miércoles, 16 de noviembre de 2016

El niño. B.

Hay ocasiones en que distinguir un simple sueño de la realidad no es tan sencillo. Para mí eso nunca ha sido problema ya que soy sumamente racional y la mayoría de las cosas que me ocurrían eran atribuidas a juegos sucios de mi gran imaginación o a un simple sueño. Hace como un año atrás yo me encontraba navegando en la red a altas horas de la madrugada como la mayoría de los adolecentes lo hacen en una noche de verano en la que no salen. Simplemente me quedé dormida como a las 2:15 am, aunque la hora exacta no la recuerdo. No recuerdo haber soñado con nada esa noche, fue simplemente una noche de sueño tranquila. Tan tranquila como se puede pasar una noche en mi casa ya que muchas veces siento ansiedad o intranquilidad estando en ella. El punto es que estaba lo suficientemente tranquila como para dormir sin nada de miedo y sin pensar en cosas negativas. A mi entender mi mente no tenía motivos para gastarme bromas.

Desperté poco después de las cinco de la madrugada porque mi madre entró a mi cuarto a usar mi perfume. De inmediato volví a quedar dormida ya que para mí no es impedimento dormir aunque sepa que hay alguien en mi cuarto, aparte de que ya sabía que mi madre pronto se iba ir a trabajar e iba a poder estar tranquila en la casa. Para mí no había pasado casi tiempo desde que me volví a quedar dormida hasta que me desperté. Desperté pensando que mi madre había entrado una vez más a coger algo de mi habitación pero cuando abrí los ojos me llevé una sorpresa al ver que quien estaba en mi cuarto era una niño de aproximadamente 7 años. El niño estaba parado frente al umbral de mi puerta inmóvil, observándome de manera extraña.

En ese instante llegaron muchas preguntas a mi mente, ¿cómo ese niño entro?, ¿qué madre irresponsable había perdido a su niño, mi madre había dejado la puerta abierta? Pensé en muchas cosas y en cuanto reaccioné iba a pararme a preguntarle al niño qué hacia dentro de mi casa y cómo se llamaba pero noté que estaba inmóvil. Volví a intentar moverme pero no lo conseguí, mi cuerpo seguía paralizado, era como si los comandos que mi cerebro mandaran no fueran a mi cuerpo. Comencé a desesperarme e intenté hablar y de inmediato noté que tampoco lo podía hacer. Mi respiración era profunda e irregular, los latidos de mi corazón eran tan fuertes que el pecho me dolía. Me sentí desconcertada por no saber qué le estaba pasando a mi cuerpo y de pronto el niño empieza a caminar hacia mí. Cada vez que el niño caminaba me sentía peor, mas tensa, con más miedo, su presencia me estaba incomodando cada vez más. El niño se paró frente a mi cama, viéndome inmóvil y permaneciendo en un absoluto silencio. Empecé a sentir pánico y miré al niño al rostro para saber si lo podía reconocer y no lo hice pero lo que logré observar me dejó helada. Un escalofrió recorrió mi cuerpo y parecía que no lo quería abandonar.

Sus ojos, esos ojos no eran de una persona, eran ojos de serpiente. Su mirada no solo era sobrenatural si no que también tenía maldad. De pronto respirar se me hizo más difícil, sé que era por el inmenso miedo que sentía. El niño no dijo ni una sola palabra pero de pronto extendió su mano hacia mi como si quisiera que yo le agarrara su mano. Cuando por fin logré moverme lo primero que hice fue cerrar los ojos y en cuestión de un parpadeo el niño no estaba. Había desaparecido como si solo hubiese sido un extraño sueno. Pero yo estaba totalmente segura que ya estaba despierta cuando vi a esa cosa que no estoy segura de poder llamar niño. Comprobé la hora en el reloj y noté que eran más de las nueve de la mañana, algo raro ya que mi reloj biológico me despierta automáticamente a las ocho. Otra razón por la que estoy segura que ya estaba despierta.

Una parálisis de sueño no causa alucinaciones, por eso no logro comprender lo que me pasó. Tomando en cuanta que he pasado por una cantidad de experiencias que la ciencia no puede explicar, solo me queda pensar que lo que vi en mi habitación esa mañana era un demonio.