lunes, 21 de agosto de 2017

Samuel y los Invictus. S.

Noviembre 27/ 03:47 AM
Pent-house del Hotel Oro Verde

Una noche durante una reunión con varios Invictus, Samuel observaba callado la conversación, algo que él rara vez hacia. Los escuchó hablar de dinero, mucho dinero y negocios, y sobre quién haría qué parte en el trato. Mientras, el joven vampiro observaba la noche desde lo alto del edificio, apreciando la vida nocturna meditaba sobre su existencia, – así serán todas mis noches para toda la eternidad, beber sangre y hacer dinero; y pronto se dio cuenta que quería algo más de su inmortalidad, era como si el frío de la noche que no podía sentir por el vidrio de la ventana, le dijese que debía haber algo más.

Samuel jugaba con su anillo mientras escuchaba a Augusto hablar de los mortales como si estos fueran simples cucarachas, que podía pisotear cada vez que deseaba algo. No había duda en la mente de Samuel, “el inversionista” debió ser un caprichoso humano de cuna de oro. Las noches con los Invictus siempre tendrán el mismo propósito, obtener más poder y dinero, algo que Samuel podía conseguir sin ser un miembro de esa secta.

De repente Arnavisca, el vampiro más extraño de los Invictus, mencionó un nombre que llamó la atención de Samuel, “el erudito Mateo”. El vampiro de extraño acento le dijo a Augusto “el inversionista”, que involucrar a la Ordo Dracul en sus planes podría traer dificultades. Mientras hablaba sobre ello, Arnavisca lanzó una mirada a Samuel, pues había encendido un cigarrillo. La expresión del extraño Invictus confirmó los comentarios que había escuchado sobre su vida mortal, tenía la mirada de un soldado.

Sólo por esta ocasión, pensó Samuel mientras apagaba el cigarrillo.

domingo, 20 de agosto de 2017

Siempre tú.

Miles de lunas pasaron después de este adiós
Miles de noches en las que quise encontrar mil respuestas
Tú sabías que alguna vez dejé en tus manos mi corazón
Para que supieras que todo era posible, y que en la noche brillaba el sol...

Miles de palabras vanas se perdieron en un estúpido te amo
Porque esperaba que te quedases, nunca creí en tu ausencia
Tú sabías que el arcoiris se encontraba lejos de este mundo
Pero tenías miedo de buscarlo, porque sabías que afuera todo estaba oscuro...

Alguna vez, alguna sombra, ocupó el lugar que dejaste vacío
Porque mi alma encontró rastros de ti, en otras almas lejanas
Así escapé de tu sombra, con destino incierto a la soledad
Porque era mejor estar lejos, que jamás poder regresar...

Dios me contó que alguna vez regresaste con el viento
Que buscabas cosas que estaban enterradas en el recuerdo
Miles de luces y miles de lunas pasaron ante tus ojos de tierra
Miles de barcos pasaron después de ti, por los mares de arena...

Ahora ambos estamos en la prisión del amargo silencio
Después de tantas vidas que se escaparon a través de los años
Porque tú sabías que al final nada se pierde en la eternidad
Sólo las palabras de amor que nunca te atreviste a pronunciar...




Siempre tú.
La Danse Macabre.

Todos los derechos reservados.

©2004

Senda de miedo.

Las noches se volvieron un mal sueño y miles de pesadillas
Por la senda del miedo cayeron más de mil lágrimas
Así abrazaste fuerte una fotografía, y la guardaste en tu alma
Porque sabías que la noche nunca termina, y que nunca llega la mañana...

Tus manos de niña acariciaron el acero de la navaja del olvido
Porque preferías el olvido, a ser una víctima más del dolor
Y arrojaste tu anillo, hacia la sucia vereda de una iglesia
Para que Dios no pudiera encontrarte, y para que el mar no alcanzara a la arena...

Las luces se apagaron en el último minuto de tu vida
Mientras débiles lágrimas caían por la eterna senda del miedo
Entonces todos los sueños parecieron hacerse parte de la realidad
Aunque sabías que ya era tarde, y que nadie detendría tu viaje hacia el final...




Senda de miedo.
La Danse Macabre.

Todos los derechos reservados.

©2004

Secretos antiguos.

Porque con tus lágrimas el sol dejó de sonreír
Y el dolor se fundió en tu sangre, en lo profundo de tu ser
Tus manos volvieron a acariciar las cosas amargas de la vida
Porque tú pensabas que encontrarías una respuesta en el fondo de una herida...

Porque tu alma se fue con el mar, el viento dejó de soplar
Y tus espaldas se llenaron de sal, cuando dormiste en los mares de la luna
Yo quise detenerte de tu viaje inesperado y sin retorno
Pero perdí tu rastro en el atardecer, cuando el océano comenzó a teñirse de rojo...

Y el tiempo, que convirtió a tu amor de fuego en cenizas
Y el sonido mágico de tu voz y de tu risa, que se llenaron de soledad
Porque esperabas que el mar cruzara tu orilla intranquila
Y porque jamás pudiste entender por qué el cielo no te podía esperar...

Hoy no me pidas más, porque ya he dicho suficiente
Porque ya no me quedan más palabras para hablar de las tragedias
Y ya estoy cansado de escribir acerca del adiós que separó nuestras vidas
Porque detrás del viento se encuentran mis secretos que tú nunca entenderías...

Ahora sólo quedamos los dos, de pie sobre el silencio del mundo
Frente al fuego del pasado que Dios jamás podrá hacer arder
El tiempo volverá entre tus brazos, hacia el infinito
Buscando las partes más oscuras, y los secretos más antiguos de nuestro destino...




Secretos antiguos.
La Danse Macabre.

Todos los derechos reservados.

©2004

sábado, 19 de agosto de 2017

Camécuaro. Atenógenes Segale (1868-1903)

Salve, la alberca azul, nido de fuentes
que en medio de antiquísimos sabinos
dilata de sus aguas transparentes
la soñolencia y el color divinos.

Las raíces lamiendo con molicie
de los troncos tan altos como viejos,
extiendes tu serena superficie,
que forma aquí y allá rotos espejos.

Cien y cien escondidos manantiales
tu seno rasgan con pausado giro,
y atesoran en tu álveo sus cristales
de líquida esmeralda y de zafiro;

pero tan lentos en manar se esmeran
que la arena brillante mal revuelven
en espirales, que tu paz no alteran
y en tu seno muy pronto se disuelven.

Sólo turba tu plácido sosiego
una gota, que suele deslizarse,
en círculos concéntricos que luego
en tu eterna quietud van a borrarse.

Como naves de templos comenzados,
como bosques de cimbras y pilares
se elevan, por tus aguas retratados,
en filas los sabinos seculares.

Y enseñan en los rudos filamentos,
de sus troncos los siglos, que han vivido,
y cuelgan desceñidos a los vientos
sus mechones de musgo encanecido.

¡Cómo es encantador, cuando en la tarde
abraza al rojo sol para morirse,
ver el incendio, que a lo lejos arde,
en tu inmenso cristal reproducirse!

¡Cómo crece la hermosa perspectiva
mirada contra el sol! Forman las ramas
aquí y allá las curvas de la ojiva,
dejando penetrar vividas llamas.

Los rayos en fantástica aureola
a tus ancianos árboles circuyen,
y su luz el ramaje tornasola
de tus enebros, que su luz obstruyen.

Cuando la luna con su fuego blando
los dorsos de los árboles platea,
sus gigantescas sombras recortando
sobre tu linfa, a trechos cabrillea.

Claridad y tinieblas en lo hondo
alguna forma caprichosa abultan;
y con la luz cien iris en el fondo
de tus veneros límpidos resultan,

que al remover la arena en borbollones,
debajo de tus aguas cristalinas,
hacen pensar en tales ocasiones
en el mito de Náyades y Ondinas.

Arropada en translúcidos vapores
viene a verte la luz de la mañana:
no le das ni suspiros, ni rumores,
que eres muda, mi plácida fontana.

Tú no sabes parlar, cual si vivieras
en un eterno amor embebecida
o como si por siempre padecieras
la tristeza más honda de la vida.