romperán sus colas encendidas,
cayendo de tristeza.
Yo mordería la noche,
con los rayos de mis ojos,
¡Oh, si yo fuera,
opaco como el sol,
mucha falta me hace su resplandor,
no daría mi brillo a esta tierra absurda,
y pasaría arrastrando mi amor astro!
¿En qué noche,
delirante y terrible,
me han parido?
¿Qué Goliath me ha engendrado,
tan grande,
y tan desdeñado?

Escrito en 1916 y publicado en 1918 en el almanaque de poesías
"El salón primaveral de los poetas".

* * *

Barato se liquida.

A ti, mujer,
a quien enredo en conmovedora aventura,
o a ti, transeúnte, a quien miro simplemente.
Todos pasan temerosos apretando los bolsillos.
¡Ridículos!
¡A los pobres,
qué pueden robarles!
Pasarán los años
lo sabrán ustedes,
tal vez, yo,
candidato a dos metros de la morgue municipal,
soy infinitamente más rico,
que cualquier Pierpont Morgan.
Al cabo de tantos y tantos años,
ya no viviré,
moriré de hambre,
o un tiro me pegaré
a mí,
al de fuego,
me estudiarán los profesores,
hasta los puntos y las comas,
y hablarán de dónde y cómo,
y cuándo vivió y nació...
Y desde la cátedra,
un idiota de frente saliente,
recordará a Dios o al demonio.
Se inclinará la muchedumbre,
adorándome inquieta,
y no me reconocerán.
Yo no soy yo.
Dibujarán una cabeza,
con cuerpo o con aureola,
y todas las estudiantes,
antes de dormirse,
soñarán acostadas sobre mis versos.
Soy pesimista -dicen-
¡Ya lo sé!
¡Siempre habrá aprendices en la tierra!
Pero al fin,
escuchádme:
todo lo que posee mi alma,
todo,
¿a ver quién se atreve a medir esta hondura?
Toda la maravilla,
que en la eternidad adornará mi paso,
y aún mi propia inmortalidad,
que tronando por todos los siglos,
juntará a mis admiradores de rodillas,
en el mundo y siempre,
¿todo eso quieren?
lo doy enseguida,
por una sola palabra,
cariñosa,
humana.
¡Gente!
¡Venid, levantando polvo por las avenidas,
aplastando cuerpos, pisando rostros!
Venid de toda la tierra.
hoy,
en San Petersburgo,
en la calle Nadiézda¹
por menos de un kopek²
se liquida una valiosísima corona,
por una palabra humana.
¿Barato, verdad?
¡Anda,
prueba encontrarla!

¹Calle donde vivió Mayakovski
² Moneda rusa que equivalía a un céntimo

Publicado en la revista "El Nuevo Satiricón" en 1916

* * *

El violín y algo nervioso.

El violín se estremecía, imploraba,
y sollozó de súbito,
tan infantil
que el tambor no se contuvo;
-¡Bien, bien, bien!
Y cansado, sin escucharlo hasta el fin
desapareció por la agitada calle Kusnieski¹
La orquesta escuchaba indiferente,
el llanto del violín,
sin palabras, ni compases,
sólo un plato tonto repicó:
-"¿Qué es eso?
-¿Cómo es eso?"
Cuando el Xilofón,
con el rostro de bronce
sudado,
gritó:
-"¡Tonta!
¡Llorona!
¿Por qué no te callas?".

Me levanté!
Tambaleando pasé entre las notas
ante el agachado horror de los pupitres,
y grité, no sé por qué:
-"¡Dios mío!"
y me arrojé al cuello de madera.
-"¿Sabe, violín, una cosa?
Somos terriblemente parecidos.
Yo también grito,
y no sé demostrar nada.

Los músicos se reían:
-"¡Qué metejón!
Se fue con la novia de madera
¡Cómo tiene la cabeza!
Y a mí qué me importa...
Yo soy bueno.
-"¿Sabe, violín, una cosa,
Vamos a vivir juntos?
¿Eh?"

¹Calle donde vivió Mayacovski.
Publicado en la revista "El teatro y la caricatura" en 1914

* * *

¡Escuchen!

¡Escuchen!
¿Si las estrellas se encienden,
quiere decir que a alguien les hace falta,
quiere decir que alguien quiere que existan,
quiere decir que alguien escupe esas perlas?

Alguien, esforzándose,
entre nubes de polvo cotidiano,
temiendo llegar tarde,
corre hasta llegar hasta Dios,
y llora,
le besa la mano nudosa,
implora,
exige una estrella,
jura,
no soportará un cielo sin estrellas,
luego anda inquieto,
pero tranquilo en apariencia,
le dice a alguien:
"¿Ahora estás mejor, verdad?
¿Dime, tienes miedo?"
¡Escuchen!
¿Si las estrellas se encienden,
quiere decir que a alguien les hace falta,
quiere decir que son necesarias,
quiere decir que es indispensable,
que todas las noches,
sobre cada techo,
se encienda aunque más no sea una estrella?

Publicado en "La revista de los futuristas" en 1913.

* * *

Himno al crítico.

De la pasión de un cochero
                  y una lavandera charlatana,
nació un hijo mediocre.
El niño no es una basura, no se puede arrojar al tacho.
La madre lloró y lo llamó Crítico.

El padre recordando sus antecesores,
gustaba discutir los derechos de maternidad.
Tenía educación de salón, de sociedad.
El chico debía inclinarse de pura humildad.

Como charla el sereno con la cocinera,
charlaba la madre y lavaba calzones.
De la madre heredó el chiquillo el olor,
y la capacidad de meterse fácil y con jabón.

Cuando creció alto como un bastón,
y las pecas salpicaron su rostro,
con un golpe elegante y feroz,
lo echaron a la calle, para que se haga hombre.
¿Acaso le hace falta mucho al hombre? Un montón.

Unos pantalones largos y un bocado de pan,
con su nariz como moneda de cobre,
desde sus primeros años le tomó al dinero el olor agradable.

A no sé qué propietario, de no sé qué estancia,
fue a golpearle la puerta con delicadeza,
y muy pronto, el Crítico de la famosa estancia,
ordeñó palabras, pan y una corbata de gran prestancia.

Fácil es ahora andar por el mundo vestido y calzado.
A los jóvenes buscadores de juegos exquisitos,
dá gusto, aunque sea con unos párrafos,
morderlos con los dientes, y los carrillos ardientes.
Pero si se cuela en la red del diario,
alguna palabra sobre la grandeza de Pushkin o Dante
parece que en el diario se descompone,
un enorme lacayo repugnante.
Y cuando, por último, en un aniversario,
se frotan los ojos entre espirales de incienso,
su nombre aparecerá el primero, barnizado,
y brillando en una tabaquera flamante.

Publicado en el año 1915,  junto con la serie de
a la Salud, al Almuerzo.

* * *

La blusa fatua.

Yo me haré pantalones negros,
del terciopelo de mi voz,
y una blusa amarilla,
de tres metros de atardecer,
y pasaré por la mundial avenida Nievski¹
por sus lustrosas veredas,
compadreando con paso fatuo de Don Juan.

Dejen que la tierra gima en descanso amujerado.
"¡Tú las primaveras verdes las vas a violar!"
Yo le diré al sol, mostrando los dientes:
-¡Sobre el asfalto liso, me gusta compadrear!

Será porque el cielo está muy celeste,
y la tierra, mi amante, está limpia y de fiesta,
yo les regalo mis versos alegres, como un bi-ba-bó,
necesarios y agudos como cepillo de dientes.

Mujeres amantes de mi carne,
y esa niña que fraternalmente me mira.
Cubridlo de sonrisas al poeta,
que yo las bordaré, cual flores,
en mi blusa,
amarilla,
de fatuo.

Escrito en 1913, publicado por primera vez en la revista de 
"Futuristas Rusos" en 1914.
El origen de esa blusa según el propio poeta, es el siguiente:
"cierta vez a falta de corbata, me puse una cinta amarilla y
tuve mucho éxito. Entonces decidí hacerme una camisa del
color de la corbata: el éxito fue escandaloso.
es el siguiente: "cierta vez a falta de corbata, me puse una cinta
amarilla y tuve mucho éxito. Entonces decidi hacerme una camisa
del color de la corbata: el éxito fue escandaloso".

¹Avenida principal de San Petersburgo.