miércoles, 30 de noviembre de 2016

Maniquí. Ana María Ardón.

Ostentosa bella glacial te exhiben
en los aparadores de las tiendas
tu mirada perdida en el vacío
tu cuerpo escultural

Tus tejidos firmes
la ropa muy cuidada
la sonrisa cuajada
siempre vas a la moda

Permaneces anclada
desvalida
te untan color en las mejillas
en los labios un poco de carmín

Cuando los especialistas
dictaminan
y desgarran tus vestiduras
los ves
indiferente

Ves pasar
los últimos días
de tu vida
en un triste rincón
de la basura.

Cazador de fortuna. Ana María Ardón.

Dormida está tu bestia
aburrida tu vida
amodorrado tu ángel

Apagada tu risa
tu deseo atontado
indiferente

Escaso de pulsiones
se te pasa la vida

A ratos te preguntas con dejo de nostalgia
dónde se fue tu juventud
y una vocecita chillona
en tu interior responde:
"ascendiendo"
"ascendiendo"

No hay duda eres insensible
está hueco
vacío
me das hueva.

Tan sólo somos las mujeres. Ana María Ardón.

Tan sólo somos las mujeres;
Santas madres vírgenes
dulces comprensivas,
viscerales emocionales
brujas neuróticas histéricas
sensibileras ingenuas liberales
o putas.

Según el diccionario
de la Real Academia
de los Machos.

Pero, de humanidad
¿Qué saben los castrados?

Hay días. Ana María Ardón.

Hay días
que no soporto el mundo.

Y me dan ganas
de bajarme
de una vez por todas
del columpio.

Que el cansancio
me come
y la gente
me pudre el horizonte.

Hay días
en que pienso
si no sería bueno
estallar
reventar
de una maldita vez
eternamente.

Caza. Ana María Ardón.

Me gusta verte desde lejos
acecharte discretamente
provocarte
Reinventar cada encuentro
adivinarte

Sigilosa encenderte
disfrutar el placer
de enamorarte

y como leona
echada
verte llegar
a mí
muy lentamente

No te amo. Ana María Ardón.

A la ligera
aunque te diera
mi cuerpo de inmediato

Tampoco en las mañanas
(soy noctámbula)

Te amo
impregnada
total
de cigarrillos

Cicatrizada
en este duelo íntimo

Con rabia
por ocupar
un diminuto espacio
dentro
de ese miserable corazón
que posees.

Follaje interno (XX). Ana María Ardón.

Se alimentan las víboras
con lengua puntiaguda.
Deshaciendo,
rumiando odios estériles
que engendran nuevos odios.

Envenenando la penumbra de los días;
retrasando aún más, nuestra miseria.
Esculpiendo un futuro retorcido,
condenando, acechando,
haciendo del descrédito y la envidia,
su profesión y su filosofía.

Cana. Ana María Ardón.

Plateada solitaria tenaz
emerges por sorpresa
como estrella fugaz
en medio de la noche
intransigente y obcecada
remembrando las horas derramadas

Sedosa
hebra
invicta
primeriza
profética

De nada serviría revelarme
arrancarte con un tijeretazo
ocultarte dentro de mi pelambre

Estás allí altiva amenazante
deslizándote por mis sienes
victoriosa

Te observo
no tengo más alternativa
que peinarte.